Boletín N° 18: 31 de julio de 1997

El Éxodo (continuación): “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”

Tomé la foto del altar, la escaneé a la mayor resolución posible, amplié la esquina superior derecha y la imprimí. A pesar de lo pixelada que se veía la foto por la ampliación, podían distinguirse ciertos detalles. Cuando Ron llegó, se la mostré y le pregunté si había visto algo así anteriormente. Él se quedó mirándola por un momento, y noté que entendió inmediatamente lo que yo estaba pensando, lo cual procederé a explicar a continuación.

Me refería a las piedras en forma de “U” ubicadas al final del corral. El único lugar donde habíamos visto algo parecido a estas piedras talladas a mano era en el Arca de Noé, en la antigua casa donde pensamos que vivieron Noé y su familia. Alrededor de la casa están los restos de varias cercas dentro de las cuales pensamos que Noé cuidó la preciosa carga que venía en el arca: los animales. Justo debajo de la casa hay un “complejo” que contiene una gran cantidad de construcciones de piedra, y en particular una piedra labrada muy parecida a la de la derecha junto al altar del Monte Sinaí.

Cuando visitamos la casa de Noé y el altar con Mary y Renetta Wilson en 1990, vimos otra de estas piedras con forma de “U” justo al lado del altar gigante. Esta acababa de ser descubierta por unos de los habitantes del pueblo que está al lado de la carretera, y según dicen, estaba enterrada. Pero, ¿para qué servían estas extrañas piedras?

Antes de dar nuestra opinión al respecto, permítanme mencionar algo. Después del diluvio, cuando la faz de la tierra fue completamente destruida, Dios le dio permiso a Noé para comer la carne de los animales puros, pero hizo una aclaratoria importante:

“Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Gén. 9: 4).

Esto quiere decir que tanto Noé como el pueblo de Dios debían escurrir toda la sangre del animal antes de comerla. Pensamos que esta particular piedra tallada en forma de “U” formaba parte del “complejo” donde los animales que se iban a usar como alimento eran sacrificados. Es probable que sus cabezas eran colocadas en esta “U” para ser degolladas. Cierta parte de este proceso era horrible pero es necesario mencionarla. El cuello del animal debía ser cortado mientras este estaba vivo, para que el corazón continuara bombeando. Con el corazón detenido el animal no sangraría lo suficiente como para drenar toda la sangre de su cuerpo.

La piedra con forma de “U” en la casa de Noé tiene un agujero en la roca que está debajo de esta, la cual se extiende hacia abajo. Yo prefiero pensar que ellos dejaban primero inconsciente al animal y después colocaban su cabeza en la “U” para degollarlo. La mayoría de la sangre salía de la vena yugular y caía por el agujero en la roca de abajo y después por otro agujero más pequeño que caía sobre un “contenedor” en el suelo. O tal vez simplemente colocaban al animal despierto en la “U” y lo degollaban.

Esto se hacía con los animales que servirían de alimento; pero, ¿qué de los animales que se utilizaban para los sacrificios? Como mencioné anteriormente, hallamos una piedra similar debajo del altar detrás de la casa de Noé, al pie de la montaña. Es improbable que los animales que se utilizaban para comer los hayan tenido que llevar tan lejos de la casa, mucho menos en una subida como este sitio donde está el altar. No hay registro en la Biblia que mencione que antes de que Dios instaurara el “sistema de sacrificios” de la Ley Mosaica ellos se comieran los sacrificios, con excepción del “cordero de Pascua” en Egipto. Por lo tanto, la presencia de esta piedra con forma de “U” cerca del altar da a entender que ellos drenaban la sangre de los animales sacrificados, o por lo menos de algunos.

También alrededor del altar hay varios “corrales” hechos con grandes piedras en los que habrían cabido tres o cuatro ovejas o becerros. Junto a estos “corrales” hay dos rocas muy grandes que contienen agujeros tallados que permitirían que cualquier oveja o becerro pudiese ser transportado hasta el tope de las mismas. La parte de arriba de estas rocas tiene una área plana y un poco inclinada donde pueden verse canales que se extienden hacia los lados. Es obvio que estaban diseñadas de esta manera para drenar la sangre del animal. El diseño también permitía que la sangre fuese recolectada en un contenedor para que el patriarca (quien era el “sacerdote” familiar) pudiese rociar después la sangre o derramarla sobre el suelo junto al altar, como comenzó a hacerse más adelante.

En resumen, la foto muestra que las rocas talladas junto al altar en el Sinaí son idénticas a las dos piedras talladas en la casa de Noé. Al agrandar la imagen para asegurarme de lo que estaba viendo, quedé aún más convencida. Más adelante leí que en la época en que se ofrecían los sacrificios en el altar de Moisés, después que Dios le dio los Diez Mandamientos, se drenaba y se recogía la sangre de la víctima. Éxodo dice:

“Luego envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en tazones y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Después tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: ‘Obedeceremos y haremos todas las cosas que Jehová ha dicho’. Entonces Moisés tomó la sangre, la roció sobre el pueblo y dijo: ‘Esta es la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas’” (Éxo. 24: 5).

Las “piedras sangrientas”, como las llamaré de ahora en adelante, estaban ubicadas al final del “corral” en el altar del Monte Sinaí. Después que Ron y yo analizamos cuidadosamente el asunto, concluimos los siguiente (aunque esta es solo nuestra teoría):  

1- Cuando un joven se acercaban al altar para ofrecer un animal en sacrificio, se acostaba al animal en la “piedra sangrienta”, se golpeaba para dejarlo inconsciente, se degollaba y se dejaba allí para que se desangrara. A medida que la sangre se vertía, esta era recogida en los tazones de los que se habla en el texto.

2- La persona que hacía la ofrenda tomaba el cuerpo sin vida y entraba al “corral”.

3- De uno en uno presentaba el sacrificio a Aarón y Moisés, quienes administraban el sacrificio en el altar dependiendo de sobre quién recaería la “ofrenda de paz” o el “holocausto”

4- Después que la persona presentaba a su animal, se daba la vuelta y caminaba hacia la otra puerta ubicada en el corredor al otro lado de la pared divisoria.

5- Por allí abandonaba el complejo del altar.

Como detalle final está el hecho de que habría sido muy difícil que un hombre cargara un becerro ya crecido e incluso una oveja grande. Los corderos que se ofrecían en sacrificio debían tener “un año” (Éxo 12: 5, 29: 38, Lev 9: 3); y el becerro debía ser “joven” (Éxo 29: 1, Lev 4: 3, 4: 14, 16: 3). Menciono esto por si alguien no está familiarizado con el hecho de que solo se ofrecían animales jóvenes que podían cargarse fácilmente después de haber sido degollados. 

Las columnas de mármol cerca del altar

{mosimage}Cuando Ron visitó la montaña por primera vez en 1984, justo antes de ser arrestado, vio varios trozos de mármol blanco que brillaban bajo el sol. Cuando regreso como invitado de Samran Al Moteri en 1985 vio que se trataba de los restos de un “santuario” que alguna vez estuvo cerca del altar. En el lugar habían al menos diez trozos de varias columnas redondas de casi 23 pulgadas (58 cm.) de diámetro. Estas variaban en su altura, de 8 a 26 pulgadas (20 a 66 cm.) (ver fotos abajo). Además, había numerosas piedras de mármol rectangulares de 8 1/4 por 16 pulgadas (20 a 40 cm.) y de 10 a 26 pulgadas (25 a 66 cm.). Estas piezas fueron encontradas alrededor del altar, mientras que otras estaban esparcidas a una mayor distancia, pero estas últimas no fueron incluidas en el conteo que se hizo.

{mosimage}Ron encontró una sección de mármol intacta con una inscripción en hebreo arcaico pero procedió a enterrarla inmediatamente. Estaba consciente de que no le sería permitido retirarla del lugar, y tenía miedo de que los sauditas la vieran y la destruyeran. Hasta donde sabemos, esta pieza permanece enterrada y es muy poco probable que pueda recuperarla. Ron cree que este “santuario” fue erigido por el rey Salomón en la misma época en que colocó las columnas a cada lado del lugar del cruce de los israelitas en el golfo de Aqaba. Los beduinos que trabajaron con él dijeron que este el “templo” (santuario) de mármol había sido desmantelado años atrás y que el mármol se usó en la construcción de una mezquita en Hagl (el pueblo donde Ron fue hecho prisionero en 1984). También mencionaron algo sobre “Suleiman” (El turco “Solimán el magnífico” del siglo XVI), pero Ron piensa que realmente se estaban refiriendo a “Salomón”.

“Doce columnas al pie del monte, una por cada tribu de Israel”

“Entonces Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar y doce columnas al pie del monte, una por cada tribu de Israel” (Éxo. 24:4).

En los tiempos antiguos se erigían piedras para conmemorar contratos o pactos. El primer ejemplo bíblico ocurrió al día siguiente que Jacob vio “una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo”:

“Y tuvo un sueño: Vio una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo. Ángeles de Dios subían y descendían por ella. Jehová estaba en lo alto de ella y dijo: ‘Yo soy Jehová, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente, pues yo estoy contigo, te guardaré dondequiera que vayas y volveré a traerte a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho’. Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: ‘Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía’. Entonces tuvo miedo y exclamó: ‘¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo’. Se levantó Jacob de mañana, y tomando la piedra que había puesto de cabecera, la alzó por señal y derramó aceite encima de ella. Y a aquel lugar le puso por nombre Bet-el, aunque Luz era el nombre anterior de la ciudad. Allí hizo voto Jacob, diciendo: ‘Si va Dios conmigo y me guarda en este viaje en que estoy, si me da pan para comer y vestido para vestir y si vuelvo en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me des, el diezmo apartaré para ti’” (Gén. 28: 12-22).

Cuando los hijos de Israel acordaron con Dios que serían su pueblo y se comprometieron guardar su Ley después que este les entregó los Diez Mandamientos, básicamente se trataba de un pacto:

“Moisés fue y le contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes. Y todo el pueblo respondió a una voz: ‘Cumpliremos todas las palabras que Jehová ha dicho’” (Éxo. 24: 3).

El pueblo había hecho un pacto colectivo con Dios. La mañana siguiente, Moisés construyó el altar y erigió los pilares como recordatorio de este pacto. Se erigieron doce de ellos para representar que este pacto se estableció con las doce tribus de Israel.

Si contemplamos desde la planicie que se eleva por encima del área del altar, podremos ver a unas 200 yardas hacia la izquierda (180 m.) varias piedras enormes dispuestas en hilera. Pensamos que estos son los restos de estos doce pilares. Aunque en esta área repleta de rocas es difícil ser precisos, podemos apreciar al menos cuatro en su posición original (una está caída), mientras que 7 u 8 del mismo tamaño están esparcidas por todo el “precinto sagrado”. Es lógico que después de tantos años algunas de estás columnas se hayan resquebrajado, entre muchos factores por la actividad sísmica. Estas “rocas” tienen un tamaño de 20 a 30 pies (6 a 9 m.) por su parte más ancha.

El arroyo que descendía del monte”

“Luego tomé el objeto de vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, lo quemé en el fuego y lo desmenucé, moliéndolo muy bien, hasta que quedó reducido a polvo, y eché aquel polvo en el arroyo que descendía del monte” (Deu. 9: 21)

La Biblia da bastante información de cuando Moisés golpeó la roca y salió agua en Refidim y Cades-Barnea, pero esta es la única referencia que da sobre un arroyo que salía del Monte Sinaí, donde no se menciona que haya golpeado alguna roca. Actualmente no hay ningún arroyo en la región, mucho menos en esta área. De hecho, Arabia Saudita no tiene ríos. Sin embargo, hay suficiente evidencia en Jebel el Lawz, no solo de un arroyo que bajaba de la montaña, sino de un elaborado sistema de suministro de agua que incluía un lago y varios pozos.

Anteriormente mencioné que en un determinado momento Ron pensó que las columnas de doble revestimiento (dos “paredes”) que encontraron en 1985 eran los “límites” establecidos por Moisés. Sin embargo, él cuestionó esta identificación porque lucían como pozos. Cuando tuvimos acceso a nuevas fotos y videos del lugar pudimos darnos cuenta de que ciertamente se trataban de pozos.

La gran multitud había salido de Egipto, que era un país muy dependiente de su habilidad de distribuir el agua en reservorios y canales. Sería lógico pensar que los israelitas trataron de utilizar la misma tecnología en el lugar que sería su hogar durante casi un año. Había al menos un millón de personas (y este es un estimado conservador) acampando al pie del monte Sinaí, aunque el número pudo haber llegado fácilmente a los dos o tres millones de personas (más o menos el tamaño de la tercera o cuarta ciudad más grande de Estados Unidos). Además, tenían rebaños y manadas que atender, por lo que necesitaban grandes cantidades de agua diariamente.

Arriba podemos ver una fotografía del “precinto sagrado” al pie del monte Sinaí. Abajo podemos ver la misma foto pero con leyendas que señalan las características presentes. Si algo no puede verse a causa de las leyendas, puede verse en la foto sin leyendas.

He coloreado de gris el área del lago y el arroyo. En el lado derecho otro arroyo corría hasta el lago, aunque no se puede apreciar en esta foto. Los puntos negros marcan la ubicación general de los pozos de piedra. Hacia la izquierda hay otra hilera de pozos, aunque su ubicación no puede verse en esta foto. Después que Ron les mostró el lugar a los sauditas y los convenció de su autenticidad, estos construyeron una garita de vigilancia y una cerca. La garita de vigilancia está señalada en la foto de abajo.

 

Muchos pozos

Al explorar el lugar con Samran y su equipo en 1985 encontraron un buen número de grandes “columnas” de piedra que sobresalían unas pocas pulgadas del suelo. Como había varias de ellas ubicadas a lo largo del lago que bordeaba el “precinto sagrado”, Ron pensó que se trataban de los “límites” que Moisés había establecido. Pero también había varios del otro lado del lago, en el lado opuesto del “precinto sagrado”; y una hilera de ellos a varios cientos de pies del lago, más allá de donde está ubicada la garita de vigilancia. Durante años Ron las estudió, hasta que nuestros amigos nos proveyeron las maravillosas fotos del complejo tomadas desde la cima. Allí el panorama se aclaró para nosotros.

La pregunta principal era, ¿para qué esforzarse tanto en hacer estas columnas huecas de pared doble, si su único propósito era servir como barrera? Una estructura sólida habría sido mucho más fácil de construir, además de ser más duradera. El hecho de que fueran huecas tenía un propósito.

Además, ¿por qué estaban enterradas? Si tantos escombros las cubrieron con el paso del tiempo, ¿por qué no pasó lo mismo con todas las estructuras y los restos antiguos en el área que lucían expuestos? La respuesta lógica es que no se trataban de columnas sino de pozos.

Ellos pudieron medir varios de ellos, y calcularon su diámetro aproximado en 18 pies (5.5 m.). También desenterraron completamente uno de ellos a la orilla del lago, y este se adentraba hasta el lecho de roca, a unos 22 pies (6.7 m.) de profundidad.

Un sistema de filtración de agua

Por el diseño, el hecho de que su profundidad alcanzara el lecho de roca, y su ubicación alrededor del lago, creemos que estos pozos servían como filtros de agua. El lecho del lago seco es rocoso y arenoso. Cuando el agua de los ríos bajaba por la montaña y corría hasta el lago o reservorio, gran parte de esa agua era absorbida por la arena en la orilla y se filtraba entre las paredes dobles de los pozos en un proceso de purificación.

Estos pozos están enterrados en terraplenes que están ubicados por todo el perímetro del lago, y sus bordes superiores no están muy por encima del nivel del lago. El agua siempre busca su nivel, así que esta subía naturalmente por los pozos.

Hay también otra hilera de pozos más allá de la garita del guardia, aunque estos no están adyacentes al lago, sino a muchos metros de este. Al estar ubicados tan lejos del lago no pudieron llenarse de agua naturalmente. Esto sugiere que se empleó un sistema para desviar parte del agua hasta estos pozos. Recordemos que la multitud venía de Egipto, un país tecnológicamente avanzado en el que se construían canales y se distribuía el agua. Para ellos no habría sido difícil haber creado un sencillo sistema para que el agua llegara hasta estos pozos. Creo firmemente que si pudiésemos excavar encontraríamos alguna clase de conexión subterránea entre el lago y estos pozos que están más allá de la garita. Pero esta es una simple teoría por ahora. También es posible que existan más pozos que aún no hayamos descubierto.

Después de todo, este campamento acogió a una población equivalente a la cuarta o quinta ciudad más grande de Estados Unidos. Ahora que podemos ver este elaborado sistema de pozos interconectados a un lago, encontramos el por qué. Ellos no solo necesitaban agua para ellos mismos, sino también para los muchos rebaños y manadas que tenían. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿tomaban agua los animales directamente del lago?

El agua para los animales

Desde el principio creí que los pozos habían sido construidos para filtrar el agua del lago, pues esta seguramente estaba turbia por la cantidad de animales que tomaban agua directamente de él. Pero luego Marty Plott y yo tuvimos una interesante conversación. Yo nunca viví en el campo, pero Marty sí. Él no cree posible que todos los animales hayan abrevado en el lago, pues este se habría contaminado. Los animales tenían que meter sus patas en el agua, removiendo la tierra al hacerlo. Ahora pienso igual que él. El punto es que no lo sabemos ni hay manera de saberlo. Sin embargo, hay ciertos textos bíblicos que sugieren que las manadas y el ganado tomaban su agua en los pozos:

“Vio un pozo en el campo y tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él, porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y había una gran piedra sobre la boca del pozo. Cuando se juntaban allí todos los rebaños, los pastores corrían la piedra de la boca del pozo y abrevaban las ovejas; luego volvían la piedra a su lugar sobre la boca del pozo” (Gén. 29: 2, 3).

Los ganados del suegro de Moisés eran abrevados por sus hijas, que sacaban agua de los pozos y la vertían en pilas:

“El sacerdote de Madián tenía siete hijas, que fueron a sacar agua para llenar las pilas y dar de beber a las ovejas de su padre” (Éxo. 2: 16).

Jacob abrevaba su ganado en pilas que servían de abrevaderos:

“Puso las varas que había descortezado delante del ganado, en los canales de los abrevaderos a donde venían a beber agua las ovejas, las cuales procreaban cuando venían a beber” (Gén. 30:38). 

Los límites establecidos por Moisés

Al mirar el “precinto sagrado” desde arriba, pueden verse claramente varias hileras de paredes hechas de piedra negra picada. En la foto podemos apreciar una línea oscura donde estaba ubicada la pared, que se extiende desde uno de los bordes de la montaña y termina donde el río desemboca en el lago, comenzando luego del otro lado del lago y extendiéndose hasta el lado opuesto de la montaña. Esta después se extiende desde el borde derecho de la montaña, hace un giro y bordea el área rectangular a un lado del río, adentrándose hasta la mitad del “precinto sagrado”. Del lado izquierdo la pared también bordea el río, pero no logran apreciarse por el ángulo. Mi cálculo, al compararlas con objetos de tamaño conocido en la foto, es que tienen de 8 a 12 pies (2.5 a 3.5 m.) de altura. Aunque casi toda está en escombros, una parte de ella junto al río se encuentra casi intacta, justo por encima del altar en la foto.

(photo to be added) Foto por añadirse

A lo largo del borde de la montaña hay también una pared en escombros que comienza en el lago y se extiende por todo el pie de la montaña hasta llegar a la hilera de pilares. Al parecer no había ninguna pared al pie de la montaña del lado opuesto a la garita de vigilancia, pero seguramente no hacían falta pues esa área estaba asegurada por la pared que rodeaba el lago, ya que por ese lado no había entrada hacia el “precinto sagrado”. La única entrada, hasta el sol de hoy, es por el área que está entre la montaña y el lago, cerca de la garita de vigilancia (ver la foto de abajo).

(photo to be added) Foto por añadirse

¿“Zafiro” en la cima de la montaña?

Después que Moisés construyó el altar, erigió los pilares y se comenzaron a hacer los sacrificios:

“Subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, junto con setenta de los ancianos de Israel, y vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Pero no extendió su mano contra los príncipes de los hijos de Israel: ellos vieron a Dios, comieron y bebieron” (Éxo. 24: 9-11). 

Muchas personas nos han preguntado si en la cima del Monte Sinaí hay zafiro. La respuesta es no. Todo allí es negro como el carbón. Pero fijémonos bien que la Palabra no dice que el piso era de zafiro, sino que “Debajo de sus pies había como un embaldosado de zafiro”. Es decir, que “se veía” como zafiro. Recordemos cuando Ezequiel vio la gloria de Dios en visión:

“Miré, y vi que sobre la bóveda que estaba sobre la cabeza de los querubines había como una piedra de zafiro, que tenía el aspecto de un trono que apareció sobre ellos. Habló al hombre vestido de lino, y le dijo: ‘Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, llena tus manos de carbones encendidos de entre los querubines y espárcelos sobre la ciudad’. Y entró a vista mía” (Eze. 10: 1, 2).

La meseta sobre el “precinto sagrado”

Aunque estos hombres estuvieron con Moisés en la montaña, no llegaron hasta la cima. A Moisés se le pidió que subiera más arriba para que recibiera las tablas de piedra, mientras que a los otros se les pidió que esperaran más abajo en la montaña.

“Entonces Jehová dijo a Moisés: ‘Sube a mí al monte y espera allá, y te daré tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para enseñarles’. Se levantó Moisés junto con Josué, su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. A los ancianos les dijo: Esperadnos aquí hasta que volvamos. Aarón y Hur estarán con vosotros; el que tenga algún asunto, acuda a ellos” (Éxo. 24: 12-14).

Justo detrás del altar en la montaña hay una “meseta” bastante grande. De ella salen dos “montículos” que pueden apreciarse en la foto. Tal vez “montículo” no sea la palabra adecuada, ya que ambos deben tener más de 75 pies (22 m.) de altura. La formación en “U” a la derecha de estos fue el lugar desde donde nuestros amigos pudieron observar el “precinto sagrado” y fotografiarlo.

(photo to be added) Foto por añadirse

Al mirar estos “montículos” desde el lago, frente al “precinto sagrado”, podemos observar que en el de la derecha hay dos inmensa piedras en la cima con un árbol en medio de ellas. Más abajo hay una cueva que pudo haber sido la cueva donde permaneció Elías cuando escapó de la furia de Jezabel:

“Se levantó, pues, comió y bebió. Fortalecido con aquella comida anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Llegó a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ‘¿Qué haces aquí, Elías?’” (1 Rey. 19: 8, 9).

Dios le pidió a Moisés que subiera de nuevo a la montaña, y Josué lo acompañó. Él pidió a los ancianos que lo esperaran, y les dijo que Aarón y Hur quedaban “a cargo”:

“Se levantó Moisés junto con Josué, su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. A los ancianos les dijo: ‘Esperadnos aquí hasta que volvamos. Aarón y Hur estarán con vosotros; el que tenga algún asunto, acuda a ellos’” (Éxo. 24: 13, 14).

Entonces subieron de nuevo a la montaña, probablemente hasta la meseta:

“Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí. La nube lo cubrió por seis días, y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. La apariencia de la gloria de Jehová era, a los ojos de los hijos de Israel, como un fuego abrasador en la cumbre del monte. Moisés entró en medio de la nube y subió al monte. Y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches”

En la siguiente foto podemos ver la meseta al centro y el “precinto sagrado” arriba de la “U”, junto a las dos “montículos”. “La gloria de Jehová […] en medio de la nube” se posó sobre la cima de la montaña, carbonizándola completamente. Nuestros amigos estaban en el pico ennegrecido cuando tomaron esta foto. El pico ennegrecido más alto se levanta a la derecha de donde están ellos.

(photo to be added) Foto por añadirse

Mientras Josué esperaba a Moisés en la meseta, Dios le dio a Moisés instrucciones para que le construyera un santuario:

“Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, así haréis el diseño del Tabernáculo y el diseño de todos sus utensilios” (Éxo. 25: 8, 9).

“O a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dos tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios” (Éxo. 31: 18).

El altar del becerro de oro

Pero entonces, para sorpresa de Moisés, Dios se airó repentinamente contra el pueblo:

“Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: ‘¡Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!’” (Éxo. 32: 7, 8).

La ira de Dios fue tanta que le dijo a Moisés que los iba a destruir para “comenzar de nuevo” con un nuevo pueblo que descendería de la familia de Moisés:

“Continuó diciendo Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es un pueblo muy terco. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; pero de ti yo haré una nación grande” (Éxo. 32: 9, 10).

Pero Moisés intercedió por el pueblo ante Dios:

“Entonces Moisés oró en presencia de Jehová, su Dios, y dijo: ¿Por qué, Jehová, se encenderá tu furor contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de decir los egipcios: ‘Para mal los sacó, para matarlos en los montes y para exterminarlos de sobre la faz de la tierra’? Vuélvete del ardor de tu ira y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo y les has dicho: ‘Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y le daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que os he hablado, y ellos la poseerán como heredad para siempre’” (Éxo. 32: 11-13).

Moisés era una representación de Cristo, un mediador que intercedía por los impíos, la raza caída, incluso cuando Dios le había ofrecido hacer de él una gran nación.

“Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo habría de hacer a su pueblo” (Éxo. 32: 14).

Así que Moisés comenzó el descenso:

“Moisés se volvió y descendió del monte, trayendo en sus manos las dos tablas del Testimonio, tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas”.

Cuando llegó a la meseta, Josué escuchó el clamor del pueblo gritando en el campamento:

Dijo a Moisés: Hay gritos de pelea en el campamento. Pero Moisés respondió: ‘No son voces de vencedores, ni alaridos de vencidos; oigo cánticos de coros. Aconteció que cuando Moisés llegó al campamento y vio el becerro y las danzas, se enfureció y arrojó de sus manos las tablas, y las quebró al pie del monte” (Éxo. 32: 17).

En la foto de abajo, podemos ver en medio de la “U” en la meseta una línea que se extiende desde una colina. En el borde izquierdo de esta línea de rocas está el “altar del becerro de oro”. Muchas de estas fotos fueron tomadas con lentes de gran aumento, mediante los cuales podemos ver las cosas relativamente cerca. El altar del becerro de oro está a unos 3 km. del altar ubicado en el “precinto sagrado”.

(photo to be added) Foto por añadirse

No creo que alguien pueda imaginarse lo mal que se sintió Moisés al ver el altar y al pueblo danzando y cantando alrededor, haciendo sacrificios a un ídolo de oro, después de haber abandonado la presencia de Dios.

“Luego tomó el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas y lo dio a beber a los hijos de Israel” (Éxo. 32: 20).

En 1985 Ron se subió a las piedras que componen este altar. Al mirarlas, aún húmedas por el rocío de la mañana que se acumulaba en una hendidura en el tope de una de las rocas más grandes, algo llamó su atención. El agua acumulada en la hendidura se veía roja, pero al detallarlas notó que no era sangre. Se trataba de oro, oro en polvo que estaba incrustado en los poros de la roca. Moisés tomó el becerro de oro y lo convirtió en polvo encima del altar.

Había más evidencia para pensar de que este era ciertamente el altar del becerro de oro: Habían doce grupos de petroglifos de vacas y de toros, todos dibujados al estilo egipcio. Los arqueólogos de la Universidad Rhiyad que visitaron el lugar unos días después dijeron que no hay otro lugar en Arabia Saudita donde se encuentren este tipo de petroglifos de estilo egipcio. De hecho, Ron estaba más emocionado con este altar que con cualquier otra cosa hallada en la montaña. Pero esta evidencia fue suficiente para que el gobierno saudita declarara el lugar “área arqueológica protegida” y lo encerrara con una cerca de 12 pies (3.6 m.) de altura.

Otros petroglifos en el área inmediata

En el área hay otras rocas con petroglifos, pero hay una que encuentro particularmente fascinante. Esta no forma parte del altar, sino que está entre un grupo de rocas grandes ubicadas cerca del “precinto sagrado”. Como podemos ver a la izquierda, esta roca parece una “fotografía” que muestra escenas del diario vivir.

En ella podemos ver nueve vacas, cuatro de ellas con sus cuernos dibujados como el toro Apis en el altar del becerro de oro; y cinco con los cuernos curvados hacia adelante. Uno está siendo cargado por un hombre, tal vez porque cayó en una grieta o porque se vio en medio de alguna pelea. Hay varias cabras con cuernos largos, un camello, una oveja, varios animales que parecen perros (que probablemente se usaban para arriar el ganado), uno que luce como un lobo, un hombre con un arco y una flecha que pareciera estar apuntando al “lobo”, una serpiente y dos figuras que parecen gatos.

El estilo en que está dibujado el ganado es cien por ciento egipcio, y la presencia de perros y gatos no debe sorprendernos, pues estos son muy comunes en las pinturas en las paredes de las tumbas antiguas egipcias. Uno de los petroglifos del altar del becerro de oro muestra un gato parado sobre el lomo de una vaca. Como sabemos, los gatos eran sagrados en Egipto, y representaban a Bastet, la diosa con cabeza de gato.

En conclusión…

la evidencia en esta montaña es abrumadora. Nos ofrece un gran entendimiento de la vida diaria de la gran multitud que hasta ahora no habíamos tenido. Pero más que eso, nos da maravillosas evidencias de la veracidad y la validez del registro bíblico. Para quienes buscan la verdad, estas cosas maravillosas acallan las voces que desde los seminarios y los púlpitos proclaman que los acontecimientos del Sinaí son pura “leyenda”. Dios nos ha dado la oportunidad de ver el lugar exacto donde su presencia carbonizó la montaña; el lugar desde donde le habló a la humanidad con sus propios labios.

“No olvidaré mi pacto ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (Sal. 89: 34). 

La tribulación y el pueblo de Dios

Ron Wyatt

Existen diferentes pasajes en la Escritura que si son seguidos por nosotros, nos prepararán para vivir una vida exitosa y satisfactoria en esta tierra y una vida eterna junto a nuestro amado Dios. Queremos compartir con ustedes varios de estos pasajes que creemos apoyan la visión de lo que creemos sucederá en el futuro próximo.

“Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15: 4).

Aprender de las Escrituras, interpretando “rectamente la palabra de verdad” (2 Tim. 2: 15 NVI), es especialmente importante para nosotros que vivimos un momento de la historia en el que miles de “voces” gritan para llamar nuestra atención, insistiendo en un futuro “halagüeño” para la humanidad en esta tierra. En 1 Tesalonicenses 5: 3 se dice que “Cuando digan: ‘Paz y seguridad’, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán”. En ninguna parte la Biblia se predice un futuro fácil y color de rosa para los hijos de Dios.

“Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Tim. 3: 12). ¡Esta idea no es para nada popular! Y es que la verdad suele no serlo. Dios nos ha confiado su último mensaje de advertencia a través de evidencias ilustrativas que nos ayudan a entender lo que pasará en el futuro próximo; y no tenemos otra opción que hablar las cosas claras.

Quienes quieren que creamos en la doctrina de la “no tribulación” argumentan que es imposible que Dios castigue a su amada iglesia.

“¡Levántate, espada, contra el pastor y contra el hombre que me acompaña!, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor y serán dispersadas las ovejas (los creyentes); yo tornaré mi mano contra los pequeñitos. Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que dos tercios serán exterminados y se perderán, mas el otro tercio quedará en ella. A este tercio lo meteré en el fuego, lo fundiré como se funde la plata, lo probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo lo oiré. Yo diré: ‘Pueblo mío’. Él dirá: ‘Jehová es mi Dios’” (Zach. 13:7-9).

“Para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Ped. 1: 7).

“No entrará en ella ninguna cosa impura o que haga abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apoc. 21: 27).

Tengo la impresión de que aquellos que han muerto o han de morir antes de que el Señor venga, y que cometieron pecados por ignorancia esforzándose en servir a Dios y pidiéndole perdón y limpieza de sus pecados en el nombre de Jesús, se salvarán. Sin embargo, los que estén vivos para ver la venida del Señor deben estar “sin mancha ni arruga” (pecados) o sufrirán la misma suerte del “hombre de pecado” descrita en 2 Tesalonicenses 2: 8.

“Y entonces se manifestará aquel impío, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida”.

Hay dos textos que indican esto:

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas” (Hech. 10: 34) y “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, acreditándolo ante todos al haberlo levantado de los muertos” (Hech. 17: 30). 

Otro texto revelador dice:

“No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Entonces les declararé: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!” (Mat. 7: 21-23).

Todo cambia, excepto Dios

Todos nos acostumbramos a los cambios. Son pocas las cosas en la vida que no cambian. El amor a menudo se convierte en odio. Los jóvenes se vuelven viejos. La felicidad se convierte en llanto. ¡Qué refrescante es saber que en medio de esta vida de cambios, Dios nunca cambia!

“Porque yo, Jehová, no cambio” (Mal. 3: 6).

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación” (Sant. 1: 17).

“Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Heb. 13: 8).

“No olvidaré mi pacto ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (Sal. 89: 34). 

Dios es clarísimo al afirmar que NADA DE LO QUE HA DICHO HA CAMBIADO, ¡SIN EXCEPCIONES!

En el siglo IX a. C., Jeroboam se había llevado consigo diez tribus de Israel, apartándolas de Roboam, el hijo de Salomón. Había erigido dos becerros de oro, uno en Betel, al sur de su reino; y el otro en Dan, al norte de su reino. Instruyó a sus súbditos a adorar estos ídolos en vez de viajar a Jerusalén a participar en la adoración al Dios verdadero. Colocó hombres viles y corruptos en el lugar del sacerdote, y apartó al pueblo de Dios. Un día se encontraba ofreciendo incienso sobre el altar en Betel, cuando un hombre de Dios “clamó contra el altar por mandato de Jehová”. El relato está registrado en 1 Reyes 13: 1-32.    

Al rey no le gustó la profecía y ordenó el arresto de este hombre de Dios. En medio del incidente, el brazo del rey se secó y fue sanado por el poder de Dios. Consciente de que no podía enfrentarse al poder de Dios, invitó al profeta a comer y a refrescarse en su casa. El profeta respondió:  

“Aunque me dieras la mitad de tu casa no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar. Porque así me está ordenado por mandato de Jehová, que me ha dicho: ‘No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el mismo camino’. Regresó, pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había ido a Bet-el” (1 Rey. 13: 8-10).

Hasta ahí todo estaba marchando perfectamente. El poder de Dios se había manifestado, y nadie dudaba de que este era un profeta verdadero. Pero repentinamente apareció uno que afirmaba también ser un profeta:

“El otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por mandato de Jehová, diciendo: ‘Tráele contigo a tu casa para que coma pan y beba agua’. Entonces regresó con él y comió pan y bebió agua en su casa. Cuando estaban sentados a la mesa, aconteció que Jehová habló al profeta que lo había hecho volver, el cual clamó al hombre de Dios que había venido de Judá diciendo: ‘Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová, tu Dios, te había prescrito, sino que volviste y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieras pan ni bebieras agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres’. Después de haber comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. Al partir, lo encontró un león en el camino y lo mató. Su cuerpo quedó tirado en el camino, y el asno y el león permanecieron junto al cuerpo” (1 Rey. 13: 18-24).

El “hombre de Dios” desobedeció a Dios y lo pagó con su vida; tal vez con su vida eterna; aunque esto solo lo sabe Dios. Pero a pesar de eso la Biblia lo llama, “el hombre de Dios”. Él desobedeció una vez y no tuvo la oportunidad de volver a desobedecer.

Los falsos profetas dicen que Dios cambió su Ley

Algunos falsos pastores y profetas señalan la ley de Moisés (la ley ceremonial) y dicen, “esta ley ya no está vigente, ¿prueba esto que Dios cambia lo que dice?”. También citan los comentarios de Pablo a los gálatas, a quienes los judíos inconversos habían influenciado para realizar sacrificios de animales según la ley de Moisés después que “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” fue sacrificado dando punto final al sistema de sacrificios con sangre. ¡Afirman que la ley que se menciona aquí son los Diez Mandamientos que Dios mismo dictó (Éxo. 20: 1) y que escribió con su propio dedo! (Éxo. 24: 12).

“Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios en Cristo no puede ser anulado por la Ley, la cual vino cuatrocientos treinta años después; eso habría invalidado la promesa, porque si la herencia es por la Ley, ya no es por la promesa; pero Dios se la concedió a Abraham mediante la promesa. Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a quien fue hecha la promesa; y fue dada por medio de ángeles en manos de un mediador” (Gál. 3: 17-19).

Si Pablo estaba hablando de los Diez Mandamientos, la razón de Dios para añadirla no habría sido “a causa de las transgresiones”, porque “la ley produce ira; pero donde no hay Ley, tampoco hay transgresión” (Rom. 4: 15). “Todo aquel que comete pecado, infringe también la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley” (1 Juan 3: 4). En pocas palabras, no habría tal cosa como el “pecado” o la “transgresión” si no existiese la Ley de Dios. La ley a la que Pablo se refiere fue “añadida” porque el pueblo estaba transgrediendo continuamente la Ley de Dios.

“Antes de la Ley ya había pecado en el mundo; pero donde no hay Ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir” (Rom. 5: 14).

Pablo se estaba refiriendo a la ley ceremonial y no a los Diez Mandamientos de los que se dijo de Abraham, “por cuanto oyó Abraham mi voz y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”. Pablo afirma claramente que la ley de la que estaba hablando “vino cuatrocientos treinta años después”. Abraham guardó la Ley de Dios, pero la ley ceremonial o levítica o de Moisés ni siquiera existía para ese momento. ¿Qué otra ley pudo haber guardado Abraham, sino la gran Ley de Dios?

Los que entran a Jerusalén están libres de pecado

La Biblia habla de los que entran a la Nueva Jerusalén:

“Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad” (Apoc. 22: 14).

“No entrará en ella ninguna cosa impura o que haga abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apoc. 21: 27).

Ya hemos leído que “el pecado es infracción de la Ley” y que “la paga del pecado es muerte”.

las condiciones en la Nueva Jerusalén y en la tierra nueva (restaurada) prueban que solo aquellos que “guarden sus mandamientos” estarán allí.

“Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado y el mar ya no existía más. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo. Y oí una gran voz del cielo, que decía: ‘El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron’. El que estaba sentado en el trono dijo: ‘Yo hago nuevas todas las cosas’. Me dijo: ‘Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas’. Y me dijo: ‘Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida. El vencedor heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda’” (Apoc. 21: 1-8).

“No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isa. 11: 9).

Dios quería hacer esto por el Israel antiguo. “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste! Vuestra casa os es dejada desierta”. Dios no pudo hacer por ellos muchas de las cosas que deseaba hacer porque ellos se negaron a cumplir sus leyes y estatutos. Sin embargo, él hará todas estas cosas por “las naciones que hayan sido salvadas” (Apoc. 21: 24).

Isaías 65: 21-25 habla de nuestra experiencia en la tierra renovada:

“Edificarán casas y morarán en ellas; plantarán viñas y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. No trabajarán en vano ni darán a luz para maldición, porque son linaje de los benditos de Jehová, ellos mismos y también sus descendientes. Antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos; el león comerá paja como el buey y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán ni harán mal en todo mi santo monte. Jehová lo ha dicho”.

Entre las huestes innumerables de “las naciones que hayan sido salvadas”, NO HAY UNO SOLO QUE QUIERA O PUEDA CAUSAR DOLOR O DAÑO ALGUNO.

Mis queridos amigos, Cristo no estará agitando una varita mágica sobre sus profesos seguidores en su segunda venida. Si fuera así, tendría que agitarla sobre todos, incluyendo a Satanás.

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas” (Hech. 10: 34).

¡LA ÚNICA MANERA DE QUE ESTEMOS ENTRE LOS HABITANTES DE LA NUEVA JERUSALÉN Y LA NUEVA TIERRA ES QUE LE PIDAMOS A NUESTRO PADRE CELESTIAL EN EL NOMBRE Y LA SANGRE DE JESÚS (EL MESÍAS) QUE PERDONE NUESTROS PECADOS Y NOS LIMPIE DE NUESTRAS ACCIONES Y PENSAMIENTOS PECAMINOSOS!

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 9). 

“Si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la Ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisotee al Hijo de Dios, y tenga por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado y ofenda al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: ‘Mía es la venganza, yo daré el pago’ –dice el Señor–. Y otra vez: ‘El Señor juzgará a su pueblo’. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! (Heb. 10: 26-31). 

“A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha” (Efe. 5: 27).

“Y Cristo, en los días de su vida terrena, ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, y fue oído a causa de su temor reverente. Y, aunque era Hijo, a través del sufrimiento aprendió lo que es la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que lo obedecen” (Heb. 5: 7-9).

“Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: ‘Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo’. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, no hijos” (Heb. 12: 5-8). 

“Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, placeres, borracheras, orgías, disipación y abominables idolatrías. A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos, porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios. El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor, porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera. Al contrario, gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois ultrajados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, por lo que hace a ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, ladrón o malhechor, o por entrometerse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y ‘Si el justo con dificultad se salva, ¿qué pasará con el impío y el pecador?’ De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien” (1 Ped. 4: 3-19). 

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo, anciano también con ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad, porque ‘Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes’. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo. Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. Resistidlo firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Pero el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Ped. 5: 1).

“Pero no podrás ver mi rostro –añadió [Dios]–, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo” (Éxo. 33: 20). ¡NADA HA CAMBIADO!

Se dice de nosotros:

“pues todos nosotros somos como cosa impura, todas nuestras justicias como trapo de inmundicia. Todos nosotros caímos como las hojas y nuestras maldades nos llevaron como el viento” (Isa. 64: 6).

Y también se dice de los que sobrevivirán el regreso del Señor en un futuro cercano: 

“Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe también la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca. Todo aquel que peca, no lo ha visto ni lo ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios. Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas y las de su hermano, justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que odia a su hermano es homicida y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3: 2-18). 

“En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: ‘Yo lo conozco’, pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2: 3-6). 

“No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Entonces les declararé: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!” (Mat. 7: 21-23).

“No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla” (1 Cor. 10:13).

Queda claro que aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero están clasificados en dos categorías:

(1) Los que murieron haciendo lo mejor según el conocimiento que tenían: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto” (Luc. 16: 10). “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hech. 17: 30). 

(2) Los que están vivos en la tierra cuando Cristo regrese y son perfectos como él: “Pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es”. 

Por lo tanto, cuando conocemos la verdad de Dios, debemos también ponerla “en práctica”. Si dejamos de hacer su voluntad, estamos perdidos. Si deseamos hacer su voluntad, él puede “limpiarnos de toda maldad”.  

El “tiempo de angustia de Jacob” sirve para preparar al pueblo de Dios para la Nueva Jerusalén  

“Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero para probar a los que habitan sobre la tierra. Vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al vencedor yo lo haré columna en el templo de mi Dios y nunca más saldrá de allí. Escribiré sobre él el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, con mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apoc. 3: 10-12).  

Muchos otros textos nos dan el mismo mensaje:

“En sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios” (Apoc. 14: 5).  

“En medio del cielo vi volar otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Decía a gran voz: ‘¡Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas!’ Otro ángel lo siguió, diciendo: ‘Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación’. Y un tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: ‘Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero’” (Apoc. 14: 6-10). 

“Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria. Clamó con voz potente, diciendo: ‘¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia!Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en albergue de toda ave inmunda y aborrecible” (Apoc. 18: 1-4).  

Ahora, estas cosas suceden como ejemplo, y están escritas como una advertencia hacia aquellos que vivirán el fin de todas las cosas.  

“‘La hora de la prueba’ que ha de venir sobre el mundo”. LA PREGUNTA QUE SE HACE TODO CREYENTE ES, ¿CUÁNTO TIEMPO DURA ESTA “HORA DE LA PRUEBA”? 

“Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15: 4). 

“Porque no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3: 7).

Estos textos nos dicen que la respuesta que estamos buscando está en La Biblia (la Palabra de Dios).

“Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: ‘¡Basta ya! ¡Tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios!’ Volveré mi mano contra ti, limpiaré hasta con lejía tus escorias y quitaré toda tu impureza’” (Isa. 1: 24, 25). 

Todos aquellos que mediante la lealtad y el aprecio por lo que Dios ha hecho a través de su Hijo a nuestro favor, están haciendo en este momento la oración de David: 

“Tú amas la verdad en lo íntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve […]. Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis maldades. ¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí! No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos y los pecadores se convertirán a ti” (Sal. 51: 6, 7, 9-13).  

Daniel habla de este tiempo: 

“También algunos de los sabios caerán para ser depurados, limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo” (Dan. 11: 35).

Otros también comentan sobre este tiempo: 

“Él se sentará para afinar y limpiar la plata: limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. Entonces será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos. ‘Vendré a vosotros para juicio, y testificaré sin vacilar contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran falsamente; contra los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen injusticia al extranjero, sin tener temor de mí’, dice Jehová de los ejércitos. Porque yo, Jehová, no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos” (Mal. 3: 3-7). 

“Su aventador está en su mano para limpiar su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mat. 3: 12). 

“También condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente” (2 Ped. 2: 6). 

“También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra la naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Jud. 1: 7).    

“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra” (2 Tim. 2: 21). 

“¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Heb. 9: 14). 

O abandonamos nuestros pecados, o abandonamos el grupo de los redimidos de Dios, pero:     

Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que lo temen, porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Sal. 103: 13). 

“Esto fue revelado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos: ‘Este pecado no os será perdonado hasta que muráis’, dice el Señor, Jehová de los ejércitos” (Isa. 22: 14). 

“A algunos que dudan, convencedlos. A otros, salvadlos arrebatándolos del fuego; y de otros, tened misericordia con temor, desechando aun la ropa contaminada por su carne”. A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén” (Jud. 1: 22-25).

COMO TODO LO QUE DIOS HA HECHO, ESTÁ HACIENDO Y HARÁ; ESTE PROCESO DE REFINACIÓN DURARÁ HASTA QUE SE HAYA CUMPLIDO SU PROPÓSITO. En línea con la afirmación de que Dios revelará sus intenciones antes de actuar, y que estas son reveladas en su Palabra, hay mucho que podemos aprender si dividimos de manera apropiada su Palabra de verdad.  

Cuarenta días, quince días y siete días

Cuarenta días de preparación, peligros, súplicas y advertencias son una experiencia recurrente en la Biblia.   

“Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15: 4).  

Por lo tanto creemos que la depuración final de los santos involucrará un período de cuarenta días. La popular teoría de la “tribulación” sugiere que se trata de un período de años, pero estos textos dan a entender que Dios cumplirá su obra de “limpiarnos de toda injusticia” de manera rápida:  

“Como pastor apacentará su rebaño. En su brazo llevará los corderos, junto a su pecho los llevará; y pastoreará con ternura a las recién paridas” (Isa. 40: 11).  

“No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla” (1 Cor. 10: 13).  

Sin embargo, como lo proclamó a Moisés cuando este pidió ver su gloria, él no “tendrá por inocente al malvado”: 

Jehová pasó por delante de él y exclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que castiga la maldad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Éxo. 34: 6, 7).  

*El “tiempo de angustia de Jacob” prepara al pueblo de Dios para la “Nueva Jerusalén”  

Antes de que examinemos detalladamente los cuarenta días, hay dos experiencias en las que los siervos de Dios atraviesan situaciones en las que su vida corre peligro durante siete días: 

1- “Al tercer día le dijeron a Labán que Jacob había huido. Entonces Labán tomó consigo a sus parientes, y fue tras Jacob. Siete días después lo alcanzó en los montes de Galaad […]. Respondió Jacob a Labán: Porque tuve miedo, pues pensé que quizá me quitarías por fuerza tus hijas” (Gén. 31: 22, 23, 31). 

2- “Sacrificarás la víctima de la Pascua a Jehová, tu Dios, de las ovejas y las vacas, en el lugar que Jehová escoja para que habite allí su nombre. No comerás con ella pan con levadura; durante siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto, para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto” (Deu. 16: 2, 3). 

Hay otro período de tiempo que se menciona relacionado al tiempo del fin:

Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero para probar a los que habitan sobre la tierra. Vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al vencedor yo lo haré columna en el templo de mi Dios y nunca más saldrá de allí. Escribiré sobre él el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, con mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apoc. 3: 10-12). 

“Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas” (1 Ped. 2: 21). 

(En el tiempo profético un día equivale a un año; por lo tanto, una hora es igual a 1/24 de un año, o quince días, basado en un año de 360 días). Cristo, quien es nuestro ejemplo, fue probado por Dios durante cuarenta días y noches, y tentado por Satanás (Mat. 4: 2; Mar. 1: 3; Luc. 4: 2). Noé, Moisés, Elías, Israel y sus espías, Jonás, y Saúl y su ejército desafiado por Goliat. Todos fueron probados y estuvieron en riesgo durante cuarenta días. Cristo y los santos resucitados (Mat. 27: 52, 53) permanecieron en la tierra durante cuarenta días antes de ascender al cielo:  

A ellos también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hech. 1: 3).  

Por lo cual dice: ‘Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres’ (Efe. 4: 8). 

“Y pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y borraré de la faz de la tierra a todo ser viviente que hice” (Gén. 7: 4). 

¡Imaginemos lo bien que lo pasaron los que estaban afuera del arca ridiculizando a Noé durante los siete días que él y su familia se encerraron con todos los animales antes de que lloviera! 

Job sufrió con llagas por siete días antes de ser liberado de la crueldad de Satanás (Job 2: 13). Jacob huyó de Labán durante siete días (Gén. 31: 23). Los esclavos israelitas comieron el “pan de aflicción” durante siete días bajo la amenaza del Faraón: 

“No comerás con ella pan con levadura; durante siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto, para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto” (Deu. 16: 3). 

Después de considerar todas las referencias anteriores, pienso que desde el momento en que “los mandamientos de los hombres” (la marca de la bestia) que entran en conflicto con los Mandamientos de Dios, se convierten en la ley de la tierra, podría haber un período de cuarenta días durante el cual Dios purificará a su pueblo antes de que los libere del poder de Satanás. De esos cuarenta días, los primeros 25 serán de una persecución relativamente suave. Los últimos quince días (una hora de tiempo profético) podrían ser mucho más difíciles. A aquellos que insisten en guardar los Mandamientos de Dios y rechazan aceptar a la bestia o su imagen o recibir su marca en sus frentes o en su mano no se les permitirá “comprar o vender” (perderán este derecho) durante los primeros ocho días de estos últimos quince días. Después se aprobará la pena de muerte el día 33, la cual entrará en efecto el día 40. Sin embargo, los impíos se adelantarán a esta ley y el pueblo de Dios estará bajo amenaza de muerte por parte de estos durante siete días.

Pero para ese momento la “probación” ya estará cerrada y Dios no permitirá que nada pueda hacerle daño a su pueblo. Creo que esto es lo que va a suceder, Y LO MANTENDRÉ A MENOS QUE LOS ACONTECIMIENTOS ME INDIQUEN LO CONTARIO. Para afirmar estas cosas me he basado en otras experiencias similares del pueblo de Dios en el pasado.

Y a los FALSOS PROFETAS que predican que los salvados no experimentarán ninguna tribulación, les digo un “ASÍ DICE EL SEÑOR”:

“Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; pero los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3: 12-17).

“Te suplico encarecidamente delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su Reino, que prediques la palabra y que instes a tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina, pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Tim. 4: 1-5). 

Algunas consideraciones importantes en cuanto al tiempo

Hemos observado dos puntos de vista proféticos populares y uno impopular entre los cristianos profesos en relación a los acontecimientos futuros. La mayoría aceptan gustosos las palabras de aquellos que predican “cosas halagüeñas”, ignorando las pruebas para la fe que tenemos por delante. El segundo grupo está atento a la tendencia de los gobiernos a utilizar la última tecnología para poder ubicar a cualquier persona mediante implantes electrónicos o por el manejo de sus tarjetas de débito o de crédito; y también para desarmar a la población. Se han dado cuenta de que los gobiernos mundiales se están “intercambiando” sus fuerzas militares de manera creciente, con el objeto de suprimir efectivamente a la población utilizando efectivos extranjeros, que por supuesto estarán más dispuestos a “neutralizar” mortalmente a disidentes que no son de su propio país.

Es nuestro deseo que formemos parte del pequeño grupo que entiende que todas las cosas están en las manos de Dios y que él permitirá que los impíos manifiesten su carácter maligno.  

“Así nada hay oculto que no haya de ser descubierto, ni escondido que no haya de ser conocido y de salir a la luz” (Luc. 8: 17). 

Ellos también saben que Dios será quien se encargue de ellos.

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: ‘Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor’” (Rom. 12: 19). 

Además de esto, Dios nos ha instruido a llevar el Evangelio por toda la tierra. 

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mat. 24: 14).

Él ha prometido pagarnos “lo que sea justo”.

“Y les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron” (Mat. 20: 4).

Este pequeño grupo está dedicado al servicio del Señor, no en palabras, como muchos lo hacen, sino en hechos. Su oración es que Dios los ayude a aprender, memorizar y poder compartir de manera humilde cada cosa que Dios quiere que ellos compartan con los incrédulos.

Muchos de nosotros oramos y solicitamos ofrendas por los valientes hombres y mujeres que dejan las comodidades de su hogar y su familia y viajan a áreas primitivas de la tierra para llevar el Evangelio de salvación a aquellos a quienes se les ha enseñado a adorar a sus antepasados, animales, serpientes, el sol (millones de japoneses adoraron al “emperador sol” hasta que su nación fue conquistada y se le obligó a este hombre que renunciara a su falsa divinidad). ¡Miles de millones aún hoy adoran las mismas cosas; y para ser sinceros, si nosotros hubiésemos sido criados como ellos y educados como ellos, estaríamos adorando como ellos! La gente sigue naciendo y muriendo más rápido que la velocidad en la que se propaga el Evangelio. Muchos cristianos están convencidos de que Cristo regresará a esta tierra muy pronto. 

“Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria. Clamó con voz potente, diciendo: ‘¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia! Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en albergue de toda ave inmunda y aborrecible, porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación. Los reyes de la tierra han fornicado con ella y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con el poder de sus lujos sensuales’. Y oí otra voz del cielo, que decía: ‘¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas!, porque sus pecados han llegado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus maldades’” (Apoc. 18: 1-5), 

Estos versículos nos dicen que a la población de la tierra se le advertirá que deberán separarse de las religiones apostatas del mundo y comenzar a guardar los Mandamientos de Dios y seguir el testimonio de Jesús.  

“Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer y se fue a hacer la guerra contra el resto de la descendencia de ella, contra los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apoc. 12: 17).

“Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad. Pero los perros estarán afuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo aquel que ama y practica la mentira” (Apoc. 22: 14, 15).  

Se nos dice que cuando Jesús venga seremos como él. Para esto es necesario que estemos dispuestos a pedirle a Dios y permitirle que haga los cambios necesarios en nuestra vida.