Boletín 13: Domingo, 1 de octubre de 1995

La torre de Babel

La torre de Babel es un tema muy importante, a pesar de que el relato que se da en la Biblia consiste en unos pocos versículos. Los descubrimientos de los últimos 150 años han arrojado una luz tremenda sobre los relatos bíblicos y mostrado cuán certeros son; pero si hay algo que podría “juntarlo todo”, por decirlo de alguna manera, es lo que trataremos a continuación.

Casi todas las civilizaciones de la tierra tienen su propia versión de la historia del diluvio, pero, ¿existe evidencia de la dispersión de la familia de Noé por sobre la faz de la tierra? ¿Qué evidencia hay de la confusión de las lenguas ocurrida en Babel?

Ron ha estado interesado en esto desde hace tiempo, especialmente en tratar de ubicar el lugar en donde estaba ubicada la torre de Babel, pero los otros proyectos lo han absorbido tanto, que nunca ha tenido el tiempo suficiente. Sin embargo, recientemente comenzó el trabajo de campo a fin de encontrar los restos de la infame torre. 

Él, junto a Richard Rives, visitaron en octubre de 1990 el sur de Turquía sobre la frontera Siria, en el lugar en donde el río Éufrates emerge de las montañas Taurus. Richard quería visitar Nemrut Da (“da” significa “montaña), donde fue sepultado el rey seléucido Antíoco Epífanes (62-32 a.C.) con el objeto de investigar la gran cantidad de estatuas paganas que se han encontrado en el lugar.

Como Nemrut Da estaba al pie de las montañas Taurus, en la misma región donde Ron quería buscar a Babel, partieron hacia allá. Luego de estudiar a Nemrut Da, los dos vieron a la distancia una curiosa “colina” que lucía como un “tell” (un tell es una colina formada por los restos de un antiguo asentamiento humano) y que dada su apariencia, sintieron que debía ser explorada. Sin embargo, no contaban con tiempo suficiente y tuvieron que partir hacia Israel; pero decidieron regresar lo más pronto posible para explorarlo.    

En agosto de 1991 regresaron a Turquía acompañados del Dr. Allen Roberts y de Marv Wilson con la finalidad de solicitar permiso para excavar el Arca de Noé. Después de reunirse con los oficiales y de recibir aprobación verbal, se les aseguró que el permiso escrito sería expedido el siguiente “día hábil”, es decir, unos cuatro días después de que pasara una festividad turca. Dada la circunstancia, decidieron salir a buscar la torre de Babel para aprovechar el tiempo en el que debían esperar. Desafortunadamente, al dirigirse al lugar fueron tomados como rehenes por terroristas durante 21 días. La búsqueda de Babel tuvo que suspenderse hasta nuevo aviso.

Pasaron cuatro años para que Ron decidiera volver a la aún peligrosa región. El 30 de noviembre de 1995 regresó con su hijo Ronny y Bob Murrel. Presentaremos los resultados de esta primera y emocionante excavación; pero dada la naturaleza de el tema, estudiaremos primero un poco el relato bíblico. Después, juntaremos todas las evidencias y las examinaremos en el contexto apropiado. 

CAPÍTULO 1
El relato bíblico de Babel

El relato de la construcción de Babel y de la torre se narra en Génesis 11. Este comienza diciendo que todos hablaban un solo idioma. Después se narra el “éxodo” de un grupo de personas del área en donde se establecieron originalmente con Noé y sus descendientes después del diluvio:

“En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra. Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron” (Gén. 11: 1-2).

Para Ron, el relato bíblico siempre es la autoridad final, y este pasaje afirma claramente que las personas que abandonaron el área del arca habían viajado al oriente. El sentido común le decía además que el viaje seguramente lo hicieron a lo largo de un río o cerca de fuentes de agua, pues esta era absolutamente necesaria a causa del ganado. Debieron entonces comenzar el viaje al comienzo de uno de los ríos que sirven como afluentes al Éufrates, cerca del área del arca. Ron continuó la investigación hacia el oriente, en busca de una llanura. 

Al estudiar mapas topográficos y aéreos de la región, localizó el punto donde el río Éufrates emerge de la región montañosa —a unos 80 kilómetros de la región del arca. ¡Allí, al final de las montañas, había una inmensa llanura! Luego de varios análisis, encontró otra ruta que también los habría llevado a la misma llanura, aunque más directamente y en menos tiempo. Esta segunda ruta debió llevarlos unos 225 km. al suroeste, hasta la costa occidental del lago Van. Desde ahí debieron haber viajado unos 80 km. a lo largo de un río a través de un pasaje montañoso, hasta salir hasta la inmensa llanura desde la que debieron haber viajado hacia el oeste hasta llegar al Éufrates. Estas son las dos únicas vías naturales que existen del este al oeste a través de Anatolia (PH, p. 7). ¿Cuál de ellas tomaron? No lo sabemos; pero ambas los habrían llevado a la misma área.

Tratando de ponerse en sus zapatos, Ron dedujo que una vez alcanzaron esta llanura se quedaron ahí, pues la región contiene todos los recursos naturales que necesitaban (hablaremos de esto más adelante). Para él, esta era “la llanura en la región de Sinar” en donde “se asentaron”. En el mapa podemos ver el monte Ararat (la región del arca), y arriba, en la parte central, un punto negro que marca el lugar donde terminan las montañas y comienza la llanura donde Ron pensaba que estaba ubicada Babel.

“La llanura en la región de Sinar”

La “región de Sinar”, según se ha interpretado, incluye el área en el extremo sur del lugar señalado por Ron —el área de babilonia. Sin embargo, no hay evidencia sólida que indique cuáles eran sus límites. En los textos cuneiformes acadios se dice que “Shanhara” está ubicada al norte de Mesopotamia y al oeste de Nínive, en la misma región montañosa que se conoce hoy como “Singara”. Las cartas de Amarna (Egipto) mencionan también un lugar llamado “Shanhar” que se encuentra al norte de Siria. Ambos ejemplos están en la misma área general donde Ron pensaba que se encontraba Babel. De hecho, una variación de este nombre puede verse en una señalización en la carretera de un pueblo cerca del lugar que Ron examinó (En turco la “C” se pronuncia como “Ch”).       

La siguiente mención bíblica de Sinar ocurre mucho tiempo después:

“El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios” (Dan. 1: 2).

Ya que el versículo se refiere a la babilonia del tiempo de Nabucodonosor, sabemos entonces con certeza que estaba ubicada al sur de esta región. Por lo tanto, hay varias posibilidades; una, que Sinar, al igual que Mesopotamia, se refería a la región que está entre el Tigris y el Éufrates. Como el Tigris comienza al este del área señalada por Ron, esta estaba incluida en ella. Otra es que en Daniel 1: 2 se dice que la región (Babilonia) estaba dominada durante su tiempo por el pueblo (los caldeos) que vino del norte. Otro texto brinda información adicional que discutiremos más adelante cuando estudiemos las ciudades de Asur.

Ladrillos cocidos y “asfalto”

“Un día se dijeron unos a otros: ‘Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego’. Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla” (Gén. 11: 3).

La ciudad y la torre de babel fue construida con ladrillos cocidos y utilizaron asfalto como mezcla. Cuando Ron visitó la zona hace varias semanas examinó un tell bastante grande y tomó muestras de ladrillos cocidos y de la mezcla que se utilizó en ese lugar. Esta última, de color negro, consistía de una mezcla de arena y alquitrán (betumen/asfalto) que se endurecía al secarse. Este es un derivado del petróleo, por lo tanto, debió haber una fuente de este material en el área que Ron había seleccionado.

La Enciclopedia Británica de 1985 afirma que los únicos depósitos petroleros en Turquía están en Ramana (al oeste de este lugar) y en Gaziantep (al este), ambos a menos de 160 km. del lugar. La última revisión del mapa aéreo mostró pozos petroleros en el área inmediata, y un gasoducto entre Gaziantep y Ramana que atraviesa la región. Cuando Ron y Richard visitaron el área en 1990 vieron torres petroleras en la vecindad inmediata. La presencia de petróleo en el lugar cuatro mil años después del tiempo de Babel es un claro indicio de que una inmensa fuente de betún estaba a disposición de los constructores de aquella famosa ciudad y su torre. De hecho, la presencia de este recurso natural seguramente fue una de las razones para haber escogido esta área 

¡Construyamos una ciudad y hagámonos famosos!

“Luego dijeron: ‘Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra’” (Gén. 11: 4).

A Noé se le había instruido:

“Sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra” (Gén. 9: 1).

Así, en el pasaje acerca de Babel leemos que cuando estas personas tuvieron que abandonar la región de Ararat, se congregaron para construir UNA ciudad y EVITAR así “ser dispersados por toda la tierra”. También deseaban tener su propio nombre. El registro histórico muestra claramente que estos pobladores primitivos habían, en su mayoría, rechazado al verdadero Dios Creador. En la época de Abraham, que sucedió solo unos 400 años después del diluvio, encontramos que incluso su familia no estaba entregada completamente a Dios y combinaban su adoración con la de otros ídolos:

“Josué se dirigió a todo el pueblo, y le exhortó: —Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Hace mucho tiempo, sus antepasados, Téraj y sus hijos Abraham y Najor, vivían al otro lado del río Éufrates, y adoraban a otros dioses’” (Jos. 24: 2).

Deseaban tener su propio nombre, y así sucedió, como veremos a continuación, aunque me atrevo a decir que no era el que ellos deseaban:

Dios interviene:

“Pero el Señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y se dijo: ‘Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es sólo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr’” (Gén. 11: 5-6)

Este pasaje da mucho en qué pensar. Dice claramente cómo Dios pensaba que “todo lo que se propongan lo podrán lograr”. Noé y sus hijos venían del mundo antediluviano, un mundo en el que las personas sin duda poseían conocimientos y tecnología similares a los de hoy en día. Todo este conocimiento, o al menos parte de él, fue traspasado a sus descendientes directos. 

Lo único que podía prevenir la irrupción de una civilización avanzada era, en mi opinión, la carencia de mano de obra y el hecho de que durante muchos años después del diluvio tuvieran que concentrarse en la crianza de animales y el cultivo para mantenerse. Cuando estas actividades se consolidaron, la gente comenzó a pensar en otras cosas. Y así, al estar estas grandes mentes unánimes bajo un mismo idioma, no podemos imaginar lo que habrían logrado. Desde pequeños nos han lavado el cerebro con la idea de que el hombre primitivo era poco inteligente, casi al nivel de un animal, pero la evidencia sugiere todo lo contrario.

La torre de Babel

Cuando estudiemos reportes y publicaciones arqueológicas debemos cuidar no mezclar la evidencia física con las opiniones personales de los excavadores o de quienes escriben los artículos. Todos asumen que primero apareció el hombre de las cavernas, después vino el fuego, etc., y datan los descubrimientos arqueológicos basándose en esas creencias. No obstante, si un científico aeroespacial se viera de repente en un mundo estéril en donde no hay nada más nada que plantas y animales, ¿esperaríamos encontrar allí plataformas de lanzamiento?

Si Estados Unidos estuviera cubierto y un arqueólogo algún día excavara, ¿fecharían las casas modernas y cómodas de nuestras ciudades igual que las casas de Appalachia, que no tienen instalaciones de agua ni electricidad? Me temo que tal vez pondrían una diferencia de cientos de años entre ellas, o quizá de miles, aunque ambas sean contemporáneas. El hecho es que cuando la humanidad abandonó su primera morada cerca de Noé, contaba con conocimientos, pero NO CONTABA con recursos. Más adelante discutiremos evidencias documentadas de tecnología avanzada en la región que tanto los eruditos como los historiadores admiten no poder explicar. 

Y de nuevo Dios intervino. Él siempre tiene bajo su control el programa de los acontecimientos mundiales.

Cuando la humanidad alcanzó su punto de apostasía máximo, Dios envió el diluvio. Cuando la humanidad volvió a embarcarse en una espiral de conducta contraria al plan de Dios, él intervino para que pudiera cumplirse su mandato de “llenar la tierra”.

La confusión de las lenguas

“‘Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos’. De esta manera el Señor los dispersó desde allí por toda la tierra, y por lo tanto dejaron de construir la ciudad. Por eso a la ciudad se le llamó Babel, porque fue allí donde el Señor confundió el idioma de toda la gente de la tierra, y de donde los dispersó por todo el mundo” (Gén. 11: 7).

El nombre de la primera ciudad que construyeron fue “Babel”, que significa simplemente “confusión” o “mezcla” (“babel” se traduce como “mezcla” 37 veces en la Biblia). Ellos deseaban “ser famosos” y famosos se hicieron.

Imaginemos la escena: una ciudad con miles de personas trabajando unánimes, que aparte de construir la ciudad, erigían una gigantesca torre, la primera en ser construida después del diluvio, cuyo tamaño llegaría “hasta el cielo” (el hecho de haber escogido este diseño tal vez indique que ellos sabían de estructuras similares anteriores al diluvio). Quienes trabajaban en los pisos superiores de la estructura necesitaban que los de abajo les suministraran los materiales. Para ello, se iban pasando la voz hasta que las solicitudes llegaban abajo. De esta forma los materiales eran transportados hasta llegar al tope de la estructura.   

Pero entonces ocurrió algo inesperado: de repente no pudieron entenderse entre sí. Quizá los que estaban lado a lado se entendían, pero los de abajo comenzaron a oír solo galimatías o frases sin sentido en vez de los acostumbrados pedidos de materiales. La escena debe haber sido caótica. Es difícil imaginar lo que sucedió. A todos se nos ha dicho alguna vez que en cierto punto de esa “confusión” tuvieron que abandonar la construcción de la ciudad y repartirse “por todo el mundo”. Más adelante estudiaremos la evidencia que muestra que ciertamente fue en esta área en donde se originaron los distintos idiomas que ahora conocemos.

Nimrod, el gran cazador

En el capítulo 10 de génesis se nos presenta “la mesa de las naciones”, donde se habla de todos los descendientes de los hijos de Noé y de cómo se dispersaron por la faz de la tierra. En ese mismo capítulo se cuenta la historia de Nimrod, hijo de Cus, nieto de Cam:

“Cus fue el padre de Nimrod, conocido como el primer hombre fuerte de la tierra, quien llegó a ser un valiente cazador ante el Señor. Por eso se dice: «Como Nimrod, valiente cazador ante el Señor” (Gén. 10: 8).

Existen muchas tradiciones acerca de Nimrod, pero el único dato confirmado de él es lo que se leímos arriba y lo que podemos obtener de cuentos y tradiciones. Hasta el tiempo de Babel la gente había permanecido en la misma región donde vivía Noé, quien sin duda era la figura de autoridad máxima (no olvidemos que se regían por el sistema patriarcal). Nimrod es la primera persona de quien la Biblia habla de forma particular después del relato del diluvio. Veamos quién era.

Se dice que Nimrod fue “el primer hombre fuerte de la tierra”, lo que quiere decir que era un hombre de poder e influencia. Después se afirma que Nimrod fue un “valiente cazador”, algo que algunos asumen como que fue un conquistador. Pero analicemos esto: la familia de Noé había dejado el área del arca para establecerse en otro lugar y construir una ciudad con el propósito de no tener que dispersarse. Esto significa que todos estaban de acuerdo. No existía nadie a quien conquistar. La Biblia dice claramente que Nimrod era un cazador, no un conquistador.

¿Por qué un cazador?

Después del diluvio el reino animal tuvo que resurgir de cero. Con el paso del tiempo los animales se multiplicaron lo suficiente como pare ser liberados y dispersarse por toda la tierra. Los animales depredadores como los tigres y los leones se reprodujeron  en camadas en mayor número que los humanos o los animales domésticos como el ganado vacuno, las ovejas y las cabras, que suelen tener una o dos crías por parto.

Pensemos en estos feroces animales, que se multiplican rápidamente y andan sueltos. Suena lógico que la gente haya estado temerosa. Me recuerda esas viejas películas en las que animales salvajes en África atacaban y mataban a las personas en sus tiendas mientras estas viajaban a través de la densa vegetación. Tal vez Nimrod se convirtió en el gran “protector” de las personas al cazar y matar a estos animales. Esto le habría otorgado una tremenda influencia y poder entre el pueblo.

Si Nimrod adquirió o no esta reputación mientras estaba en la región de Noé, no lo sabemos. Si fue así, es lógico que el pueblo se haya sentido protegido y confiado de aventurarse a un mundo desconocido gracias a su compañía, lo que lo habría colocado en una posición de autoridad.

Evidencias adicionales de su gran fama son el tema recurrente en las inscripciones y monumentos de los reyes y gobernantes de civilizaciones subsiguientes. En ellas se define a los reyes como “poderosos cazadores”, una especie de tradición que parece haber comenzado con Nimrod. Por haber sido un gran cazador y protector, fue un gran líder, lo que dejó un profundo legado que influyó en las vidas de millones de personas en las generaciones futuras y que siguieron religiones paganas que parecen haberse iniciado con Nimrod. De hecho, Algunos de los conceptos que se originaron con él han permanecido a través del tiempo, y su influencia puede hallarse en casi todas las religiones modernas.        

Continuación del capítulo 1
Nacimiento del paganismo

Las evidencias arqueológicas en toda la región del medio oriente revelan que las gente adoraba ídolos desde muy temprano en la historia, incluso desde antes de desarrollarse la escritura. Estos ídolos muestran que había mucha clase de “dioses”, que pronto se consolidaron en “panteones” de dioses en cada una de las religiones paganas.

Sin duda Satanás siempre se ha mantenido ocupado tratando de apartar al pueblo de Dios de la verdad. Una vez que estos se separaron de Noé, se convirtieron en sus víctimas fáciles. Ron siempre dice que si Satanás fue lo suficientemente astuto como para engañar a una tercera parte de los ángeles del cielo; y también a Adán y Eva, que fueron los seres humanos más perfectos jamás creados, qué quedará de nosotros si no mantenemos una relación sólida con el Dios verdadero. La Palabra nos dice:   

“Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer; lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡y no hay nada nuevo bajo el sol! Hay quien llega a decir:
‘¡Mira que esto sí es una novedad!’ Pero eso ya existía desde siempre, entre aquellos que nos precedieron” (Ecl. 1: 9, 10).

El propósito de Satanás al crear su “nueva” religión era corromper la religión verdadera. Como antiguo habitante del cielo, conocía el plan de salvación y sabía acerca del sistema de sacrificios y lo que este representaba. Sabía que el Hijo de Dios vendría algún día a la tierra en forma humana; conocía el trabajo de los mensajeros de Dios o ministros espirituales (los ángeles); y cómo trabajaba su legión de ángeles caídos. Así que usó su conocimiento para contaminar la religión verdadera y convertirla en pagana. Él es un experto en usar a los hombres y sus motivaciones egoístas para lograr sus bajos designios.  

Uno de los ídolos más comunes que se encuentra por toda el área es el de la llamada “diosa de la fertilidad”. Después del diluvio, la prioridad entre las personas fue la procreación: tener hijos y reproducir rápidamente los animales y los cultivos. También existe evidencia de adoración a la naturaleza, especialmente al sol y la luna. Todo dependía del sol para la vida. A la luna se le asociaba quizá a las temporadas de plantación, etc. Esto no lo tenemos muy claro.  

Los panteones solían estar compuestos de ocho dioses, el mismo número de personas que sobrevivieron al diluvio en el arca.  A estos ocho “dioses” se les adjudicaron los atributos del Dios verdadero y allí comenzó todo el asunto. De esta manera fue incorporado al sistema pagano el concepto de la adoración a los ancestros. Este es un tema extremadamente complejo, pero algo es seguro: cuando los seres humanos comenzaron a dispersarse por la faz de la tierra, desarrollaron la adoración al sol y la llevaron con ellos a donde fueron. Esto indica que el concepto religioso de adoración a la “naturaleza”, que también se manifestó como adoración a los “antepasados”, se desarrolló ANTES de la confusión de las lenguas

¿Cómo pudo apartarse tan rápidamente la gente de la verdad?  
 
La evidencia que tenemos revela que Nimrod fue quien desarrolló el concepto del sol y la luna. De hecho, él mismo afirmaba ser un dios. ¿De dónde sacó todo esto? Reflexionemos por un momento en su situación. La humanidad estaba comenzando de cero, por decirlo de algún modo. Mientras las personas permanecieron alrededor de Noé estuvieron en contacto permanente con el conocimiento del Dios verdadero. Pero la vida era dura. Cuando Dios creó a los seres humanos en el Edén, todo era perfecto. Ahora, sin embargo, después del cataclismo del diluvio, la superficie de la tierra estaba desvastada. La tierra debía ser cultivada, y los animales criados y atendidos. Todo debía ser reestablecido bajo estas difíciles condiciones.   

Al escuchar la historia del diluvio y de la maldad de la humanidad, da la impresión de que con el tiempo la mayoría de las personas quisieron apartarse de Noé y el Dios verdadero para hacerse “un nombre”. Al parecer ellos también deseaban una nueva religión con un nuevo dios, o por lo menos lo intentaron rápidamente. El Dios de Noé no se veía por ninguna parte, pero los sustitutos de Satanás sí, así fuese en una estatua de piedra o en la presencia física del sol (esto hoy sigue sucediendo en cierta medida).

La creencia pagana en la inmortalidad

La naturaleza de su “nueva” religión  revela (según las evidencias arqueológicas) que estaba basada en la aceptación de la primera mentira que Satanás le dijo a Eva cuando la persuadió a comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal: 
 
“Pero la serpiente le dijo a la mujer: ‘¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal’”

La primera mentira es que el hombre no muere, que es inmortal. Esta mentira ha vivido en el concepto popular de la “vida después de la muerte” a pesar de que la Palabra de Dios afirma:
 
 “Los muertos no saben nada” (Ecl. 9: 5).

“Exhalan el espíritu y vuelven al polvo, y ese mismo día se desbaratan sus planes” (Sal. 146:4)

“A cual Dios a su debido tiempo hará que se cumpla. Al único y bendito Soberano, Rey de reyes y Señor de señores, al único inmortal” (1 Tim. 6:15, 16).

La promesa de la vida eterna para los justos es la recompensa FUTURA que recibirán en la resurrección:

“En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados. Porque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: ‘La muerte ha sido devorada por la victoria’” (1 Cor. 15: 52).

Los registros antiguos revelan el increíble alcance que obtuvo la creencia de la vida “después de la muerte”, y la necesidad de apaciguar a los “dioses” para asegurarse buena fortuna en esta vida y en la vida futura.

La evidencia arqueológica sugiere que cada grupo que abandonó la región del arca tuvo la creencia en alguna clase de idolatría, ya que sus sepulcros aparecen llenos de “cachivaches” para que la persona se los lleve a la “otra vida”. 

Los ídolos más antiguos parecen indicar que las personas comenzaron a adorar a una diosa a la que etiquetaron como la “diosa de la fertilidad”. Luego aparecen ídolos de animales, sobretodo de toros. El ganado, después de todo, fue vital para los primeros pobladores del mundo postdiluviano debido a la producción de leche y por su carne.

Luego en las grandes civilizaciones como Egipto y las ciudades de la parte alta y baja del Éufrates aparecen una serie de dioses y diosas encabezados por un dios que se consideraba el creador, junto a su hijo favorito, que terminaba siempre siendo el “dios” sol. Incorporados a estas “religiones” ya establecidas estaban las “diosas madre” y los “dioses toro”, entre otros. Pero lo más importante que debemos considerar acá es que los reyes y los líderes de estas civilizaciones antiguas afirmaban ser los representantes terrenales del dios sol, y en algunos casos, su reencarnación.    

Quienes quieran estudiar este asunto en profundidad, deben leer el libro (en inglés) The two Babylons [Las dos Babilonias] de Alexander Hislop. En una cita de esta obra, cuyo propósito es exponer la influencia de estas religiones paganas que aún se manifiestan en las religiones modernas, en las que se incluye lamentablemente el cristianismo, dice lo siguiente:

“El objeto [de esta religión pagana] era unir a la humanidad en una sumisión ciega y absoluta a una jerarquía absolutamente dependiente de los soberanos de Babilonia”.

Pensemos en esto: Los líderes poderosos, comenzando por Nimrod, podían hacer que la gente hiciera lo que ellos quisieran con solo convencerlos de que ellos (los líderes) eran “la encarnación de dios” o al menos su representante elegido en esta tierra, y que debían obedecer a este “dios” (o su representante) so pena de sufrir terribles torturas en la oscuridad del mas allá después de su muerte, atormentados por monstruos y criaturas horribles.

De esta forma convencían a las personas de que el éxito de sus cosechas, de la cría de su ganado, o de la fertilidad de su vientre, dependía de cuán feliz estuviese ese “dios” que expresaba sus deseos a través de su “representante terrenal”. La mediación de Cristo, el Hijo de Dios, fue reemplazada entonces por un ser humano, sea el sacerdote o el rey, quien hablaba de forma infalible de parte de un “dios”, o que afirmaba ser la reencarnación de este, rigiendo los destinos de la humanidad. Este concepto se ha mantenido a través de las edades hasta hoy, cuando los hombres adoran a Dios en vano, “enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Mat. 15: 9) y “doctrinas de demonios” (1 Tim. 4: 1). 

La dispersión de los seres humanos por la tierra

El capítulo 10 de Génesis nos habla de manera general de los tipos de personas que se dispersaron.

El versículo 10, sin embargo, incluye cierta información adicional sobre Nimrod y su reino: “Y fueron cabeceras de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, ciudades en la tierra de Sinar”. El hecho de que se mencione que tenía un “reino” implica que tendría sucesores. Su reinó llegó incluso a fundar cuatro ciudades.

¿Dónde estaban ubicadas estas ciudades? Nimrod era hijo de Cus, quien fue hijo de Cam. Los cusitas fueron quienes se establecieron en Egipto, Arabia y Etiopía. Sin embargo, las ciudades de Nimrod eran las “cabeceras de su reino”, ubicadas “en la tierra de Sinar”, algo que ya discutimos anteriormente. En la siguiente cita veremos que de esta área que contenía las ciudades de Nimrod, fue que Asur, uno de los hijos de Sem, salió para fundar SUS ciudades:  

“De esta región salió Asur, que construyó las ciudades de Nínive, Rehobot-ir, Quélah y la gran ciudad de Resen, que está entre Nínive y Quélah” (Gén. 10: 11, 12, versión Dios habla hoy de la Biblia).
     
La cronología bíblica indica la dirección en la que viajaron, PRIMERO desde su lugar de origen en Sinar; y DESPUÉS desde esta área (que fue en donde el reino de Nimrod tuvo su “origen”). Asur salió a fundar estas ciudades. Esto indica que las primeras ciudades de Nimrod estaban entre Babel (o cerca de ella) y las ciudades que fundó Asur. En el mapa podemos apreciar que la ubicación que Ron estableció para Babel es en la planicie a la orilla del Éufrates, a solo unas cuantas millas del nacimiento del Tigris. Al parecer lo que hizo Asur fue seguir el curso del Tigris, apartándose del área inmediata de Babel en la parte sur de Turquía central y fundar sus ciudades al este.   

Nuestra conclusión es que ninguna de las ciudades de Nimrod han sido identificadas con precisión. Quienes habitaron la última ciudad de Babilonia (hace más de mil años) y las regiones al sur NO eran cusitas como Nimrod. Y como los cusitas se establecieron en Egipto, Arabia y Etiopía, lo más seguro es que no viajaron siguiendo la dirección del Éufrates sino más bien a lo largo de la costa del Mediterráneo hacia Canaán, que es la ruta más directa.

Canaán, por cierto, fue habitada por los cananeos, también descendientes de Cam, lo que confirma más el hecho de que las familias solían emigrar juntas aunque no hablaran el mismo idioma. El hecho de que Nimrod era un “líder” hace lógico que los cusitas lo hayan seguido al menos durante un tiempo; y que quizá después, a lo largo de su travesía, al encontrar tierras buenas en Canaán, algunos se hayan establecido en ellas, mientras que otros hayan continuado viajando hacia el sur. 

Como los cusitas terminaron en Egipto, Arabia y Etiopía, es probable que él también haya terminado en esa región. Después de todo, las ciudades que se nombran como suyas se dice que eran las “CABECERAS de su reino”. ¿Dónde está entonces el resto? La civilización antigua que exhibe la mayor evidencia de Nimrod, su esposa y su hijo Tammuz es Egipto, en donde se le adoró como Osiris (el dios martirizando) y Horus (la reencarnación de Osiris).

El asunto es que no existe evidencia concreta de la ubicación de sus ciudades por el simple hecho de que no existía ningún sistema de escritura para registrar los acontecimientos históricos.

Asur abandona el primer reino de Nimrod para fundar su propio reino

Se dice que Asur fundó Nínive, Rehobot-ir, Quélah y Resen. Al sureste de donde pensamos que estaba Babel, en el río Tigris, están los restos de una enorme ciudad antigua identificada como Nínive. Los registros escritos del lugar indican que efectivamente así se llamaba.

Sin embargo, no es posible comprobar si la ciudad identificada como Calah es efectivamente Calah. Hay algo que debemos considerar y que ya hemos discutido. Todos sabemos que cuando llegaron los primeros colonos a Estados Unidos, comenzaron a fundar ciudades y a nombrar ríos con los mismos nombres de las ciudades y los ríos que dejaron en Inglaterra. El mismo Noé y su familia nombraron dos ríos que tenían cerca, el Tigris y el Éufrates, con los mismos nombres de dos ríos que existían en el mundo antediluviano.   

A las ciudades antiguas muchas veces se les ponían los nombres de personas o de patriarcas que se establecían allí. Más tarde comenzaron a usarse los nombres de los dioses de esas ciudades, que no eran más que ancestros “deificados”. Por lo tanto, si alguien fundaba una ciudad y luego la abandonaba para irse a otro lugar, existía la posibilidad que quien llegar a ese sitio le pusiera un nuevo nombre.  

Estas son posibilidades que debemos considerar. Es decir, no podemos estar seguros de las ciudades de Asur, excepto por Nínive. Sin embargo, hay evidencia, y esto lo discutiremos a continuación, que indica que las ciudades en la región que se llamó más tarde “Babilonia”, fueron fundadas por Asur (“Asiria”) o por lo menos por sus descendientes. 

Continuación del capítulo uno
Babilonia NO era la ciudad de Nimrod

Lo siguiente que veremos es que la ciudad de “Babilonia” (más de mil años después de la dispersión de Babel) y su región, “la tierra de los caldeos” que se menciona en el Antiguo Testamento (a partir de 2 Reyes 17: 24 y hasta el final del Antiguo Testamento), NO es la misma ciudad o reino que fundó Nimrod. Esta ciudad y la región que posteriormente se llamó Babilonia fue de hecho fundada por los asirios: 

“¡Mira la tierra de los caldeos! Este pueblo no existía. Asiria la fundó para los moradores del desierto. Levantaron sus fortalezas, edificaron sus palacios; él la convirtió en ruinas” (Isa. 23: 13).

La inscripción más antigua donde se nombra a Babilonia se encuentra en el texto sargonico de Sar-kal-Sarri, que revela que la palabra hebrea es una adaptación semita de la palabra hurrita Papil/Papal (NI, p. 245). En los registros sumerios su nombre más antiguo es Ka-dingir, que significaba “la puerta de Dios” en sumerio. Encontramos luego en las inscripciones antiguas que Babilonia no era en sus orígenes la capital de una nación poderosa, sino un centro provincial bajo la llamada tercera dinastía de Ur (localizada en el sur, cerca del golfo Pérsico). Esta se convirtió después en el centro de un pequeño reino amorreo llamado “la dinastía de Martu”. El famoso Hamurabi fue el sexto rey de esta dinastía. 

Y desde entonces Babilonia fue conquistada una y otra vez por diferentes pueblos. Una práctica común de conquistadores posteriores fue la de destruir las referencias a los “dioses” y los reyes anteriores y reescribir la historia para honrarse a sí mismos y a sus dioses.

El texto que citamos más afirma que la tierra de los caldeos fue fundada por los asirios “para los moradores del desierto”. Aunque los primeros asentamientos de los amorreos mantuvieron contactos políticos y diplomáticos con otras ciudades, su estilo de vida era esencialmente nómada. El mito de su dios, Martu y su matrimonio, refleja el patrón de vida nómada que tipifica al amorreo montañés como ajeno a la agricultura o a la urbanidad. Esta descripción coincide con la descripción bíblica de la fundación de la tierra de los caldeos por parte de los asirios “para los moradores del desierto” o los amonitas.    

Babilonia fue fundada por los asirios, y luego conquistada repetidamente por otros pueblos.

Para explicarlo más claramente, el área llamada después Babilonia fue fundada por los descendientes de Asur (“el asirio”) quien dejó el área de Babel y se dirigió al sureste a lo largo del río Tigris, construyendo Nínive y las otras ciudades mencionadas en Génesis 10: 10. 

A Babilonia se le llamó “la tierra de los caldeos” cuando Nabopolasar (un caldeo), el padre de Nabucodonosor, derrotó a los asirios en la batalla por Babilonia y tomó el trono alrededor del año 626 a. C. (AH, p. 124). La información específica sobre quién era este Nabopolasar no la sabemos. En sus propias crónicas él se califica como “el hijo de nadie” que Marduk escogió a causa de su piedad (NI, p. 326). Esto tal vez indica que provino de un pueblo que no fue unificado por un gobernante anterior a él; o que él tomó el poder. Cualquiera sea el caso, con él comenzó la supremacía del imperio “caldeo” que tomó el control de Babilonia.

¿De dónde provinieron estos caldeos? La evidencia indica que su origen incluía el área sur de Turquía central, debido a ciertas inscripciones encontradas que hablan de que tanto Nabucodonosor (segundo rey del imperio caldeo) como Nabodinus (último rey, cuyo hijo Belsasar, fue corregente en Babilonia) edificaron templos a “Sin” la diosa luna en HARRAN, a unas 80 a 100 millas (128 a 160 km.) al sur del lugar identificado por Ron como Babel. Las inscripciones también muestran que tanto Nabodinus como su madre eran de Harran.  

La razón por la que se asume que la Babilonia de Nabucodonosor era la misma Babel original es porque “cuando los judíos fueron llevados cautivos a Babilonia, se quedaron asombrados con las características peculiares y el gran número de templos babilónicos que resemblaban a la torre de Babel (SB, p. 68, bajo “Torre de Babel”).  

La división de la tierra en los días de Peleg

Para poder determinar cuándo ocurrió la construcción de la torre y la confusión de las lenguas en Babel, debemos contar con algunos puntos de referencia en el tiempo. El registro bíblico indica que el diluvio ocurrió alrededor del año 2348 a. C. En el año 2247, 101 años después, leemos que Peleg nació en los días en que “fue repartida la tierra”. La palabra “peleg”, según la Young’s Analytical Concordance to the Bible [Concordancia analítica de Young] significa literalmente “un cauce de agua artificial”. La palabra hebrea “peleg” se encuentra 16 veces en la Biblia: siete veces por el nombre “Peleg”, y nueve veces en la que se le traduce como “río”. Nosotros creemos que esta es la clave para entender CÓMO fue dividida la tierra. 

En el libro Discovered- Noah’s Ark [El descubrimiento del arca de Noé] de Ron Wyatt, él explica su teoría de que las aguas del diluvio estaban congeladas en los polos (extendiéndose hacia afuera y cubriendo aproximadamente la mitad de la superficie de la tierra) a causa del fuerte viento que secó las aguas en el lugar en donde descansó el arca. Sabemos que algunos de los glaciares se extendían hasta unos 40 grados N.

En algún momento hubo una gran actividad volcánica que hizo que parte de los glaciares se derritiera, formando “mares internos de agua descongelada” que luego colapsaron, elevando el nivel del mar y separando los continentes. Esto, a nuestro juicio, ocurrió DESPUÉS de la confusión de las lenguas, cuando la gente abandonó Babel y se dispersó por varias partes del mundo. Esta circunstancia habría sin duda aislado a los diferentes grupos humanos y los animales en los continentes y las islas, tal como sucedió con las diferentes especies de animales que viven en lugares como las islas Galápagos o Australia, que no se encuentran en otros lugares de la tierra; o la separación y aislamiento de muchas razas humanas.  

En â‚atal Hyk, un lugar en donde existió un asentamiento humano muy antiguo (al oeste de Turquía central) quizá posterior a Babel, pero igualmente antiguo, los excavadores encontraron “un mural en el que las edificaciones que conformaban el pueblo se muestran frente a un volcán en erupción (PH, p. 19). Cerca del lago Van hay un volcán extinto llamado Nemrut Da (que no es el mismo que Ron y Richard visitaron en 1990 al oeste del Éufrates) que era la mayor fuente de obsidiana en el área.

Las trazas de elementos únicos contenidas en la obsidiana de Nemrut Da, permitieron identificar que la obsidiana que fue encontrada en muchos de los asentamientos más antiguos provino de este volcán; lo que confirma que este estuvo activo en épocas muy remotas. Existen otras evidencias adicionales de actividad volcánica muy remota, toda posterior al diluvio. Todo esto refuerza la explicación de Ron de la “repartición de la tierra”.   

¿Cuándo ocurrió esto entonces? La Biblia no dice que fue cuando Peleg nació, sino que fue “en sus días”. Él murió a la edad de 239 años (340 años después del diluvio), así que pudo haber sido en cualquier momento entre el 2247 a. C. Y el 2008 a. C.

¿Pero de dónde salió tanta gente, si tan solo habían pasado unos pocos cientos de años? Bien, Peleg nació 101 años después del diluvio, es decir, era tatara-tataranieto de Noé (Peleg hijo de Heber, hijo de Sala, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé). Es decir, hubo cuatro generaciones durante los primeros 101 años después del diluvio; y como el propósito de Dios al “repartir la tierra” era asegurar que la raza humana continuara dispersándose por toda la tierra en vez de concentrarse en un solo lugar, suena lógico que no haya ocurrido hasta que un número suficiente de personas se hubiera ubicado en varios lugares. 

¿Cuánto tiempo se tardó repoblar la tierra?

Para tener una idea clara de cuánto tiempo se tardó la población en crecer, hice un pequeño cálculo. Sabemos que Sem tuvo cinco hijos, Cam cuatro, y Jafet siete. Estos deben haber tenido al menos la misma cantidad de hijas a fin de proveer de esposas a sus hijos. Si cada pareja tuvo un promedio de diez hijos, comenzando a tenerlos aproximadamente a los 25 años, y suponiendo que hubo una cantidad igual de varones y de hembras para que hubiesen matrimonios, llegué a la siguiente conclusión.

La generación después de Noé – Proyección óptima de población

       Al cabo de los primeros 25 años habrían 38 personas: Noé y su esposa; Sem, Cam y Jafet y sus esposas, y sus 30 hijos.

Al final de los siguientes 25 años (50 años después del diluvio), estos 30 niños se casaron y produjeron 150 hijos. Los 8 originales, más sus 30 hijos, más sus 150 hijos, harían un total de 188 personas. 

A medida que esta serie progresa, al final de los 75 años habría un total de 938 personas.

       Al cabo de cien años tendríamos 4.688 personas, suponiendo que nadie hubiera muerto.

       En 125 años habrían 23.438

 En 150 años habrían 117.188

    En 175 años habrían 585.938

 ¡En 200 años habrían 2.929.688!

 Obviamente, aunque la perspectiva de vida era más alta para ese entonces, esta comenzó a declinar rápidamente. Asumamos entonces que un millón (casi un tercio de la población) murió durante ese período de 200 años. Eso dejaría la suma en 1.929.688.

  Al término de 225 años, con un crecimiento sostenido, habrían 13.648.438 personas.

Si otros dos millones murieron, al término de 250 años habrían habido 70.242.188

¡Y en 275 años, el total habría sido de 363.210.938!

Para el año 300, es decir, el 2048 a. C., tal vez habrían muerto unas diez millones de personas, pero aun así, ¡la población habría sido de casi dos mil millones! ¡1.818.054.688! ¡Faltando todavía 52 años para el nacimiento de Abraham!

El hecho de que alguien muriera sin dejar descendencia era tan raro, que la Biblia menciona un caso en 1 Corintios 2: 10. Parece que la tierra, los animales y las personas estaban bendecidas con una fertilidad especial que ayudó al florecimiento de la vida en el planeta.

Por supuesto, yo no pretendo que mi cálculo sea preciso, pero nos dan una idea de cuán lenta pudo haber comenzado la repoblación de la tierra, y de cómo comenzó a incrementarse repentinamente. Y a pesar de que no pareciera ser un período de tiempo muy largo, son muchas las cosas que pueden pasar en solo 300 o 400 años. Si mi cálculo es muy alto en un 50 por ciento, ¡aún seguiría siendo una enorme cantidad de personas en un cortísimo período de tiempo!

Para el tiempo en que Abraham fue a Canaán, solo 427 años después del diluvio, ya las diferentes naciones estaban establecidas sobre la tierra. Egipto era un imperio con sus faraones; los hijos de Het (los hititas) ya eran conocidos; Habían reyes de Sinar, Elasar, Elam; y habían refaítas, zuzitas, emitas, horeos, amalecitas, amorreos, etc. Si nos ponemos a ver, 427 años no es nada en el registro histórico, pero si creemos que es imposible que todo esto haya ocurrido en tan poco tiempo, veamos solo cómo ha crecido Estados Unidos en los últimos 200 o 300 años.

¿Cuándo sucedieron los acontecimientos de Babel y la repartición de la tierra?

Yo me atrevo a decir que alrededor de los años 150 a 175 después del diluvio (2198-2148 a. C.) , pero esta es una suposición basada en el tiempo que habría tomado tener suficientes personas en la tierra. Tal vez fue mucho antes, o quizá mucho después. También intuyo que Babel estaba poblada desde antes de la confusión de las lenguas y la repartición de la tierra que le siguió (esto debe haber ocurrido a más tardar 340 años después del diluvio, ya que Peleg murió cerca del 2008 a. C.). Pero este es solo un cálculo especulativo mío, basándome solo en la suma de los años que la Biblia da desde el diluvio hasta la muerte de Peleg. 

Ninguna evidencia del monte Ararat hasta muchos años después del diluvio

Al tratar de fechar y ubicar acontecimientos y lugares del tiempo justo después del diluvio, es muy difícil encontrar evidencia “directa” dado el gran número de años que han pasado desde entonces. Sin embargo, podemos sacar algunas conclusiones concretas gracias a la influencia “indirecta”. Aunque más adelante estudiaremos en detalle las evidencias arqueológicas, queremos aprovechar este momento para mencionar que los excavadores en la región han encontrado evidencia que muestra que el monte Ararat tradicional en donde los “buscadores del arca” suelen trabajar, no se formó sino muchísimos años después del diluvio.

En excavaciones de antiguos asentamientos en las regiones de Turquía central y oriental, y en Irán occidental y la Unión Soviética (el área que fue llamada alguna vez “Ararat, o Urartu”) se han encontrado muchos objetos y herramientas de obsidiana, que es un material que se obtiene de los volcanes. Dadas las características únicas de la obsidiana, es posible comparar los especimenes encontrados en los diferentes asentamientos arqueológicos con otras fuentes cuya obsidiana exhiba las mismas trazas de elementos. Los análisis muestran que los asentamientos primitivos de esta región obtuvieron la obsidiana del Nemrut Da, el volcán al norte del lago Van, a unas 70 millas al sur del monte Ararat. 

Las excavaciones de los asentamientos en Asiria, como el de tell es-Sawwan cerca de Nínive, revelan restos de obsidiana que con seguridad fue importada del monte Ararat. Esto indica que los asentamientos primitivos (en la vecindad inmediata de la ubicación actual del monte Ararat) no deben haber viajado muy lejos para obtener la obsidiana para la fabricación de sus herramientas, ya que esta estaba disponible en su propio “patio trasero”. Por lo tanto, el monte Ararat no debe haberse formado sino hasta unos cientos de años después, ya que la primera evidencia de herramientas fabricadas con obsidiana se encuentra en áreas (como Asiria) que se establecieron muchos años después que los habitantes de Babel.