Boletín 11: Abril de 1995

Profecía

Fue un estudio de la profecía hace muchos años lo que llevó a Ron Wyatt a creer firmemente en lo que dice la Biblia. El cumplimiento completo y extremadamente preciso de las profecías escritas hace miles de años fueron para él una evidencia abrumadora de la inspiración divina de este libro. Esto, aunado a las evidencias arqueológicas de los últimos siglos, fueron las cosas que incentivaron a Ron en su trabajo.

Uno de los descubrimientos arqueológicos que le otorgaron un fundamento sólido para aceptar la versión inglesa “King James” de la Biblia fueron los rollos del Mar Muerto. Contentivos de fragmentos de todos los libros del Antiguo Testamento, con excepción de uno solo, pudo ver que eran casi idénticos a los textos usados en la traducción de la versión King James. Aquí, por primera vez, habían fragmentos escritos antes y quizás durante el tiempo de Cristo que verificaban nuestra Biblia. Las voces que pregonaban que la Biblia no era confiable debido a errores ocurridos a través de los años quedaban ahora silenciadas, al menos para él. 

A sabiendas de que las Escrituras del Antiguo Testamento fueron preservadas sin alteraciones en los textos usados para traducir la versión King James, Ron encontró evidencia de que estas Escrituras eran verdaderamente inspiradas. Al estudiar las profecías de Daniel y Apocalipsis, además de otras profecías dispersas por toda la Biblia, descubrió que todas las que se habían cumplido lo habían hecho de una manera asombrosa. Ron no encontró defecto alguno en la cadena de profecías.

Sin embargo, ahora escuchamos constantemente a maestros de las profecías que presentan interpretaciones de eventos proféticos (que Ron creía que ya se habían cumplido) de una forma que los coloca en el futuro. Lo que intentaremos hacer en este boletín es presentar nuestras creencias—basadas en las Escrituras— en cuanto a la veracidad de las profecías y también parte del simbolismo que se usa en la profecía. El lector descubrirá que creemos que estamos mucho más cerca del regreso de Cristo que la mayoría de las interpretaciones. Un asunto que nos gustaría enfatizar es que POR FAVOR lean las Escrituras que se presentan en este boletín. Estas son la única norma para aceptar un principio bíblico. Por favor, no las pase de largo para solo leer nuestros comentarios, porque sin las Escrituras, estos no tienen valor.  

¿POR QUÉ CREEMOS QUE EL REGRESO DE CRISTO ESTÁ CERCA?

Entre todas las diferentes interpretaciones de las profecías relacionadas al regreso de Cristo, todas tienen algo en común: todas afirman que este acontecimiento está cerca. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de seis mil años? ¿Por qué no al final de los próximos mil años? Hay un pasaje de la Biblia que indica que la tierra tendrá seis mil años de existencia bajo el pecado, y entonces Cristo regresará:

“Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: ‘¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación’. Pero intencionalmente olvidan que desde tiempos antiguos, por la palabra de Dios, existía el cielo y también la tierra, que surgió del agua y mediante el agua. Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado. Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. Pero no olviden, queridos hermanos, que PARA EL SEÑOR UN DÍA ES COMO MIL AÑOS, Y MIL AÑOS COMO UN DÍA. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan. Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada (2 Ped. 3:3-10).
 
En esta cita, Pedro habla del tiempo en que ocurrirá “el día del Señor” (vers. 10), de los burlones que dirán, “¿Ustedes pretenden que creamos que él viene después de todo este tiempo desde el principio del mundo hasta ahora en que no ha pasado nada?” (vers. 3, 4). Pero Pedro asegura a sus lectores que Cristo regresará y les da un poco de información que piensa que deben saber. Esta información asegura que estos tengan una idea de CUANDO ocurrirá esto. Nos dice que para Dios UN DÍA es equivalente a un año y viceversa. Por lo tanto, “el día del Señor” del que habla Pedro, debe entenderse como un período de mil años, según nos explicó. 

Otra cosa que debemos entender es que Pedro aquí se refiere al hecho de que “por la Palabra de Dios” el cielo y la tierra fueron creados. Esta referencia a Dios como el Creador es la que le da sentido al principio de “un día como mil años”. La referencia de Pedro a Dios como el “Creador” se refleja en el cuarto mandamiento y en la afirmación que lo identifica como el verdadero Dios, el “Creador” del cielo y de la tierra. Él la creó en seis días y descansó en el séptimo. 

“Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo” (Éxo. 20: 8-11).

Tipos y sombras: vitales para entender las profecías

¿Es posible que la creación de la tierra en seis días por parte de Dios (descansando el séptimo), sea el mismo principio que reflejan los seis mil años que debe existir el planeta en un estado de pecado y de esclavitud bajo el dominio de Satanás (descansando los últimos mil años)? Nosotros creemos que sí. Un claro establecimiento de este principio se ve cuando Dios da las instrucciones sobre los años sabáticos:

“Que les dijera a los israelitas: ‘Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra misma deberá observar un año de reposo en honor al Señor. Durante seis años sembrarás tus campos, podarás tus viñas y cosecharás sus productos; pero llegado el séptimo año la tierra gozará de un año de reposo en honor al Señor. No sembrarás tus campos ni podarás tus viñas; no segarás lo que haya brotado por sí mismo ni vendimiarás las uvas de tus viñas no cultivadas. La tierra gozará de un año completo de reposo’” (Lev. 25: 2-5).

El cuarto mandamiento habla del descanso sabático para el hombre, PERO AQUÍ leemos sobre el descanso sabático para LAS TIERRAS de cultivo. De esta forma, y según los tipos bíblicos, ¿podría esto representar el patrón de 1/7 para el “descanso” del planeta tierra?

En la siguiente cita Dios establece un ciclo de siete sábados que son seguidos de un jubileo:

“Siete veces contarás siete años sabáticos, de modo que los siete años sabáticos sumen cuarenta y nueve años” (Lev. 25: 8).

El jubileo ocurre DESPUÉS que terminan los siete ciclos sabáticos o después que la tierra ha tenido su descanso 1/7 correspondiente:

“Y el día diez del mes séptimo, es decir, el día del Perdón, harás resonar la trompeta por todo el país. El año cincuenta será declarado santo, y se proclamará en el país la liberación de todos sus habitantes. Será para ustedes un jubileo, y cada uno volverá a su heredad familiar y a su propio clan. El año cincuenta será para ustedes un jubileo: ese año no sembrarán ni cosecharán lo que  haya brotado por sí mismo, ni tampoco vendimiarán las viñas no cultivadas. Ese año es jubileo y será santo para ustedes. Comerán solamente lo que los campos produzcan por sí mismos. En el año de jubileo cada uno volverá a su heredad familiar (Lev. 25: 9-13).

En el “tipo” parece que la tierra tendrá su descanso sabático. En la ley mosaica, esto se representaba por el séptimo año en la que la tierra no era trabajada. Después de siete de estos siclos, se celebraba el jubileo en el que todo era devuelto a sus dueños originales y se liberaba a todos los esclavos. El número siete se utiliza mucho en la Biblia y la mayoría de las personas aceptan el hecho de que este simboliza perfección. Por lo tanto, el simbolismo representado por el jubileo pareciera representar el tiempo POSTERIOR a la culminación de la existencia de la tierra en pecado Y el descanso final del planeta.   

Si el Señor regresa al final de los seis mil años, quedan entonces mil años de descanso para la tierra. DESPUÉS DE ESTO, comienza el jubileo en el que todo es restaurado. ¿Es este un concepto plausible? A nosotros nos parece que sí.

Lo que creía la iglesia primitiva.

¿Qué creía la iglesia primitiva? ¿Es esta idea del regreso de Cristo al final de los seis mil años un concepto “nuevo”? La respuesta es no. En su libro, Even at the door, G. Edward Reid suministra amplia evidencia sobre la creencia primitiva en este mismo concepto. En la página 129 de su libro, Justino Mártir (n. 100 m. 165) escribe al discutir sobre el milenio en su diálogo con Trifón, “Hemos percibido, además, que la expresión ‘el día del Señor son como mil años’ está relacionada a este tema’ (el milenio)” (Justino Mártir, Diálogo con Trifón, capitulo LXXXI. Notas de pie de página citan Sal. 90: 4 y 2 Ped. 3: 8.)

Ireneo (n. 130 m. 202) escribió, “Como el día del Señor es como mil años, y en seis días fueron completadas las cosas creadas, es evidente que estas llegarán a su final a los seis mil años” (Ireneo, Contra las herejías, Libro V, xxviii, 3. Nota de pie de página cita a 2 Ped. 3: 8).

Hipólito (m. 236) escribió, “El sábado es el tipo y el emblema del reino futuro de los santos, cuando reinarán con Cristo, cuando él regrese del cielo, como dice Juan en el Apocalipsis. Un día para el Señor es como mil años. Como Dios hizo todas las cosas en seis días, entonces deben cumplirse seis mil años” (Hipólito, Fragmentos de los comentarios, sección sobre Daniel 2, capítulo 4).

Profecía: “Tipos y sombras” en la ley mosaica

Después que Cristo murió, los apóstoles se esforzaron en tratar que los judíos entendieran los propósitos temporales de la ley mosaica, “el acta de los decretos”.

“Antes de venir esta fe, la ley nos tenía presos, encerrados hasta que la fe se revelara. Así que LA LEY VINO A SER NUESTRO GUÍA ENCARGADO DE CONDUCIRNOS A CRISTO, para que fuéramos justificados por la fe. Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía” (Gál. 3: 23-25).

Aquí la palabra “ley” también significa “ordenanzas” o “decretos” y se refiere claramente a lo que los judíos llamaban “la ley” (la ley de Moisés). No está hablando de los Diez Mandamientos (la ley de Dios). Todo en estas ordenanzas (la ley mosaica) estaba diseñado para señalar a Cristo y su obra tanto en la tierra como en el cielo. En Hebreos, Pablo explica que no había perdón en los sacrificios que se hacían bajo esa ley, pero que estos estaban diseñados para enseñar al pueblo sobre la obra del Mesías:

Así que era necesario QUE LAS COPIAS DE LAS REALIDADES CELESTIALES fueran purificadas con esos sacrificios, pero que las realidades mismas lo fueran con sacrificios superiores a aquéllos. En efecto, Cristo no entró en un santuario hecho por manos humanas, simple copia del verdadero santuario, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora ante Dios en favor nuestro. Ni entró en el cielo para ofrecerse vez tras vez, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. Si así fuera, Cristo habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Al contrario, ahora, al final de los tiempos, se ha presentado una sola vez y para siempre a fin de acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo […].LA LEY ES SÓLO UNA SOMBRA DE LOS BIENES VENIDEROS, Y NO LA PRESENCIA MISMA DE ESTAS REALIDADES. Por eso nunca puede, mediante los mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, hacer perfectos a los que adoran (Heb. 9: 23-10: 1).

Los “tipos y sombras” de la ley mosaica, que incluían el sistema de sacrificios, eran ilustraciones de las “realidades celestiales” (el santuario). Estas cosas nos enseñaron cómo opera Dios.

Como un Dios de orden y perfectamente misericordioso, él explicó el plan de salvación al hombre a través del sistema de “tipos y sombras” de la ley mosaica. Él no hace nada sin motivo. Le dio a la nación de Israel los años sabáticos y el jubileo para dejar impresas en sus mentes sus verdades.

En las ordenanzas que Dios le dio a Moisés para el establecimiento del gobierno de Israel, el jubileo era el tiempo en que la tierra se devolvía a sus dueños originales y los esclavos eran liberados. Todo era restaurado, por decirlo de algún modo. Sabemos que Satanás ganó el control temporal sobre el planeta mediante mentiras y engaños cuando persuadió a Adán y a Eva a desobedecer a Dios al comer de la fruta prohibida, y aún mantiene este control. El verdadero jubileo representa el tiempo cuando la tierra será devuelta a Dios, su “dueño” original y su Creador, quien dará a sus santos la herencia prometida. 

“Y tú, Torre del Rebaño, colina fortificada de la ciudad de Sión: a ti volverá TU ANTIGUO PODERÍO, la soberanía de la ciudad de Jerusalén” (Miq. 4: 8).

Y así como el jubileo ocurría DESPUÉS del séptimo ciclo sabático, durante el cual la tierra tenía su descanso, el VERDADERO jubileo ocurre DESPUÉS que la tierra completa sus siete “días típicos” que incluyen su descanso, correspondiente a mil años.

Aquí vemos el cuadro claramente: si un día equivale a mil años en los “tipos y sombras”, la tierra entonces existirá en pecado durante seis mil años (mil años por cada día de la semana activa de la creación), y observará su descanso sabático de mil años, durante el cual, la tierra no será trabajada ni cosechada. Esto se representa en el tipo por el año sabático:

“Pero llegado el séptimo año la tierra gozará de un año de reposo en honor al Señor. No sembrarás tus campos ni podarás tus viñas” (Lev. 25: 4).

ENTONCES, vendrá el verdadero jubileo, representado en el tipo por el año del jubileo:

“El año cincuenta será declarado santo, y se proclamará en el país la liberación de todos sus habitantes. Será para ustedes un jubileo, y cada uno volverá a su heredad familiar y a su propio clan” (Lev. 25: 10).

El VERDADERO jubileo llega. La tierra le es devuelta a Dios, su dueño original, quien entonces da la herencia prometida a su pueblo para que vivan en ella (la tierra) durante toda la eternidad.

El milenio: la tierra está “sin forma y vacía”
El asunto del milenio ha dado lugar a muchas interpretaciones. Algunos creen que la tierra ha estado cautiva por Satanás durante seis mil años, y que entonces, cuando Cristo regrese al final de estos seis mil años, él y sus santos vivirán en la tierra durante mil años. Sin embargo, esto no es lo que dice la Biblia. La Biblia habla de un tiempo en que la tierra estará completamente desolada, vacía e improductiva:

“Miré a la tierra, y era un caos total; miré a los cielos, y todo era tinieblas. Miré a las montañas, y estaban temblando; ¡se sacudían todas las colinas! Miré, y no quedaba nadie; habían huido todas las aves del cielo. Miré, y la tierra fértil era un desierto; YACÍAN EN RUINAS TODAS LAS CIUDADES, POR LA ACCIÓN DEL SEÑOR, POR CAUSA DE SU ARDIENTE IRA. Así dice el Señor: ‘Todo el país quedará desolado, pero no lo destruiré por completo. Por eso el país estará de luto, y los altos cielos se oscurecerán, pues ya lo dije, y no me retractaré; lo he decidido, y no me volveré atrás’” (Jer. 4: 23-28).

“La tierra disfrutó de su descanso sabático todo el tiempo que estuvo desolada” (2 Cró. 36: 21).

Este maravilloso pasaje nos dice que llegará un tiempo en que la tierra estará completamente desolada como resultado de haber sido destruida por la ira del Señor. También nos dice que aunque la tierra estaba desolada, no la destruirá “por completo”, lo que indica que algún día estará nuevamente habitada. Finalmente, se dice claramente que estos acontecimientos efectivamente sucederán: “pues ya lo dije, y no me retractaré; lo he decidido, y no me volveré atrás”. NO se trata de una promesa condicional, sino de un hecho. 

Promesas condicionales y profecías de acontecimientos futuros
Por toda la Biblia encontramos promesas que Dios hizo que estaban condicionadas a la obediencia. Es extremadamente importante que no confundamos profecías de acontecimientos que sucederán (o ya sucedieron) con las promesas de Dios de cosas que sucederán si ciertos requerimientos se cumplen (o no sucederán si los requerimientos no son cumplidos). Un buen ejemplo de esto lo encontramos cuando Jonás es llamado por Dios a advertir a Nínive de una inminente destrucción:

“Jonás se fue internando en la ciudad, y la recorrió todo un día, mientras proclamaba: ‘¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!’” (Jon 3: 4).

Cuando la gente de Nínive escuchó la advertencia divina a través de Jonás, se arrepintieron de sus pecados y la destrucción no ocurrió.

“Y los ninivitas le creyeron a Dios […], desde el mayor hasta el menor […]. Al ver Dios lo que hicieron, es decir, que se habían convertido de su mal camino, cambió de parecer y NO LLEVÓ A CABO LA DESTRUCCIÓN QUE LES HABÍA ANUNCIADO” (Jon. 3: 5, 10).

Este principio se explica en Jeremías:

“En un momento puedo hablar de arrancar, derribar y destruir a una nación o a un reino; PERO SI LA NACIÓN de la cual hablé SE ARREPIENTE DE SU MALDAD, también YO ME ARREPENTIRÉ DEL CASTIGO QUE HABÍA PENSADO INFLIGIRLES. En otro momento puedo hablar de construir y plantar a una nación o a un reino. PERO SI ESA NACIÓN HACE LO MALO ANTE MIS OJOS y no me obedece, ME ARREPENTIRÉ DEL BIEN QUE HABÍA PENSADO HACERLES” (Jer. 18: 7-10).

El hecho de que el Señor le estaba hablando a Israel en ese momento, demuestra que este principio se aplica a todas las naciones, incluyendo a Israel.

Las “profecías” SIEMPRE se cumplen
Al contrario que las promesas condicionales, las profecías hablan de acontecimientos que ocurrirán con toda seguridad. En Daniel, por ejemplo, se incluye una afirmación en una de sus profecías que enfatiza el hecho de que lo que se dice, ocurrirá:

“Setenta semanas han sido decretadas para que tu pueblo y tu santa ciudad […], SELLEN LA VISIÓN Y LA PROFECÍA, y […]” (Dan. 9: 24).

Ahora ya entendemos la diferencia entre “promesas condicionales” y “profecías”. Las profecías representan acontecimientos que efectivamente sucederán.

Regresando al principio de los seis mil años, debemos profundizar un poco más al respecto. Después de todo, este concepto provee una base a todas las creencias modernas en el regreso de cristo en este tiempo. Siendo el “día del Señor” un período literal de mil años, sabemos por los “tipos y sombras” que este “sábado para la tierra” NO ha ocurrido y que nuestro planeta no ha tenido su descanso sabático después de seis mil años. Las interpretaciones modernas de los acontecimientos anulan este principio, pues colocan a los santos en la tierra durante este período. 

El milenio. ¿Dónde están los santos?
La pregunta es ahora, ¿en dónde viven y reinan con Cristo los santos durante los mil años? La Biblia dice que debemos estudiar la Palabra de Dios para saberlo:

“Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad” (2 Tim. 2: 15).

Toda la Palabra de Dios debe tomarse en cuenta. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento deben ser estudiados cuidadosamente para entender el cuadro completo.

“¿A quién se habrá de instruir? o ¿a quién se hará entender la doctrina? […]. Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea tras línea, un poquito aquí, un poquito allá” (Isa. 28: 9-10, VRV 1995).

Toda la información del tema debe ser extraída de la Biblia. La información sobre este tema de los acontecimientos del milenio, NO SOLO debe ser extraída del Apocalipsis, sino de toda la Biblia. El concepto popular es que Cristo regresará al final de los seis mil años y reinará en la tierra con los santos por mil años.

Pero cuando los discípulos querían irse con Cristo cuando este estaba por partir (para regresar al cielo), Cristo les dijo A DÓNDE IBA y A DÓNDE LOS LLEVARÍA cuando regresara por ellos:

“EN EL HOGAR DE MI PADRE HAY MUCHAS VIVIENDAS; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Juan 14: 2-3).

Pero, ¿estamos seguros que el hogar del Padre es el cielo?

“Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente. Se han acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa” (Heb. 12: 22).

“Agar representa el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la actual ciudad de Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud. Pero la Jerusalén celestial es libre […]” (Gál. 4: 25-26).

Cuando Cristo regrese al final de los seis mil años, recibirá a los santos tanto a los que estaban muertos, como a los que están vivos:

“El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre” (1 Tes. 4: 16-17).
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Los santos se encuentran con él en el cielo, y regresan con él al hogar de su Padre, en donde ha preparado un lugar para los suyos.

Profecía: “Silencio en el cielo” por “media hora”

En el Apocalipsis, cuando se abre el sexto sello, se presentan los acontecimientos que tendrán lugar en la tierra antes del regreso de Cristo:

“Vi que el Cordero rompió el sexto sello, Y SE PRODUJO UN GRAN TERREMOTO. El sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto, la luna entera se tornó roja como la sangre, y las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval. El firmamento desapareció como cuando se enrolla un pergamino, y todas las montañas y las islas fueron removidas de su lugar. Los reyes de la tierra, los magnates, los jefes militares, los ricos, los poderosos, y todos los demás, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de las montañas. Todos gritaban a las montañas y a las peñas: ‘¡CAIGAN SOBRE NOSOTROS Y ESCÓNDANNOS DE LA MIRADA DEL QUE ESTÁ SENTADO EN EL TRONO Y DE LA IRA DEL CORDERO, PORQUE HA LLEGADO EL GRAN DÍA DEL CASTIGO! […]’” (Apoc. 6: 12-17).

Estas personas muestran un gran miedo, a pesar de que Cristo aún no ha regresado y de que los muertos aún no han resucitado. ENTONCES, se abre el séptimo sello:

“Cuando el Cordero rompió el séptimo sello, HUBO SILENCIO EN EL CIELO COMO POR MEDIA HORA” (Apoc. 8: 1).

En el tiempo profético un día equivale a un año (Eze. 4: 6). Por lo tanto, una hora es 1/24 de un año, o cerca de quince días. Media hora equivale entonces a ocho días. Pero , ¿qué representa este “silencio” en el cielo que dura como por media hora, o casi ocho días? Cuando Cristo regrese, lo hará con TODOS sus ángeles:

“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, CON TODOS SUS ÁNGELES […]” (Mat. 25: 31).

¿Qué hacen estos ángeles?

“Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y al sonido de la gran trompeta MANDARÁ A SUS ÁNGELES, y REUNIRÁN de los cuatro vientos A LOS ELEGIDOS, de un extremo al otro del cielo” (Mat. 24: 30-31).

Hay “silencio en el cielo” mientras Cristo y sus ángeles estén reuniendo a sus santos. Cristo en ningún momento pone pie sobre la tierra durante este trance:

“Porque así como el relámpago que sale del oriente se ve hasta en el occidente, así será la venida del Hijo del hombre”. (Mat. 24: 2).

Como algunos rayos que viajan de una nube a la otra, de este a oeste, y que nunca tocan el suelo, Cristo regresa en el aire y sus santos se elevan y se encuentran con él. Entonces, los santos, los ángeles y Cristo regresan al cielo, finalizando así el “silencio” dejado en el cielo, del que se habla simbólicamente en Apocalipsis 8: 1. 

¿Qué sucede después? Regresemos al pasaje de Jeremías que leímos más atrás:

“Miré a la tierra, y era un caos total […]; miré a los cielos, y todo era tinieblas. Miré, Y NO QUEDABA NADIE; habían huido todas las aves del cielo […].Miré, y la tierra fértil era un desierto; YACÍAN EN RUINAS TODAS LAS CIUDADES, POR LA ACCIÓN DEL SEÑOR, POR CAUSA DE SU ARDIENTE IRA. Así dice el Señor: ‘Todo el país quedará desolado, pero no lo destruiré por completo’” (Jer. 4: 23, 25, 27).

Los malvados en la tierra han sido azotados por las siete postreras plagas y “el  esplendor de su venida” (2 Tes. 2: 8). Todo está destruido, la tierra desolada, pero a pesar de ello, aún no es el fin de la tierra.

“Porque así dice el Señor, el que creó los cielos; el Dios que formó la tierra, que la hizo y la estableció; que no la creó para dejarla vacía, sino que la formó para ser habitada: ‘Yo soy el Señor, y no hay ningún otro’” (Isa. 45: 18).

Satanás es encadenado durante mil años

“Vi además a un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Sujetó al dragón, a aquella serpiente antigua que es el diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró y tapó la salida para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después habrá de ser soltado por algún tiempo” (Apoc. 20: 1-3).

Satanás es “encadenado” o inhabilitado durante mil años en el “abismo”. ¿En dónde está este “abismo”? Esta es una figura simbólica, en el que la palabra “abismo”(phrear) significa sencillamente eso, un abismo. Podemos intuir por el lenguaje del versículo que se trata de algún lugar en donde ya no puede engañar a nadie. ¿Qué mejor lugar que la tierra desolada? Después de todo, él continúa siendo el “príncipe” de este planeta, y más adelante vemos que incluso en este punto aún no se ha rendido. Se dice que al final de los mil años Satanás será “soltado” o liberado de su encadenamiento “por algún tiempo”, que es un período de tiempo no especificado, pero corto.

¿En dónde están los malvados durante los mil años?
Ya vimos que los malvados serán destruidos cuando Cristo regrese. Isaías escribió acerca de esto:

“LA TIERRA SE QUIEBRA, se desintegra; la tierra se agrieta, se resquebraja; la tierra tiembla y retiembla. La tierra se tambalea como un borracho, se sacude como una choza. Tanto pesa sobre ella su rebelión que caerá para no volver a levantarse. EN AQUEL DÍA EL SEÑOR CASTIGARÁ A LOS PODERES CELESTIALES EN EL CIELO Y A LOS REYES TERRENALES EN LA TIERRA. SERÁN AMONTONADOS EN UN POZO, COMO PRISIONEROS ENTRE REJAS, Y DESPUÉS DE MUCHOS DÍAS SE LES CASTIGARÁ” (Isa. 24:19-22).

A diferencia del grupo de santos que son llevados con Cristo sin ver la muerte, los malvados sobre la tierra serán destruidos. Aunque muertos, se dice simbólicamente que están “prisioneros”. Pero no solo los hombres están prisioneros, sino también “los poderes celestiales en el cielo”, léase Satanás y sus ángeles caídos. Los impíos sufren “la primera muerte” y quedan “prisioneros” en el sepulcro mientras esperan por el juicio. Satanás y los “poderes celestiales” o ángeles caídos no mueren en esta ocasión, pues solo el hombre está destinado a este “muerte primera”, como lo explica Pablo:

“Y así como ESTÁ ESTABLECIDO QUE LOS SERES HUMANOS MUERAN UNA SOLA VEZ, y DESPUÉS VENGA EL JUICIO” (Heb. 9:27).

Satanás y los ángeles caídos también se presentan reunidos y prisioneros porque al estar en una tierra desolada, sin ningún humano en ella, ya no tienen a quién tentar. Durante mil años lo único que pueden hacer es pensar en lo que les espera en el futuro.

Recordemos nuevamente que en el texto de Isaías se hace referencia a “aquél día” que creemos se refiere al “día del Señor”, que en realidad son mil años. Por lo tanto, durante esos mil años la tierra estará completamente inactiva, ya que los malvados, MUERTOS PARA ESE MOMENTO, y “los poderes celestiales en el cielo” (Satanás y los ángeles caídos), estarán simbólicamente “en el abismo”, que como explicamos anteriormente, es la tierra desolada. Finalmente, después de “muchos días, se les castigará”. Esto significa que los impíos serán resucitados, algo que veremos a continuación:

El juicio de los impíos
Mientras tanto, mientras seguimos con Apocalipsis 20, después que Satanás es “encadenado”, vemos en dónde están los santos:

“Entonces vi tronos donde se sentaron LOS QUE RECIBIERON AUTORIDAD PARA JUZGAR. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. VOLVIERON A VIVIR Y REINARON CON CRISTO MIL AÑOS. Ésta es la primera resurrección; LOS DEMÁS MUERTOS NO VOLVIERON A VIVIR HASTA QUE SE CUMPLIERON LOS MIL AÑOS. Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. LA SEGUNDA MUERTE NO TIENE PODER SOBRE ELLOS, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apoc. 20: 4-6).

He aquí el “reinado de mil años” de los santos con Cristo. Los santos están con Cristo en el cielo, en donde él preparó un lugar para ellos. Este lugar se llama la “Nueva Jerusalén”, y la Biblia se refiere a ellos como los que resucitaron en la “primera resurrección”, lo cual implica una “segunda resurrección” que ocurrirá en algún momento.

La primera resurrección
Aquí se menciona otra cosa muy importante:

“Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos”

La SEGUNDA MUERTE no tiene poder sobre estas personas que toman parte en la primera resurrección. ¿Qué es esta “segunda muerte”? Más adelante veremos que los impíos son resucitados en la segunda resurrección (que ocurre al final de los mil años) para recibir su justa recompensa, que no es sufrir “eternamente” sino sufrir la segunda muerte, ocasionada por el fuego.

¿Qué hacen los santos durante mil años?
¿Qué hacen los santos en el cielo durante mil años?

“¿Acaso no saben que los creyentes juzgarán al mundo? Y si ustedes han de juzgar al mundo, ¿cómo no van a ser capaces de juzgar casos insignificantes? ¿No saben que aun a los ángeles los juzgaremos? ¡Cuánto más los asuntos de esta vida!” (1 Cor. 6: 2-3).

Los santos participan de alguna manera en el juicio de los impíos. Durante mil años se realiza este proceso. Los registros de las obras de los malvados han sido repasados y se ha decidido su castigo.

¿Pero no dice la Biblia que Cristo es el juez de los malvados?

“Además, el Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio lo ha delegado en el Hijo” (Juan 5:22).

La pregunta es, ¿qué papel juegan los justos en este proceso si Cristo es el juez? Las Escrituras son claras en este sentido, pero a fin de comprender esto correctamente, debemos detenernos por un momento para pensar en algo. Supongamos que llegamos al cielo y descubrimos que alguien a quien amamos profundamente y que esperábamos ver allí, NO ESTÁ. ¿Cómo nos sentiríamos? Dios ha hecho provisión para que entendamos por qué estas personas que NO ESTÁN en el cielo, se han perdido.

“Los pecados de algunos son evidentes aun antes de ser investigados, mientras que los pecados de otros se descubren después” (1 Tim. 5: 24).

Dios sabe todo, y no hay pecado que podamos esconder de él. ¿Qué significa entonces este versículo? Significa que los santos verán y entenderán por qué se habrá perdido cada uno de los impíos. Sus pecados, por muy secretos que hayan sido cuando estaban en la tierra, serán revelados ante los santos:

“Pero no llegarán muy lejos, porque todo el mundo se dará cuenta de su insensatez, como pasó con aquellos dos” (2 Tim. 3: 9).

“Por lo tanto, no juzguen nada antes de tiempo; esperen hasta que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (1 Cor. 4: 5).

“¿Quién no te temerá, oh Señor? ¿Quién no glorificará tu nombre? Sólo tú eres santo. Todas las naciones vendrán y te adorarán, porque han salido a la luz las obras de tu justicia” (Apoc. 15: 4).

Note el segundo y el tercer versículo, que indican que cuando “todas las naciones” vengan a glorificar su nombre y alabarlo, será DESPUÉS que se manifiesten “las obras de su justicia”. En otras palabras, aquellos que han de vivir eternamente con él VERÁN los registros de la vida de quienes se perdieron y entenderán por qué se han perdido. Estarán de acuerdo en que su juicio es justo y correcto. Isaías sabía que esto ocurrirá, cuando escribió:

“El Señor entra en juicio contra los ancianos y jefes de su pueblo” (Isa. 3: 14).

El juicio ocurre en “el hogar del Padre”, “la Nueva Jerusalén”.

David escribió acerca de este juicio que se llevaría a cabo en la Nueva Jerusalén:

“Jerusalén, que ha sido edificada como una ciudad que está bien unida entre sí. Allá subieron las tribus […], porque allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David.” (Sal. 122: 3-5).

Este pasaje no puede estar refiriéndose a la Jerusalén terrenal, pues en ella no habían tronos. Además, la descripción de la ciudad “bien unida entre sí” curiosamente se asemeja a la descripción de la Nueva Jerusalén del Apocalipsis:

“La ciudad se halla establecida como un cuadrado: su longitud es igual a su anchura. Con la caña midió la ciudad: doce mil estadios. La longitud, la altura y la anchura de ella son iguales” (Apoc. 21: 16).

Los acontecimientos del fin y el “día del Señor”
Leemos en Daniel de las cosas que sucederán en el “día del Señor”, después del juicio. Se menciona la culminación del “día del Señor” o el séptimo período de mil años:

“Entonces vino el Anciano y emitió juicio en favor de los santos del Altísimo. En ese momento los santos recibieron el reino” (Dan. 7: 22).

Aquí se confirma definitivamente que los santos no reciben el reino prometido sino hasta DESPUÉS que se emite el “juicio” a “los santos del Altísimo”. Al “recibir el reino” se marca la culminación de todo el proceso. Pero, ¿qué sucede ANTES con los impíos, los ángeles caídos y Satanás?

La segunda resurrección. “Gog y Magog”.

“CUANDO SE CUMPLAN LOS MIL AÑOS, SATANÁS será liberado de su prisión, Y SALDRÁ PARA ENGAÑAR A LAS NACIONES que están en los cuatro ángulos de la tierra —A GOG Y A MAGOG—, a fin de reunirlas para la batalla. Su número será como el de las arenas del mar” (Apoc. 20: 7-8).

Al final de los mil años Satanás sale de nuevo a “engañar” a las “naciones”. ¿De qué naciones habla?

“No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida, PERO LOS QUE HAN PRACTICADO EL MAL RESUCITARÁN PARA SER JUZGADOS” (Juan 5: 28-29).

Si todos los muertos, tanto justos como impíos, son resucitados en el mismo instante, ¿por qué Juan habla de dos resurrecciones? Apocalipsis deja claro que ellos no resucitan al mismo tiempo. Leámoslo nuevamente:

“Ésta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apoc. 20: 5-6).

Los impíos resucitan al final de los mil años. Estas son las “naciones” que Satanás sale a engañar. 

Todo en perfecto orden

¿De qué manera intenta engañarlos Satanás? Antes de llegar ahí, debemos entender más acerca de la serie de sucesos que ocurren. Pablo trató de explicarlo:

“Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. ENTONCES VENDRÁ EL FIN, CUANDO ÉL ENTREGUE EL REINO A DIOS EL PADRE, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será destruido es la muerte” (1 Cor. 15: 23-26).

La serie de acontecimientos de los mil años culminan con Cristo victorioso sobre TODOS sus enemigos, siendo el último de ellos la muerte. ¿De qué manera obtiene Cristo la victoria sobre la muerte? Esta victoria final se gana al quedar eliminado el pecado, ya que la muerte es simplemente el resultado del pecado:

“Porque la paga del pecado es muerte” (Rom. 6: 23).

¿Y cómo elimina él el pecado? Con la destrucción final de Satanás, los ángeles caídos y los impíos que resucitan al final de los mil años.
 
La última gran batalla – la destrucción de los impíos

Los malvados saldrán de sus sepulcros (El mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos […]” Apoc. 20: 13) y liderados por Satanás, rodearán a los santos:

“Y saldrá para engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra —a Gog y a Magog—, a fin de reunirlas para la batalla. Su número será como el de las arenas del mar. Marcharán a lo largo y a lo ancho de la tierra, y RODEARÁN EL CAMPAMENTO DEL PUEBLO DE DIOS, la ciudad que él ama […]” (Apoc. 20: 8).

Pero, ¡esperen un momento! ¿No estuvo la tierra desolada durante mil años? Así es, pero aquí vemos que Satanás reúne a los impíos para rodear “el campamento del pueblo de Dios” y la “ciudad que él ama”. Como dijimos, los malvados resucitaron en la segunda resurrección, lo que explica su presencia en la tierra, ¿pero de dónde salió la Nueva Jerusalén?

“Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios” (Apoc. 21: 2).

La Nueva Jerusalén desciende a la tierra.

Pero, ¿dónde están cristo y los santos? Veamos dos pasajes proféticos más. Aquí, aunque no se menciona a la Nueva Jerusalén, Zacarias habla de un momento en que el Señor viene, y no viene solo, sino con “TODOS SUS FIELES”. En ese momento, viene a “pelear contra aquellas naciones” llamadas, “Gog y Magog” en el Apocalipsis, o los impíos resucitados:

“Entonces saldrá el Señor y peleará contra AQUELLAS NACIONES, como cuando pelea en el día de la batalla. En aquel día pondrá el Señor sus pies en el monte de los Olivos, que se encuentra al este de Jerusalén, y el monte de los Olivos se partirá en dos de este a oeste, y formará un gran valle, con una mitad del monte desplazándose al norte y la otra mitad al sur. […]. El Señor reinará sobre toda la tierra. En aquel día el Señor será el único Dios, y su nombre será el único nombre” (Zac. 14: 3-9).

Antes de que la ciudad santa descienda a la tierra, Cristo posa sus pies sobre el monte de los Olivos, el cual se parte en dos y desplaza la tierra en dos direcciones, creando un gran valle para que la ciudad se asiente. Enoc, antes del diluvio, profetizó también sobre el regreso de cristo en este tiempo:

“También Enoc, el séptimo patriarca a partir de Adán, profetizó acerca de ellos: ‘Miren, el Señor viene con millares y millares de sus ángeles para someter a juicio a todos y para reprender a todos los pecadores impíos por todas las malas obras que han cometido, y por todas las injurias que han proferido […]’” (Jud. 1: 14-15)

Como vemos, hay más evidencia de que cuando Cristo regrese CON SUS FIELES lo hará para pronunciar juicio contra los malvados. El hecho de que “viene” con sus fieles es una evidencia firme de que dondequiera que haya estado, sus fieles estaban con él.

Apocalipsis habla de la Nueva Jerusalén descendiendo a la tierra. Sabemos que Cristo y los santos han estado en la Nueva Jerusalén por mil años, ¿pero están ellos en la ciudad cuando esta desciende? La respuesta es no. Zacarías dice que los pies de Cristo tocarán el monte de los olivos y que se formará un gran valle. Cristo y los santos, al parecer, llegan ANTES que la ciudad. Tanto Zacarías, como Enoc hablan de cristo regresando CON SUS SANTOS para luchar contra las naciones y juzgarlas.  

En ese momento, los impíos resucitados, liderados por Satanás, harán un último intento de vencer a Cristo y a los santos:

“Marcharán a lo largo y a lo ancho de la tierra, y rodearán el campamento del pueblo de Dios, la ciudad que él ama. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá por completo. El diablo, que los había engañado, será arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habrán sido arrojados la bestia y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos […]. La muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda. Aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego” (Apoc. 20: 9, 10, 14, 15).

El fuego de Dios destruye a los malvados, incluyendo a Satanás y a los ángeles caídos.

“Entonces saldrán y contemplarán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí. ‘Porque no morirá el gusano que los devora, ni se apagará el fuego que los consume’” (Isa. 66: 24).

“¡Míralos! Son como la paja, y el fuego los consumirá. Ni a sí mismos pueden salvarse del poder de las llamas. Aquí no hay brasas para calentarse, ni fuego para sentarse ante él” (Isa. 47: 14).

El “fuego” que destruye a los impíos

Este es descrito por David:

“Hará llover sobre los malvados ardientes brasas y candente azufre; ¡un viento abrasador será su suerte!” (Sal. 11: 6).

Isaías también escribió sobre este “día” (los acontecimientos que suceden en estos últimos mil años):

“Porque EL SEÑOR CELEBRA UN DÍA DE VENGANZA, un año de desagravio para defender la causa de Sión. Los arroyos de Edom se volverán ríos de brea, su polvo se convertirá en azufre y ardiente brea se volverá su tierra. Ni de día ni de noche se extinguirá, y su humo subirá por siempre. Quedará desolada por todas las generaciones; nunca más transitará nadie por ella” (Isa. 34: 8-10).

Nuevamente encontramos la expresión  “por siempre”, que no significa por toda la eternidad, sino mas bien un período de tiempo no específico. Nadie transita por ella hasta que el fuego ha consumido todo completamente. El enfoque está en lo permanente de la situación. No hay aplazamientos, ni rectificaciones.

“El día que yo actúe USTEDES PISOTEARÁN A LOS MALVADOS, Y BAJO SUS PIES QUEDARÁN HECHOS POLVO —dice el Señor Todopoderoso—“ (Mal. 4:3).

Sodoma y Gomorra, ¡una evidencia muy importante!

Dios sabía que vendría un tiempo en que se creería que los malvados se consumirían “para siempre”, por lo que nos dio un ejemplo que demuestra claramente que estos fuegos alcanzan un punto en que dejan de arder. Judas escribió:

“Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas son puestas como escarmiento, AL SUFRIR EL CASTIGO DE UN FUEGO ETERNO, por haber practicado, como aquéllos, inmoralidad sexual y vicios contra la naturaleza” (Jud. 1: 7).

Dios preservó a Sodoma y Gomorra para que pudiera ser vista por esta última generación. ¿Por qué? Para que la gente pudiera ver “el castigo de un fuego eterno”. Pero, ¿continúa ardiendo ese fuego hoy en día? Por supuesto que no. La palabra griega que se emplea para “eterno” o “sin fin” en cuanto al castigo de los malvados NO significa que es un fuego que arderá “sin final, por toda la eternidad”. Las palabras griegas, al referirse a este fuego, no muestran que este arde “eternamente”, sino mas bien que su efecto no es temporal, sino definitivo. La fraseología también muestra que su propósito no es terapéutico, sino retributivo. El fuego que consume a los malvados no arde “eternamente” sino que consume absolutamente todo. No queda nada de los impíos ni de Satanás y sus ángeles. La sentencia final es definitiva y son destruidos completamente.

“Esto sucederá cuando EL SEÑOR JESÚS se manifieste desde el cielo ENTRE LLAMAS DE FUEGO, con sus poderosos ángeles, PARA CASTIGAR A LOS QUE NO CONOCEN A DIOS NI OBEDECEN EL EVANGELIO de nuestro Señor Jesús. Ellos SUFRIRÁN EL CASTIGO DE LA DESTRUCCIÓN ETERNA, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder” (2 Tes. 1: 7-9).

La recompensa de los malvados es la destrucción absoluta, que ocurre cuando veremos a continuación:

“El día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todos los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos” (vers. 10).

El castigo final, la destrucción en el fuego, es presenciada por los santos que están en la Nueva Jerusalén:

Pero tú, espera en el Señor, y vive según su voluntad, que él te exaltará para que heredes la tierra. Cuando los malvados sean destruidos, TÚ LO VERÁS CON TUS PROPIOS OJOS (Sal. 37: 34).

La destrucción de Satanás

Pero es la destrucción de Satanás la que coronará el triunfo de Cristo. Antes de que los impíos sean destruidos, INCLUSO ELLOS serán testigos de la destrucción de Satanás:

“Fuiste elegido querubín protector, porque yo así lo dispuse. Estabas en el santo monte de Dios, y caminabas sobre piedras de fuego. Desde el día en que fuiste creado TU CONDUCTA FUE IRREPROCHABLE, HASTA QUE LA MALDAD HALLÓ CABIDA EN TI. Por la abundancia de tu comercio, te llenaste de violencia, y pecaste. Por eso te expulsé del monte de Dios, como a un objeto profano. A ti, querubín protector, te borré de entre las piedras de fuego. A causa de tu hermosura te llenaste de orgullo. A causa de tu esplendor, corrompiste tu sabiduría. POR ESO TE ARROJÉ POR TIERRA, Y DELANTE DE LOS REYES TE EXPUSE AL RIDÍCULO. Has profanado tus santuarios, por la gran cantidad de tus pecados, ¡por tu comercio corrupto! POR ESO HICE SALIR DE TI UN FUEGO QUE TE DEVORARA. A LA VISTA DE TODOS LOS QUE TE ADMIRAN TE ECHÉ POR TIERRA Y TE REDUJE A CENIZAS. AL VERTE, HAN QUEDADO ESPANTADAS TODAS LAS NACIONES QUE TE CONOCEN. Has llegado a un final terrible, y YA NO VOLVERÁS A EXISTIR” (Eze. 28: 14-19).

Isaías escribió sobre la resurrección de los malvados y de cómo estos verán finalmente el verdadero carácter de Satanás:

“Allá en lo profundo, por tu causa, el sepulcro se estremece AL SALIR A TU ENCUENTRO; POR CAUSA TUYA DESPIERTA A LOS MUERTOS, a los que fueron jefes de la tierra. Hace que los reyes de todas las naciones se levanten de sus tronos. Todos ellos responden y te dicen: ‘¡TAMBIÉN TÚ TE HAS DEBILITADO! ¡YA ERES UNO MÁS DE LOS NUESTROS!’ Tu majestad ha sido arrojada al sepulcro, junto con el sonido de tus arpas. ¡Duermes entre gusanos, y te cubren las lombrices! ¡Cómo has caído del cielo, LUCERO de la mañana! Tú, que sometías a las naciones, has caído por tierra. Decías en tu corazón: ‘Subiré hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios! Gobernaré desde el extremo norte, en el monte de los dioses. Subiré a la cresta de las más altas nubes, seré semejante al Altísimo’. ¡Pero has sido arrojado al sepulcro, a lo más profundo de la fosa! LOS QUE TE VEN, TE CLAVAN LA MIRADA y reflexionan en cuanto a tu destino: ‘¿Y ÉSTE ES EL QUE SACUDÍA A LA TIERRA y hacía temblar a los reinos?’ (Isa. 14: 9-16).

Y después de que los impíos resucitados ven el verdadero carácter de Satanás, sucede:

“Caerá fuego del cielo y los consumirá por completo. El diablo, que los había engañado, será arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habrán sido arrojados la bestia y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Luego vi un gran trono blanco y a alguien que estaba sentado en él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo, sin dejar rastro alguno” (Apoc. 20: 9-11).

El fuego arde hasta que quedan completamente consumidos, “sin dejar rastro alguno”. En otras palabras, dejan de existir completamente, pues han sido destruidos.

Hablando a Satanás, se le promete a través de Ezequiel que este “no volverá a existir”:

“Te convertiré en objeto de espanto, y YA NO VOLVERÁS A EXISTIR. Te buscarán, pero JAMÁS PODRÁN ENCONTRARTE. Lo afirma el Señor omnipotente” (Eze. 26: 21).

De los impíos, se dice que “serán como si nunca hubiesen existido”:

“Porque cercano está EL DÍA DEL SEÑOR contra todas las naciones. ¡Edom, como hiciste, se te hará! ¡sobre tu cabeza recaerá tu merecido! Pues sin duda que así como ustedes, israelitas, bebieron de mi copa en mi santo monte, así también la beberán sin cesar todas las naciones; beberán y engullirán, y entonces SERÁN COMO SI NUNCA HUBIERAN EXISTIDO” (Abd. 1: 15-16).

La herencia de los santos

El final ha llegado. El pecado y sus resultados ya no existen en el universo. La tierra es restaurada a su estado edénico después que el fuego que destruyó a los malvados ha purificado y limpiado la tierra. Satanás ha sido destruido:

“Toda la tierra descansa tranquila y prorrumpe en gritos de alegría. Hasta los pinos y cedros del Líbano se burlan de ti y te dicen: ‘Desde que yaces tendido, nadie viene a derribarnos’” (Isa. 14: 7-8).

El pecado y la rebelión nunca más mostrarán su horrible rostro:

“¿Qué traman contra el Señor? ¡Él desbaratará sus planes! ¡La calamidad no se repetirá! Serán consumidos como paja seca, como espinos enmarañados, como borrachos ahogados en vino” (Nahum 1: 9-10).

¿Puede ALGUNO de los santos regocijarse al saber que sus seres queridos y amigos que no han sido trasladados con Cristo, permanecerán consumiéndose en el fuego por toda la eternidad? Obviamente no. Los santos han visto los registros de los “perdidos” y los han visto recibir su recompensa, es decir, la destrucción eterna. Han visto a Satanás y sus ángeles recibir también sus justo castigo, es decir, también la destrucción eterna.

“Devorará a la muerte para siempre; el Señor omnipotente enjugará las lágrimas de todo rostro, y quitará de toda la tierra el oprobio de su pueblo. El Señor mismo lo ha dicho. En aquel día se dirá: ’¡Sí, éste es nuestro Dios; en él confiamos, y él nos salvó! ¡Éste es el Señor, en él hemos confiado; regocijémonos y alegrémonos en su salvación!’” (Isa. 25: 8-9).

Él borrará cada lágrima, y se nos dice también la suerte final de los malvados:

“YA ESTÁN MUERTOS, Y NO REVIVIRÁN; ya son sombras, y NO SE LEVANTARÁN. TÚ LOS HAS CASTIGADO Y DESTRUIDO; HAS HECHO QUE PEREZCA SU MEMORIA” (Isa. 26: 14).

La tierra es “restaurada”

Es en ese momento que los santos heredan la tierra:

“Ya no se sabrá de violencia en tu tierra, ni de ruina y destrucción en tus fronteras, sino que llamarás a tus muros ‘Salvación’ , y a tus puertas, ‘Alabanza’. Ya no será el sol tu luz durante el día, ni con su resplandor te alumbrará la luna, porque el Señor será tu luz eterna; tu Dios será tu gloria. Tu sol no volverá a ponerse, ni menguará tu luna; será el Señor tu luz eterna, y llegarán a su fin tus días de duelo. Entonces todo tu pueblo será justo y poseerá la tierra para siempre. Serán el retoño plantado por mí mismo, la obra maestra que me glorificará” (Isa. 60: 18-21).

Desde el tiempo de Abraham se había prometido que se heredaría la tierra llamada Canaán, o la “tierra prometida”. Allí estaba el monte Sión y Jerusalén, y allí es donde estará la ciudad santa, la Nueva Jerusalén. Pero cuando esto suceda, la tierra que heredarán no será como la que conocemos actualmente, sino como el jardín del Edén.

“Sin duda, el Señor consolará a Sión; consolará todas sus ruinas. CONVERTIRÁ EN UN EDÉN SU DESIERTO; EN HUERTO DEL SEÑOR SUS TIERRAS SECAS. En ella encontrarán alegría y regocijo, acción de gracias y música de salmos” (Isa. 51: 3).

Purificada por el fuego que destruyó a Satanás, los ángeles caídos y los impíos, la tierra es restaurada. Los resultados del pecado se han ido para siempre.

“Y volverán los rescatados por el Señor, y entrarán en Sión con cantos de alegría, coronados de una alegría eterna. Los alcanzarán la alegría y el regocijo, y se alejarán la tristeza y el gemido” (Isa. 35: 10).

Los santos estarán libres de los resultados del pecado. Ya no habrá más enfermedades ni dolor de ninguna especie.

“Como un pastor que cuida su rebaño, recoge los corderos en sus brazos; los lleva junto a su pecho, y guía con cuidado a las recién paridas” (Isa. 40: 11).

“Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil […].pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán” (Isa. 40: 29, 31).

El hombre no puede concebir, ni aun en sueños, lo que Dios ha preparado para aquellos que sean fieles a él:

Fuera de ti, desde tiempos antiguos, nadie ha escuchado ni percibido, ni ojo alguno ha visto, a un Dios que, como tú, actúe en favor de quienes en él confían” (Isa. 64: 4).

¿Cuándo regresará Cristo?

Si la teoría de que Cristo regresará al final de los seis mil años es cierta, entonces estamos muy cerca. Aunque la mayoría de las personas ven el año dos mil como el “amanecer del nuevo milenio” la verdad es que este período de seis mil años termina en algún momento alrededor del año 1997. Para una explicación más detallada de esto, vea nuestro boletín número 7.

Basándonos en la información del relato bíblico, Adán fue creado el año 4004 a. C. Cuatro mil años después, nació Cristo en el 4 a.C. Cuando Dionisio el Exiguo creó en el siglo VI el calendario que usamos actualmente, cometió un error de cálculo. Esto se supo al momento, pero continuó usándose sin cambio porque el propósito del calendario era corregir la fecha de la Pascua debido a una disputa en la iglesia primitiva. Este calendario continuó usándose, pues estaba basado en el año del nacimiento de Cristo, que se consideraba que era el año “1”, pero la evidencia muestra que realmente nació en el 4 a.C. Pero como este calendario no incluye un año “0” (el año 1 a.C. es seguido inmediatamente del año 1 d.C.), el error es de solo tres años en vez de cuatro. 

¿Estamos poniéndole fecha al regreso de Cristo? No. Siempre hay muchos errores humanos involucrados, muchos de ellos desconocidos, que impiden que podamos realizar cálculos precisos. Aunque no podemos saber la hora exacta, sí sabemos que está muy cerca. Hay incluso un versículo que indica que el tiempo será acortado. Los discípulos le preguntaron a Cristo tres cosas en una sola oración:

“¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?” (Mat. 24: 3).

Su respuesta incluye una afirmación que pensamos se refiere a la fecha de su regreso:

“Si no se acortaran esos días, nadie sobreviviría, pero por causa de los elegidos se acortarán” (Mat. 24: 22).

¿Qué significa todo esto? No significa que 1997 va a ser el año, ni que podemos fijar una fecha. Solo significa que tenemos suficiente evidencia para saber que estamos extremadamente cerca. ¿Podemos atrevernos a fijar una fecha, teniendo las propias palabras de Jesús que nos dicen lo contrario?

“Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor […].Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen” (Mat. 24: 42, 44).

OTRA PROFECÍA IMPORTANTE

Hay otra profecía que discutiremos en este boletín: las setenta semanas de Daniel. Aquí también nuestras creencias varían notablemente a las de las otras interpretaciones populares. Nosotros creemos que esta es una profecía muy importante, pero antes de discutirla, debemos tener un entendimiento básico sobre “Israel”.

Un pequeño repaso acerca de quién fue Israel

Cuando llegó el tiempo establecido, Dios escogió a Abraham para dar inicio a la nación que sería llamada “su pueblo”. El nombre “Israel” se le dio a Jacob, el nieto de Abraham, después que luchó toda la noche con un ángel, que era el mismo Cristo:

“Quedándose solo. Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer. Cuando ese hombre se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo tocó en la coyuntura de la cadera, y ésta se le dislocó mientras luchaban. Entonces el hombre le dijo: ‘¡Suéltame, que ya está por amanecer!” ‘¡No te soltaré hasta que me bendigas!’, respondió Jacob. ‘¿Cómo te llamas?’, le preguntó el hombre. ‘Me llamo Jacob’, respondió. Entonces el hombre le dijo: ‘YA NO TE LLAMARÁS JACOB, SINO ISRAEL, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido’” (Gén. 32: 24-28).

A Jacob se le dio la misma promesa que se le dio a su abuelo Abraham y luego a su padre Isaac:

“Luego Dios añadió: ‘Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate. De ti nacerá una nación y una comunidad de naciones, y habrá reyes entre tus vástagos. La tierra que les di a Abraham y a Isaac te la doy a ti, y también a tus descendientes’” (Gén. 35: 11, 12).

Y fue a los hijos de Jacob y sus dos nietos que se les dieron los nombres de las tribus de Israel. ¿Pero quién era exactamente esta gente y por qué eran tan especiales? Cuando Abraham fue llamado a salir del país de su padre, la idolatría estaba tan generalizada, que su propia familia adoraba ídolos:

Josué se dirigió a todo el pueblo, y le exhortó:

“Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Hace mucho tiempo, sus antepasados, Téraj y sus hijos Abraham y Najor, vivían al otro lado del río Éufrates, Y ADORABAN A OTROS DIOSES” (Jos. 24: 2).

Pero a causa de su fidelidad absoluta, Abraham fue escogido para ser el padre del pueblo al que se le daría el gran honor de ser el pueblo representante de Dios. Debían preservar el conocimiento de él, y debían ser fieles a él, COMPARTIENDO LA LUZ QUE RECIBIERON CON EL RESTO DEL MUNDO.

“ABRAHAM se convertirá en una nación grande y poderosa, Y EN ÉL SERÁN BENDECIDAS TODAS LAS NACIONES DE LA TIERRA” (Gén. 18: 18).

Dios le dio grandes y maravillosas promesas a este pueblo con la única condición de que PERMANECIERAN FIELES A ÉL. Estas promesas eran CONDICIONALES a su obediencia, y muchas de ellas nunca llegaron a materializarse por haber fallado en la condición. ¿recuerdan nuestra discusión sobre las “promesas condicionales”?

Una nación dividida

A su debido momento, Israel llegó a la “tierra prometida” y se estableció en ella. Al pedir un rey, se les dio uno. Después de un tiempo, la nación se dividió en dos reinos, Judá (el reino del sur), e Israel (el reino del norte) también llamado Efraín. Ambos reinos tenían sus propios reyes. Cerca del 697 a.C., el reino de Israel/Efraín

“Si después de haber tenido hijos y nietos, Y DE HABER VIVIDO EN LA TIERRA MUCHO TIEMPO, USTEDES SE CORROMPEN Y SE FABRICAN ÍDOLOS y toda clase de figuras, HACIENDO ASÍ LO MALO ante el Señor su Dios y provocándolo a ira […], MUY PRONTO DESAPARECERÁN DE LA TIERRA que van a poseer al cruzar el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, sino que serán destruidos por completo. EL SEÑOR LOS DISPERSARÁ ENTRE LAS NACIONES, y entre todas ellas sólo quedarán esparcidos unos pocos” (Deu. 4: 25-27).

La caída de “Israel/Efraín”

Efectivamente cayeron en idolatría y fueron rechazados como pueblo de Dios. Asiria los tomó prisioneros:

“En el año noveno del reinado de Oseas, el rey de Asiria, después de conquistar Samaria, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló […] en las ciudades de los medos. Todo esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra el Señor su Dios […]. Adoraron a otros dioses y siguieron las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado delante de ellos, como también las prácticas que introdujeron los reyes de Israel. Además blasfemaron contra el Señor su Dios, y dondequiera que habitaban se construían altares paganos […].Por lo tanto, EL SEÑOR SE ENOJÓ MUCHO CONTRA ISRAEL Y LO ARROJÓ DE SU PRESENCIA. SÓLO QUEDÓ LA TRIBU DE JUDÁ” (2 Rey. 17: 6-9,18)

Para asegurarse de que Israel/Efraín no regresara nunca como nación, se trajeron extranjeros para que habitarán sus ciudades:

“PARA REEMPLAZAR A LOS ISRAELITAS en los poblados de Samaria, el rey de Asiria trajo gente de Babilonia, Cuta, Ava, Jamat y Sefarvayin. Éstos tomaron posesión de Samaria y habitaron en sus poblados” (2 Rey. 17: 24).

¿Por qué sucedió esto? Las diez tribus que formaban parte de Israel/Efraín habían hecho una alianza con los sirios y el resultado fue su caída absoluta:

“La cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rezín; pero dentro de sesenta y cinco años Efraín será destrozado HASTA DEJAR DE SER PUEBLO” (Isa. 7: 8).

Y así sucedió. Desaparecieron como nación. Sin embargo, los que permanecieron fieles de Israel/Efraín sí serían herederos de la promesa. Solo nación como colectivo fue rechazada.

El cautiverio de “Judá/Israel”

Judá no llenó la copa de la iniquidad tan rápido como Israel/Efraín. En el año 605 a.C. y nuevamente en el 586 a.C. Judá fue hecha cautiva por los babilonios como cumplimiento de la promesa que Dios hizo en el monte Sinaí. Primero les dijo a través de Moisés:

“Que les dijera a los israelitas: ‘Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra misma deberá observar un año de reposo en honor al Señor. Durante seis años sembrarás tus campos, podarás tus viñas y cosecharás sus productos; pero llegado el séptimo año la tierra gozará de un año de reposo en honor al Señor. No sembrarás tus campos ni podarás tus viñas’” (Lev. 25: 2).

Entonces, les dijo cuál sería el resultado si ellos NO observaban el sábado para la tierra:

“Los dispersaré entre las naciones: desenvainaré la espada, y los perseguiré hasta dejar desolada su tierra, y en ruinas sus ciudades. Entonces la tierra disfrutará de sus años sabáticos todo el tiempo que permanezca desolada, mientras ustedes vivan en el país de sus enemigos. Así la tierra descansará y disfrutará de sus sábados. Mientras la tierra esté desolada, tendrá el descanso que no tuvo durante los años sabáticos en que ustedes la habitaron” (Lev. 26: 33-35).

Durante setenta años estuvieron en cautividad, y durante esta cautividad, se le dio a Daniel la profecía que marcó el destino de la nación de Israel: la profecía de las “setenta semanas de Daniel”, que examinaremos a continuación:

EL DESTINO FINAL DE “JUDÁ/ISRAEL”

Al igual que el reino del norte de Israel/Efraín, Judá también perdería el honor de ser el pueblo escogido de Dios. En vez de ser una luz para el mundo entero, se habían vuelto egoístas, pues creían que ÚNICAMENTE ellos heredarían la promesa. Caerían como nación, pero esto no significaba que aquellos individuos que permanecieran fieles entre Israel/Efraín y Judá serían rechazados.

Un buen ejemplo para explicar esto es ver a Estados Unidos. Esta nación fue fundada como una nación cristiana. Durante años, los principios de Dios fueron observados. Era la nación que completaría la predicación del evangelio al mundo entero. Sin embargo, con el tiempo, Estados Unidos dejó de ser una nación inspirada en estos principios. Hoy, el comportamiento de nuestra nación es una abominación ante los ojos de Dios. Sin embargo, el pueblo de Dios AÚN vive aquí, y CONTINUARÁ haciendo su labor. 

Lo mismo pasaba con Israel. El liderazgo de la nación la llevó a su caída. Nuestra caída también ha sido causada por el liderazgo del país. El punto aquí es que debemos ver a Israel en el sentido general de la palabra, como un “colectivo”. Pero el pronunciamiento de su caída no dice que su suerte también caería sobre los fieles que se encontraran en ella. Veamos la profecía que presagiaba su caída.

Setenta “semanas”

“Setenta semanas han sido decretadas para que tu pueblo y tu santa ciudad pongan fin a sus transgresiones y pecados, pidan perdón por su maldad, establezcan para siempre la justicia, sellen la visión y la profecía, y consagren el lugar santísimo. ‘Entiende bien lo siguiente: Habrá siete semanas desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén hasta la llegada del príncipe elegido. Después de eso, habrá sesenta y dos semanas más. Entonces será reconstruida Jerusalén, con sus calles y murallas. Pero cuando los tiempos apremien, después de las sesenta y dos semanas, se le quitará la vida al príncipe elegido. Éste se quedará sin ciudad y sin santuario, porque un futuro gobernante los destruirá. El fin vendrá como una inundación, y la destrucción no cesará hasta que termine la guerra. Durante una semana ese gobernante hará un pacto con muchos, pero a media semana pondrá fin a los sacrificios y ofrendas. Sobre una de las alas del templo cometerá horribles sacrilegios, hasta que le sobrevenga el desastroso fin que le ha sido decretado’” (Dan. 9: 24-27).

El comienzo de las “setenta semanas”

Dios le dio a Daniel la profecía de los acontecimientos que culminarían en la caída de la nación de Israel como su pueblo escogido. Esta profecía tenía un punto que marcaba su comienzo y una extensión de tiempo específico hasta su culminación. Terminaría después de “setenta semanas”, que como hemos visto, equivalen en tiempo profético a 490 años.
 
¿Están las “setenta semanas” separadas en el tiempo, o son continuas?

Algunos interpretes toman partes de esta profecía y la ubican en el futuro. Sin embargo, si nuestro jefe nos dice que tenemos dos meses para completar un proyecto, ¿lo realizaríamos en siete semanas, para luego decirle a nuestro jefe que vamos a completar la semana final de trabajo dentro de diez años? No hay nada en esta profecía que indique que los períodos están divididos. Al igual que los setenta años que Israel pasó en cautiverio, el tiempo fue continuo de principio a fin.

Lo más importante que debe entenderse es el momento que marca su comienzo. Se dice que es “desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén”. Si esto se refiriera ÚNICAMENTE al edificio del templo o el acto físico de construir la ciudad, solo habría necesitado la palabra “construcción”, pero de lo que habla es de “reconstrucción”. ¿Cómo sería reconstruida Jerusalén? Como el centro de la nación judía, nunca sería restaurada hasta que no volviera a ser el centro de su gobierno. Solo porque a los judíos se les permitió regresar allí y construir sus hogares y sus templos no significa que fue “restaurada”. No sería restaurada hasta que pudiese nuevamente establecer su gobierno como Dios lo había decretado en el monte Sinaí bajo la ley mosaica. 

¿Qué “decreto” marca el comienzo?

El decreto de Ciro en el año 535 a.C.: El primer decreto.

En el año 537 a.C. el general persa Ciro conquistó Babilonia y nombro a su tío Darío el Medo como gobernador de Babilonia. Dos años después, en el año 535 a.C., Darío murió y Ciro se convirtió en rey. Esto fue exactamente setenta años después que comenzó el cautiverio en el año 605 a.C. y Ciro firmó el decreto que liberó a los judíos para que regresaran a Jerusalén a construir el templo. Este es el “decreto”:

“Esto es lo que ordena Ciro, rey de Persia: ‘El Señor, Dios del cielo, que me ha dado todos los reinos de la tierra, me ha encargado que le construya un templo en la ciudad de Jerusalén, que está en Judá. Por tanto, cualquiera que pertenezca a Judá, vaya a Jerusalén a construir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que habita en Jerusalén; y que Dios lo acompañe. También ordeno que los habitantes de cada lugar donde haya judíos sobrevivientes los ayuden dándoles plata y oro, bienes y ganado, y ofrendas voluntarias para el templo de Dios en Jerusalén’” (Esd. 1: 2-4).

Otro registro de este decreto se encuentra cuando Darío busca y encuentra el decreto de Ciro:

“En el primer año de su reinado, el rey Ciro promulgó el siguiente edicto respecto al templo de Dios en Jerusalén: ’Que se echen los cimientos y se reconstruya el templo, para que en él se ofrezcan holocaustos. Tendrá veintisiete metros tanto de alto como de ancho, tres hileras de piedras grandes, y una de madera. Todos los gastos serán sufragados por el tesoro real. Con respecto a los utensilios de oro y de plata que Nabucodonosor sacó del templo de Jerusalén y llevó a Babilonia, que los devuelvan a Jerusalén, y que se pongan en el templo de Dios, donde deben estar’” (Esd. 6: 3-5).

El decreto logró básicamente dos cosas:

1. Liberó a los judíos para que regresaran a Jerusalén, y
2. Les ordenó construir el templo.

El decreto de Ciro proveyó fondos para el proyecto y restauró los utensilios del templo que habían sido llevados a Babilonia. Sin embargo, no se hicieron provisiones para la restauración de la economía judía.

El decreto de Darío en el año 520 a.C. – El segundo decreto

En el años 520 a.C., Darío I (“el grande”) ahora rey, encontró el decreto de Ciro. Entonces él firmó otro decreto, afirmando que el decreto de Darío aún estaba vigente, añadiéndole algunas cosas. Sin embargo, este decreto solo se refería a la construcción del templo, los utensilios y los animales para los sacrificios. El decreto completo está en Esdras 6: 1-12. La primera parte de este reafirma que se trata del decreto original de Ciro. Lo siguiente le fue añadido por Darío.

“También he decidido que ustedes deben prestarles ayuda, sufragando los gastos de la reconstrucción del templo con los impuestos que la provincia al oeste del río Éufrates paga al tesoro real. No se tarden en pagar todos los gastos, para que no se interrumpan las obras. Además, todos los días, sin falta, deberán suministrarles becerros, carneros y corderos para ofrecerlos en holocausto al Dios del cielo, junto con trigo, sal, vino y aceite, y todo lo que necesiten, según las instrucciones de los sacerdotes que están en Jerusalén. Así podrán ellos ofrecer sacrificios gratos al Dios del cielo y rogar por la vida del rey y de sus hijos. He determinado así mismo que, a quien desobedezca esta orden, lo empalen en una viga sacada de su propia casa, y que le derrumben la casa. ¡Que el Dios que decidió habitar en Jerusalén derribe a cualquier rey o nación que intente modificar este decreto o destruir ese templo de Dios! Yo, Darío, promulgo este decreto. Publíquese y cúmplase al pie de la letra” (Esd. 6: 8-12).

El decreto de Artajerjes en el año 457 a.C.

Entonces, en el año 457 a.C., Artajerjes firmó un decreto mucho más amplio:

“Artajerjes, rey de reyes, a Esdras, sacerdote y maestro versado en la ley del Dios del cielo: Saludos. He dispuesto que todos los israelitas que quieran ir contigo a Jerusalén puedan hacerlo, incluyendo a los sacerdotes y levitas. El rey y sus siete consejeros te mandan a investigar la situación de Jerusalén y de Judá, conforme a la ley de tu Dios que se te ha confiado. Lleva el oro y la plata que el rey y sus consejeros han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel, que habita en Jerusalén. También lleva contigo toda la plata y el oro que obtengas de la provincia de Babilonia, junto con los donativos del pueblo y de los sacerdotes para el templo de su Dios en Jerusalén. Con ese dinero compra, sin falta, becerros, carneros y corderos, con sus respectivas ofrendas de cereales y de vino, para ofrecerlos en el altar del templo del Dios de ustedes en Jerusalén. Con el resto de la plata y del oro tú y tus compañeros podrán hacer lo que les parezca mejor, de acuerdo con la voluntad del Dios de ustedes. Pero deposita en el templo los utensilios sagrados que se te han entregado para rendir culto a tu Dios en Jerusalén. Cualquier otro gasto que sea necesario para el templo de tu Dios, se cubrirá del tesoro real. Ahora bien, yo, el rey Artajerjes, les ordeno a todos los tesoreros que están al oeste del río Éufrates, que entreguen de inmediato todo cuanto solicite Esdras, sacerdote y maestro versado en la ley del Dios del cielo. Pueden darle hasta tres mil trescientos kilos de plata, veintidós mil litros de trigo, dos mil doscientos litros de vino, dos mil doscientos litros de aceite y toda la sal que se requiera. Todo lo que ha ordenado el Dios del cielo para su templo, háganlo de inmediato, de modo que no se descargue su ira contra el dominio del rey y su familia. También les ordeno que exoneren de impuestos a los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y servidores del templo de Dios. Por cuanto tú, Esdras, posees la sabiduría de Dios, serás el encargado de nombrar funcionarios y jueces para que juzguen a los habitantes de la provincia al oeste del río Éufrates, es decir, a todos los que conocen la ley de Dios. Pero a quienes no la conozcan, enséñasela. Si alguien desobedece la ley de tu Dios y las órdenes del rey, haz que se le castigue de inmediato con la pena de muerte, el destierro, la confiscación de bienes o la cárcel” (Esd. 7: 12-26).

Hay unas cuantas cosas aquí que hacen de este decreto el que marca el inicio de las setenta semanas de la profecía:

1. le da a Esdras la prerrogativa de recolectar entre el pueblo todo el oro que quiera incluso de entre las pertenencias del rey, el cual será ofrendado como “donativos” (Esd. 7: 16).
2. Dice que Esdras puede usar lo que sobre para el propósito que a él le parezca necesario. Esto prácticamente le permitiría al pueblo reconstruir toda la ciudad (Esd. 7: 18).
3. hace una provisión para los sacerdotes, los levitas, etc., a fin de que el templo pueda estar operativo constantemente (Esd. 7: 24).
4. Instruye a todos los tesoreros en los alrededores de Judea a darle a Esdras lo que necesita, sin poner objeciones (Esd. 7: 21, 22).
5. Pone nuevamente en vigencia las políticas que los dos reyes anteriores habían instaurado en sus decretos.
6. Finalmente, ¡le permitió al gobierno semi-autónomo de Israel regirse bajo la ley de Dios! Y no contento con eso, también les pidió que nombraran “funcionarios y jueces para que juzguen A LOS HABITANTES DE LA PROVINCIA AL OESTE DEL RÍO ÉUFRATES, es decir, a todos los que conocen la ley de Dios. Pero A QUIENES NO LA CONOZCAN, ENSÉÑASELA” (Esd. 7: 25).

El único decreto que provee los medios para que Jerusalén sea “reconstruida” y su gobierno “restaurado” es este de Artajerjes. Solo este decreto les da la habilidad de gobernarse a sí mismos y a estar sujetos a la ley de Dios.

La Enciclopedia Británica (Ed. 1985) t.17, p. 947, sin mencionar a Artajerjes, menciona a Esdras viniendo a Jerusalén, lo que sucedió con el decreto de Artajerjes. Vemos así como una fuente secular nos habla del impacto del decreto que Esdras llevaba consigo de parte de Artajerjes.

Esdras continuó estas medidas y alentó la lectura de la ley, la observancia del sábado y la prohibición de los matrimonios mixtos. De esta manera, la separación de los judíos quedaba garantizada y la particularidad de su fe mantenida. De esta manera, tenemos el comienzo de las “setenta semanas de Daniel” en el año 457 a.C.

¿Y el “decreto” de Nehemías?

Algunos se preguntarán ¿y qué del “decreto” que Artajerjes le dio a Nehemías? Pues, la verdad es que en esa ocasión no hubo ningún decreto.

Nehemías era el copero de Artajerjes y este lo que pidió fue un “tiempo libre” para ir a trabajar en su tierra natal. El rey le dijo que sí, pero le preguntó cuándo regresaría. A Nehemías se le permitió ir porque estaba actuando de acuerdo del decreto del rey del 457 a.C.:

“—¿Qué quieres que haga? —replicó el rey. Encomendándome al Dios del cielo, le respondí: —Si a Su Majestad le parece bien, y si este siervo suyo es digno de su favor, le ruego que me envíe a Judá para reedificar la ciudad donde están los sepulcros de mis padres. —¿Cuánto durará tu viaje? ¿Cuándo regresarás? —me preguntó el rey, que tenía a la reina sentada a su lado. En cuanto le propuse un plazo, el rey aceptó enviarme. Entonces añadí: —Si a Su Majestad le parece bien, le ruego que envíe cartas a los gobernadores del oeste del río Éufrates para que me den vía libre y yo pueda llegar a Judá; y por favor ordene a su guardabosques Asaf que me dé madera para reparar las puertas de la ciudadela del templo, la muralla de la ciudad y la casa donde he de vivir. El rey accedió a mi petición, porque Dios estaba actuando a mi favor” (Neh. 2: 4-8).

Nehemías pidió la madera SOLO porque esta había sido prometida por los tres decretos reales. Aquí no vemos ningún decreto nuevo. Simplemente se estaban poniendo en práctica los decretos viejos. 

EL CUMPLIMIENTO DE LA PROFECÍA

Conociendo ahora la fecha del decreto, vemos la profecía para saber qué ocurriría en las “setenta semanas” o 490 años:

“Setenta semanas han sido decretadas para […] tu pueblo y tu santa ciudad”. Es decir, 490 años estaban “decretados” o dedicados al pueblo de Daniel, la nación judía y su “santa ciudad” Jerusalén, el centro del gobierno. Si las 490 “semanas” (años) comenzaron en el año 457 a.C., su final sería el año 34 d.C. 

“[Para que] pongan fin a sus transgresiones […]”. En estas “setenta semanas” la nación judía rechazó al Mesías al que todos los “tipos y sombras” señalaban. Su gran “trasgresión” había terminado.

“Y pecados […]” La palabra “chattath” traducida acá como “pecados”, se traduce 116 veces en otras partes de la Biblia como “ofrenda por el pecado”. Todas las ofrendas por el pecado debían cesar cuando el verdadero Cordero fuera sacrificado. Esto ocurrió en la primavera del año 31 d.C.

“Pidan perdón por su maldad […]”. Ahora todos los hombres podían reconciliarse con Dios mediante el sacrificio del Calvario, tan solo si aceptaban su oferta.

“Establezcan para siempre la justicia […]” Esto no significa que el pecado iba a ser erradicado durante las “setenta semanas” de la profecía, sino que mediante la justicia de Cristo y su muerte en la cruz, el fin del pecado estaba garantizado.

“El Dios que da vida a los muertos Y QUE LLAMA LAS COSAS QUE NO SON COMO SI YA EXISTIERAN” (Rom. 4: 17).

Esto significa que Dios da por sentadas las cosas que sabe que OCURRIRÁN, por lo tanto, habla como si ya hubiesen ocurrido. La acción o evento que garantiza que se establezca “para siempre la justicia” ya ocurrió:

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3: 16).

Quienes vivieron en los días de Cristo y Juan y escucharon estas palabras murieron y bajaron al sepulcro, sin embargo, serán resucitados cuando él regrese. Por eso se afirma “para que todo el que cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”. El mismo Cristo aclaró este asunto:

“Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y YO LO RESUCITARÉ EN EL DÍA FINAL” (Juan 6: 40).

La herencia de la vida eterna llega en el momento asignado:

“Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo […]. PARA LLEVARLO A CABO CUANDO SE CUMPLIERA EL TIEMPO: REUNIR EN ÉL TODAS LAS COSAS, tanto las del CIELO como las de la TIERRA […], y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo PROMETIDO. ÉSTE GARANTIZA NUESTRA HERENCIA HASTA QUE LLEGUE LA REDENCIÓN FINAL DEL PUEBLO ADQUIRIDO POR DIOS” (Efe. 1: 3, 10, 13, 14).

Si nuestro banco nos garantiza un préstamo, podemos decir, “el dinero está en el banco” o “es un negocio hecho”, lo que significa que es tan bueno como si el dinero estuviera realmente en la cuenta, pues nos lo han garantizado. La “garantía” de nuestra salvación es el “Espíritu Santo prometido” y Cristo “redimirá” esa “promesa” el día final.   

“[Para que] sellen la visión y la profecía […]”. La profecía fue “sellada” o “asegurada”. No se trata de una profecía “condicional”. Esta parte de la profecía es la prueba de que debía completarse a las “setenta semanas” y no en algún momento más adelante en el tiempo.

“Y [para que] consagren el Lugar Santísimo”. El término “Lugar Santísimo” utilizado acá (qodesh qadashim) SIEMPRE se aplica al Lugar Santísimo del santuario, o a algún objeto ubicado en este. ESTA ES LA PROFECÍA DE LA SANGRE DE CRISTO “DERRAMADA” SOBRE EL ARCA DEL PACTO, QUE ESTABA UBICADA EN EL LUGAR SANTÍSIMO. Su sangre cayó sobre el Propiciatorio. Su sangre cayó sobre el propiciatorio, “consagrando” el “Lugar Santísimo”,  trayendo así “perdón por su maldad” mediante los méritos de su vida sin pecado.

“Entiende bien lo siguiente: Habrá siete semanas desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén hasta la llegada del Príncipe elegido. Después de eso, habrá sesenta y dos semanas más […]” (Dan. 9: 25). Esto nos lleva a la subdivisión de tiempo referida al “Príncipe elegido” al final de 7 + 62 “semanas” o 483 años, es decir, al 27 d.C. Cristo nació en el 4 a.C., por lo tanto, en el 27 d.C. él tenía 30 años de edad. ¿Qué sucedió cuando él tenía 30 años? Comenzó su ministerio:

“Y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma de paloma. Entonces se oyó una voz del cielo que decía: ‘Tú eres mi Hijo amado; estoy muy complacido contigo’. Jesús tenía unos treinta años cuando comenzó su ministerio […]” (Luc. 3: 22-23).

Cuando Cristo comenzó a predicar, anunció que el tiempo mencionado en la profecía había llegado:

“Jesús se fue a Galilea a anunciar las buenas nuevas de Dios. ‘SE HA CUMPLIDO EL TIEMPO’ —decía—. ‘El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!’” (Mar. 1: 14-15).

“Será reconstruida Jerusalén, con sus calles y murallas […], cuando los tiempos apremien […]”. “Sus calles” y “murallas” de hecho fueron construidas en tiempos apremiantes. Trece años después del decreto de Artajerjes, Nehemías, su copero, recibió noticias muy preocupantes:

“Llegó Jananí, uno de mis hermanos, junto con algunos hombres de Judá. Entonces les pregunté por el resto de los judíos que se habían librado del destierro, y por Jerusalén. Ellos me respondieron: ‘Los que se libraron del destierro y se quedaron en la provincia están enfrentando una gran calamidad y humillación. La muralla de Jerusalén sigue derribada, con sus puertas consumidas por el fuego’” (Neh. 1: 2-3).

Al leer el libro de Nehemías, encontraremos todas las dificultades por las que tuvieron que atravesar para reconstruir la muralla.

“Después de las sesenta y dos semanas, se le quitará la vida al príncipe elegido […]” (Dan. 9: 26).

Después de la segunda subdivisión de tiempo, que representa el final de los 480 años, “se le quitará la vida al príncipe elegido” o Mesías. El tiempo del Mesías, cuando comenzó su ministerio, es aparte del otro “tiempo”. Comienza aquí.

En la primera parte de la profecía se dice que setenta semanas estaban “decretadas” sobre el pueblo de Daniel. De esta forma, la palabra hebrea de donde se obtiene este término, según Strong realmente significa “cortar”, es decir, “asignadas, apartadas o decretadas”. En el versículo de arriba, “decretadas” significa que el tiempo está asignado o apartado” y no implica de ninguna manera la muerte del Mesías.

La implicación es por lo tanto, “después de 483 años, comienza el tiempo de la obra del Mesías”. Pero el tiempo asignado no es para su propio beneficio. ¿Para quiénes estaban apartados los beneficios? Cristo les dijo a sus discípulos:

“No vayan entre los gentiles ni entren en ningún pueblo de los samaritanos. Vayan más bien A LAS OVEJAS DESCARRIADAS DEL PUEBLO DE ISRAEL. Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: ‘El reino de los cielos está cerca’” (Mat. 10: 5-7).

“Éste se quedará sin ciudad y sin santuario, porque un futuro gobernante los destruirá […]”. Aquí encontramos a “un futuro gobernante” que destruirá la ciudad y su templo. No se nos da ninguna indicación de cuándo ocurrirá esto. Se trata de un acontecimiento que no ocurre necesariamente durante las “setenta semanas” que terminaron en el 34 d.C. En el año 70 d.C. el ejército de Tito, un general romano, destruyó Jerusalén e incendió el templo. Como vemos, el resultado del rechazo al evangelio es también es presagiado en esta profecía.

“El fin vendrá como una inundación, y la destrucción no cesará hasta que termine la guerra […]”. Hablando aún de la destrucción de la ciudad y del templo, se dice que será “como una inundación”, repentinamente, y que todo quedará destruido. La ciudad de Jerusalén quedó desolada por completo. La ciudad estuvo rodeada durante cinco meses, y unos 110 mil judíos murieron y cerca de 97 mil fueron hechos prisioneros.

“Durante una semana ese gobernante hará un pacto con muchos […]”. El Mesías, “hará un pacto” con “muchos” durante una semana, o siete años. 

Desde el comienzo del ministerio de Cristo, hasta tres años y medio después de su muerte, el mensaje del evangelio se dedicó a los judíos. Es decir, durante siete años la obra del Mesías estuvo dedicada personalmente al pueblo de Daniel. Al final de este período, que también marca el final de las “setenta semanas” el evangelio fue llevado de los judíos a los gentiles.

La permanencia de esta situación se ve cuando Pablo explica que una vez los judíos eran una parte natural de la vid, pero que ahora los gentiles podían ser “injertados” por fe en la vid. No solo eso, sino que los judíos, de ahora en adelante, también serían injertados en la vid, aunque alguna vez formaron parte natural de ella.

“Ahora bien, es verdad que algunas de las ramas han sido desgajadas, y que tú, siendo de olivo silvestre, has sido injertado entre las otras ramas. Ahora participas de la savia nutritiva de la raíz del olivo […]. Tal vez dirás: ‘Desgajaron unas ramas para que yo fuera injertado. De acuerdo. Pero ellas fueron desgajadas por su falta de fe, y tú por la fe te mantienes firme. Así que no seas arrogante sino temeroso; Y si ellos dejan de ser incrédulos, serán injertados, porque Dios tiene poder para injertarlos de nuevo’” (Rom. 11: 17, 19, 20, 23).

PERO esto SOLO demuestra que la nación, como ente, fue condenada. La salvación nunca cesó de estar disponible para los individuos judíos.

“A media semana pondrá fin a los sacrificios y ofrendas […]”. En “medio de la semana” (tres años y medio después de su ministerio terrenal) en la primavera del años 31 d.C., Cristo murió en la cruz. El velo del templo se rasgó, significando que el sistema de sacrificios había llegado a su final. El verdadero Cordero de Dios había sido sacrificado.  

El verdadero Cordero ha sido sacrificado

“Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador […]” (Daniel 9: 27, VRV 1960). A causa de su rechazo al Mesías, la casa de Israel quedaría desolada. Más nunca serían los escogidos de Dios como nación.

“Pablo y Bernabé les contestaron valientemente: «Era necesario que les anunciáramos la palabra de Dios primero a ustedes. Como la rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, ahora vamos a dirigirnos a los gentiles […]. Así nos lo ha mandado el Señor: ‘Te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra’” (Hech. 13: 46, 47).

La tristeza de Cristo ante esto, a pesar de que no ocurriría sino hasta después de su muerte, se hace evidente en la siguiente declaración:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste! PUES BIEN, LA CASA DE USTEDES VA A QUEDAR ABANDONADA. Y les advierto que ya no volverán a verme hasta el día que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Luc. 13: 34, 35).

“Hasta que le sobrevenga el desastroso fin que le ha sido decretado”. Al igual que Israel/Efraín fue rechazado como pueblo de Dios, así sucederá con Israel al final de las “setenta semanas”. Como nación, habían recibido la mayor luz que se le ha podido dar a alguien en este planeta. Ellos habían sido los portadores de la verdad de Dios. Ellos eran quienes llevarían esa luz al mundo. Ellos caminaron con el Salvador y tuvieron la descripción completa de su ministerio. Sin embargo, “como nación” demandaron su muerte. La profecía termina con la promesa de que todas las cosas de las que se hablan en la profecía caerán sobre la nación que rechazó al Señor. 

En este punto creemos conveniente hacer una aclaratoria importante. Aunque Israel fue rechazado como la nación escogida, debemos tener presente que está refiriéndose a la “nación” como colectivo. Los líderes y dirigentes fueron los responsables de su caída. Nunca olvidemos que el evangelio fue llevado primeramente a los judíos. Los apóstoles y los discípulos eran judíos. Sin estos hombres fieles, que predicaron el evangelio claramente en frente de peligros que solo podemos imaginar, no tuviésemos conocimiento de Cristo. Cada libro del Nuevo Testamento fue escrito por un judío. Esto debe entenderse bien al discutir esta profecía acerca de la nación judía.

De esta forma concluye la profecía sobre el destino de la NACIÓN de Israel. En el años 34 d.C.. las “setenta semanas” de tiempo que le fueron asignadas, finalizaron. El evangelio les fue quitado. Fue 36 años después que la ciudad sufrió la destrucción prometida como resultado de su falla. PERO Dios aún mantuvo a su gente. Aunque la nación como colectivo falló, se hizo provisión para que TODOS los que invocaran su nombre llegaran a formar parte de su pueblo: 

“Ahora bien, no digamos que la Palabra de Dios ha fracasado. Lo que sucede es que no todos los que descienden de Israel son Israel. Tampoco por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos. Al contrario: ‘Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac’. En otras palabras, los hijos de Dios no son los descendientes naturales; más bien, se considera descendencia de Abraham a los hijos de la promesa” (Rom. 9: 6-8).

“Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa” (Gál. 3: 29).

Una nota sobre la primera subdivisión – Las primeras “siete semanas”

La primera subdivisión “siete semanas” terminaron 49 años después del comienzo de la profecía, hacia el año 408 a.C. ¿Sucedió algo en esta fecha? En Nehemías se dice:

“Los jefes de familia de los levitas y de los sacerdotes en tiempos de Eliasib, Joyadá, Johanán y Jadúa fueron inscritos DURANTE EL REINADO DE DARÍO EL PERSA” (Neh. 12: 22).

“Darío el persa” fue, según creemos, Darío II (el hijo de Artajerjes) cuyo reino finalizó cerca del 406 a.C. El registro bíblico del sacerdocio se cierra durante este reinado. Durante este tiempo, la “restauración” del gobierno y la construcción de Jerusalén ha sido completada. Por lo tanto, la primera subdivisión de las “setenta semanas” —los primeros 49 años— llegan a su fin.

Los profetas también cesaron en ese momento. Durante los primeros 49 años, Israel estuvo bajo las buenas gracias de los reyes persas y pudieron “construir y restaurar a Jerusalén”. Dios dispuso esto para asegurar que Israel pudiera completar su tarea. Pero con los últimos años de Darío II, el reino persa comenzó a perder fortaleza y poder. La Biblia guarda silencio en cuanto a la nación judía desde este punto hasta el momento anterior al nacimiento de Cristo.   

LA IMPORTANCIA DE ENTENDER LAS SETENTA SEMANAS DE DANIEL

Hay una razón muy importante para entender correctamente esta profecía, especialmente hoy. Hay muchas personas que han tomado la “última semana” o siete años de esta profecía y la han colocado en el futuro. Estas personas explican que aún tenemos o tres años y medio o siete años antes del regreso de Cristo, según como la interpreten. Nos hablan de acontecimientos que DEBEN cumplirse que requieren de tres años y medio o de siete años ANTES de que Cristo regrese. Esto hace que muchos crean que aún cuentan con suficiente tiempo antes de su regreso. Sin embargo, nosotros no encontramos nada en esta profecía que no se haya cumplido ya hace más de 1900 años atrás.

Hay un gran peligro en tratar de predecir exactamente cómo se cumplirán profecías que aún no se han cumplido por la sencilla razón de que SI ESTAMOS EQUIVOCADOS corremos el riego de no identificar ni reconocer los verdaderos acontecimientos cuando estos ocurran. Se corre un grave peligro a la hora de tratar de predecir acontecimientos que DEBEN ocurrir ANTES de que el Señor venga, porque si creemos que todavía faltan cosas por cumplirse o períodos de tiempo, el regreso del Señor podría tomarnos por sorpresa. La gente tiende a tomarse las cosas con calma cuando sabe que tiene bastante tiempo disponible. ¿Cuántos de nosotros seguiríamos haciendo las cosas que hacemos si supiéramos que Cristo regresa mañana? AHORA es el momento de la salvación. AHORA es el momento de vivir como si lo esperáramos en cualquier minuto. Después de todo, ¿cuántos no morirán mañana? Incluso hoy, muchos morirán. Recordemos la terrible tragedia de Oklahoma. Para esas personas no hay un mañana. Cuando Cristo regresa dirá:

“Deja que el malo siga haciendo el mal y que el vil siga envileciéndose; deja que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga santificándose. ¡Miren que vengo pronto! […]” (Apoc. 22: 11,12)

Todas las decisiones quedan selladas cuando morimos. No hay segundas oportunidades, ni habrá una segunda oportunidad para aquellos que estén vivos cuando él regrese.

Toda persona debe considerar cuidadosamente si ha dedicado su vida a él; o si por el contrario ha dejado que el tiempo pase, pensando que cuando las cosas comiencen a ponerse feas comenzará entonces a tomar en serio el asunto. Si hay algo que debe quedarnos grabado de este boletín, es esto. ¿Qué pasaría si muriéramos mañana? ¿Estamos listos si el Señor regresara hoy? El mismo Cristo contó una parábola sombría acerca de aquellos que NO están listos, pero lo que más llama la atención aquí es que se estaba dirigiendo a aquellos QUE PROFESABAN SER CREYENTES. No estaba hablando acerca de creyentes contra no creyentes en este pasaje. 

“Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen […].Pero ¿qué tal si ese siervo malo se pone a pensar: ‘Mi señor se está demorando’, y luego comienza a golpear a sus compañeros, y a comer y beber con los borrachos? El día en que el siervo menos lo espere y a la hora menos pensada el señor volverá. Lo castigará severamente y le impondrá la condena que reciben los hipócritas. Y habrá llanto y rechinar de dientes […].El reino de los cielos será entonces como diez jóvenes solteras que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes. Las insensatas llevaron sus lámparas, pero no se abastecieron de aceite. En cambio, las prudentes llevaron vasijas de aceite junto con sus lámparas. Y como el novio tardaba en llegar, a todas les dio sueño y se durmieron. A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ahí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!’  Entonces todas las jóvenes se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. Las insensatas dijeron a las prudentes: ‘Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando’. ‘No —respondieron éstas—, porque así no va a alcanzar ni para nosotras ni para ustedes. Es mejor que vayan a los que venden aceite, y compren para ustedes mismas’. Pero mientras iban a comprar el aceite llegó el novio, y las jóvenes que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas. Y se cerró la puerta. Después llegaron también las otras. ‘¡Señor! ¡Señor! —suplicaban—. ¡Ábrenos la puerta!’  ‘¡No, no las conozco!’, respondió él. Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora” (Mat. 24: 44, 48-51, 25: 1-13).

No ignoremos las Escrituras. Leámoslas, pues en ellas yace el poder de la vida eterna. Lo que Cristo quería transmitirnos era obvio: TODAS las vírgenes estaban invitadas a la boda. Todas ESPERABAN estar ahí. Estas representan a los CREYENTES, aquellos que profesan ser cristianos. Pero las “vírgenes insensatas” pensaron que tenían suficiente tiempo de conseguir el aceite adicional que necesitaban, al igual que los cristianos insensatos creen que cuentan con mucho tiempo para prepararse para su venida. Pero así como las “vírgenes insensatas” clamaron al Señor pidiendo que se les dejase entrar después que la puerta estaba cerrada, los cristianos insensatos escucharán terribles palabras cuando clamen a Dios:

“Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?’ Entonces les diré claramente: ‘Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!’” (Mat. 7: 22-23).

“’Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron nada de comer; tuve sed, y no me dieron nada de beber; fui forastero, y no me dieron alojamiento; necesité ropa, y no me vistieron; estuve enfermo y en la cárcel, y no me atendieron’. Ellos también le contestarán: ’Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?’’ Él les responderá: ‘Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí’. Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat. 25: 42-46).

El cristiano promedio que experiencia una buena vida relativa, con una familia a la que ama, no quiere enfrentar la realidad de que falta poco para que todo termine, o cambie, cuando Cristo regrese. Por lo tanto, los ministerios más populares hoy en día son aquellos que ubican muchas “profecías de tiempo” entre nuestro días presentes y el regreso de Cristo, dándonos a entender de que podemos seguir como estamos durante un período de años específico. ¿Refleja esto la incertidumbre general de los acontecimientos que ocurrirán durante la venida de nuestro Señor?

Un padre cristiano devoto se convenció de que la vida familiar se acabaría con el regreso de Cristo: este pensamiento le había sido presentado por su pastor en referencia a la afirmación de Cristo de que “las personas no se casarán” en el cielo (Mat 22: 30). Este individuo, naturalmente, era menos que entusiasta acerca de un acontecimiento que acabaría con su estrecha relación de familia, y por lo tanto, exponía su deseo de que cristo retrasara su venida para él poder disfrutar de su familia por más tiempo. Pero después de leer Isaías.

Aunque la vida familiar puede ser diferente en el cielo, en la tierra nueva sin duda estaremos involucrados con nuestros hijos, construiremos casas y plantaremos viñedos (Isa. 65: 21-23). Solo una interpretación errada de las escrituras puede hacer que lleguemos a rechazar el aceptar a nuestro Salvador. Aquellos que amamos, y nosotros, estaremos finalmente libres de los peligros y certezas de esta vida mortal. Se nos ha dicho que si ponemos familia, posiciones de honor o posesiones en un lugar más elevado que Cristo, no somos merecedores de él (Mat 10: 37, Mar 10: 17, 21, 22).

Aunque debemos estar preparados para cuando él venga (y esto no significa que vendamos todo, nos coloquemos las vestiduras blancas y esperemos en la cima de una montaña a que Cristo regrese), debemos estar vigilantes y listos, con nuestras lámparas provistas y encendidas. La Biblia está llena de lecciones sobre qué debemos hacer y qué no. He aquí una apropiada para el asunto que estamos discutiendo:

“Al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix tuvo miedo y le dijo: «¡Basta por ahora! Puedes retirarte. Cuando sea oportuno te mandaré llamar otra vez” (Hech. 24: 25).

No hay registro de Félix llamando a Pablo o a otra persona, y lo más seguro es que haya muerto solitario, después de haber dejado pasar la mejor oportunidad que el amor y la misericordia divinos pudieron darle. Por ningún motivo podemos posponer hacer las cosas correctas en relación a Dios, y eso incluye esperar algún acontecimiento profético popular para después tomar las cosas en serio. 

EL “ARCA” EN EL APOCALIPSIS

Hay una referencia al arca del pacto en las profecías mayores. Examinaremos en Apocalipsis este asunto leyendo el versículo anterior al que la menciona, a fin de establecer el tiempo al cual se está refiriendo:

“Las naciones se han enfurecido; pero ha llegado tu castigo, el momento de juzgar a los muertos, y de recompensar a tus siervos los profetas, a tus santos y a los que temen tu nombre, sean grandes o pequeños, y de destruir a los que destruyen la tierra” (Apoc. 11: 18).

Aquí se establece claramente que el tiempo al que se refiere es el tiempo anterior al regreso de Cristo. Leamos ahora el siguiente versículo:

“ENTONCES SE ABRIÓ EN EL CIELO EL TEMPLO DE DIOS; ALLÍ SE VIO EL ARCA DE SU PACTO, y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una fuerte granizada” (Apoc. 11: 19).

El Arca del Pacto que se nombra aquí no es el arca terrenal, sino la original, el modelo celestial. ¿Qué significa esto? Significa que justo antes de que regrese Cristo, se le llamará la atención figurativamente a su pueblo hacia el arca en el cielo.

¿Cuál es el significado de esta “Arca”? En vista de que todo lo que se le pidió a Moisés que hiciera en el tabernáculo debía hacerse de acuerdo al modelo de las mismas cosas en el cielo, podemos establecer de que este representa el templo de Dios:

“Tenemos tal Sumo Sacerdote, aquel que se sentó a la derecha DEL TRONO DE LA MAJESTAD EN EL CIELO, el que sirve EN EL SANTUARIO, es decir, EN EL VERDADERO TABERNÁCULO LEVANTADO POR EL SEÑOR y no por ningún ser humano […].que es COPIA Y SOMBRA DEL QUE ESTÁ EN EL CIELO, tal como se le advirtió a Moisés cuando estaba a punto de construir el tabernáculo: ‘ASEGÚRATE DE HACERLO TODO SEGÚN EL MODELO QUE SE TE HA MOSTRADO EN LA MONTAÑA’” (Heb. 8: 1).

¿Cuál es la importancia del verdadero trono de Dios en el cielo en este momento particular? Debajo de su trono se encuentran los grandes originales de la Ley eterna, los Diez Mandamientos, al igual que las tablas terrenales se encuentran debajo de su trono terrenal (el Propiciatorio) en el Arca del Pacto. Es en este momento de la historia terrenal que muchos que califican como el “pueblo de Dios” han decidido que ya no están sujetos a la ley. Es ahora cuando sus VERDADEROS seguidores llaman la atención del mundo hacia su Ley como el único patrón verdadero de justicia.

“Tu pueblo reconstruirá las ruinas antiguas y levantará los cimientos de antaño; serás llamado ‘reparador de muros derruidos’, ‘restaurador de calles transitables’ (Isa. 58: 12).
 
La única ocasión en que Dios le habla directamente al pueblo fue cuando dio los Diez Mandamientos en Éxodo 20.

“No violaré mi pacto NI ME RETRACTARÉ DE MIS PALABRAS” (Sal. 89: 34).

Cristo también dijo:

“Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido” (Mat. 5: 18).

La marca de la bestia y la ley de Dios

Esta es una de las cosas que más se nos preguntan: ¿qué pensamos nosotros que es la marca de la bestia? Existen muchas teorías en cuanto a este asunto, ¿así que cómo sabemos qué buscar? La buena nueva es que cuando esta llegue, el pueblo de Dios la RECONOCERÁ. Sin embargo, nosotros sí tenemos una opinión acerca de este asunto.

Primero debemos buscar el pasaje que habla de esta “marca” y obtener la mayor información posible de este:

“Después vi que de la tierra subía otra bestia. Tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como dragón. Ejercía toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hacía que la tierra y sus habitantes adoraran a la primera bestia, cuya herida mortal había sido sanada. También hacía grandes señales milagrosas, incluso la de hacer caer fuego del cielo a la tierra, a la vista de todos. Con estas señales que se le permitió hacer en presencia de la primera bestia, engañó a los habitantes de la tierra. Les ordenó que hicieran una imagen en honor de la bestia que, después de ser herida a espada, revivió. Se le permitió infundir vida a la imagen de la primera bestia, para que hablara y mandara matar a quienes no adoraran la imagen. Además logró que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiera una marca en la mano derecha o en la frente, de modo que nadie pudiera comprar ni vender, a menos que llevara la marca, que es el nombre de la bestia o el número de ese nombre. En esto consiste la sabiduría: el que tenga entendimiento, calcule el número de la bestia, pues es número de un ser humano: seiscientos sesenta y seis” (Apoc. 13: 11-18).

Por razones de espacio este estudio no puede ser más amplio, así que nos limitaremos a lo básico en este asunto. Encontramos que una “bestia” poderosa que primero se compara a un “cordero” dócil, se levanta. Sin embargo, su verdadera naturaleza se revela cuando le llega el momento de hablar como “dragón”, que como sabemos es la misma figura que se emplea para representar a Satanás. ¿Qué podemos entender de esta característica de hablar “como dragón”? Bien, Satanás es despiadado y trata de controlarnos. Cristo, por otra parte, nos da el libre albedrío. “hablar como dragón” es simplemente forzar a los hombres a actuar de manera que contradigan la ley de Dios. Esto queda más claro cuando leemos sobre la “marca de la bestia” que fuerza al hombre a aceptar leyes y dogmas. Si alguien se resiste a aceptar estas “leyes y dogmas” no podrá comprar ni vender, y finalmente enfrentará la pena de muerte (v 15).

Consideremos por un momento esto: Algunas de las teorías que circulan acerca de la marca de la bestia incluyen la idea de que recibiremos chips computarizados que nos serán implantados en la piel o un número que estará archivado en una computadora gigante, etc. Durante la II Guerra Mundial, muchas personas y niños recibieron números que les fueron tatuados en la piel en contra de su voluntad. ¿Era acaso esto imperdonable para Dios? El motivo de la pregunta es que como veremos en Apocalipsis, solo aquellos que NO recibieron la marca de la bestia, están en el cielo.

“Los seguía un tercer ángel que clamaba a grandes voces: ‘Si alguien adora a la bestia y a su imagen, y se deja poner en la frente o en la mano la marca de la bestia, beberá también el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido. Será atormentado con fuego y azufre, en presencia de los santos ángeles y del Cordero’” (Apoc. 14: 9, 10)

Si se aprueba una ley como esta, en la que todos tienen que recibir un chip computarizado o un número, ¿es motivo este para perderse? ÚNICAMENTE si al hacerlo aceptamos regirnos por leyes y dogmas que contradigan la ley de Dios.

La marca de la bestia – En la mano o en la frente

Se dice que la marca puede ser recibida en uno de dos lugares: en la mano o en la frente. ¿Notan algo familiar? Quizá, si recordamos que después que Dios le dio los Diez Mandamientos a su pueblo, les instruyó acerca de esas leyes:

“Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. ÁTALAS A TUS MANOS COMO UN SIGNO; LLÉVALAS EN TU FRENTE COMO UNA MARCA” (Deu. 6: 7, 8).

Este mandamiento vuelve a repetirse en Deuteronomio 11: 18.

En lenguaje simbólico, “atarlos en las manos” implica que el pueblo debía cumplir estas leyes con acciones. Las manos representan acciones. Debían también “llevarlas en la frente como una marca”. Esto último implica “creencia” y reverencia a las leyes de Dios. Ellos no solo debían cumplir estas leyes, sino también reconocer en sus corazones que esto era justo.

Se dice que la “marca de la bestia” se recibe “en sus manos” o “en sus frentes”. Esto significa que puede ser recibida como sigue: Quienes la reciban mediante una conformidad activa con los requerimientos de la “marca”, aunque no crean necesariamente en estos, la recibirían “en la mano”. Quienes la reciban conscientes de que la “marca” está en abierta violación a la Ley de Dios, pero la aceptan para evitar la persecución, también la recibirán “en la mano.” Quienes estén de acuerdo con ella con sus mentes y sus corazones, a sabiendas de que está en violación directa a las leyes de Dios, la reciben “en sus frentes”. De cualquier manera, todos pierden su vida eterna.

“Si alguien adora a la bestia y a su imagen, y se deja poner en la frente o en la mano la marca de la bestia, beberá también el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido” (Apoc. 14: 9, 10).

La “identidad” de la marca de la bestia

Nosotros creemos que la “marca de la bestia” es una ley obligatoria que estará en violación directa con una de las leyes de Dios. Si esto nos suena halado por los cabellos, leamos un poco acerca de esta “bestia” de cuya “imagen” se produce la “marca de la bestia”. El primer lugar en donde se habla de esta bestia es en Daniel:

“Hablará palabras contra el Altísimo, a los santos del Altísimo quebrantará Y PENSARÁ EN CAMBIAR LOS TIEMPOS Y LA LEY; y serán entregados en sus manos[b]hasta tiempo, tiempos y medio tiempo” (Dan. 7: 25).

Esta bestia impresionante se toma la prerrogativa de cambiar “los tiempos y la Ley”. Pero, ¿no han hecho esto muchos gobiernos a través de la historia? Así es. De hecho, Cristo mismo dijo que debíamos obedecer a la autoridad civil:

“Danos tu opinión: ¿Está permitido pagar impuestos al césar o no? Conociendo sus malas intenciones, Jesús replicó: —¡Hipócritas! ¿Por qué me tienden trampas? Muéstrenme la moneda para el impuesto. Y se la enseñaron. —¿De quién son esta imagen y esta inscripción? —les preguntó. —Del césar —respondieron. —Entonces denle al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios –Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mat. 22: 17-21)

Se espera que nosotros obedezcamos las leyes civiles, A MENOS que estas contradigan la Ley de Dios. Por lo tanto, esta “bestia” que se cree a sí misma suficientemente poderosa como para cambiar “los tiempos y la Ley” debe ser “alguien” que cree que puede cambiar la ley de Dios.

¿Ha sucedido esto? Ciertamente sí. No vamos a decir “quién” fue porque no falta mucho tiempo para que esto quede claro ante el mundo entero. Diremos que esta “bestia” ascendió como un pode religioso con control sobre los asuntos civiles en el 538 d.C. Esta misma bestia recibió una “herida de muerte” en 1798.

“La bestia parecía un leopardo, pero tenía patas como de oso y fauces como de león. El dragón le confirió a la bestia su poder, su trono y gran autoridad.3 Una de las cabezas de la bestia parecía haber sufrido una herida mortal, pero esa herida ya había sido sanada. El mundo entero, fascinado, iba tras la bestia4 y adoraba al dragón porque había dado su autoridad a la bestia. También adoraban a la bestia y decían: «¿Quién como la bestia? ¿Quién puede combatirla?” (Apoc. 13: 2-4).

Esta misma bestia persiguió a los santos de Dios, tratando de imponer obligatoriamente su dogma en ellos. Pablo nos dice que el final no llegaría sin que esta bestia se revelara:

“No se dejen engañar de ninguna manera, porque primero tiene que llegar la rebelión contra Dios y manifestarse el hombre de maldad, el destructor por naturaleza. Éste se opone y se levanta contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de adoración, hasta el punto de adueñarse del templo de Dios y pretender ser Dios” (2 Tes. 2: 3, 4).

A este “poder” se define llama simbólicamente como “hombre”. Un “hombre” que tiene el valor de decir que él es Dios (y por lo tanto, tiene el poder de perdonar pecados). Dice también que su casa es el “templo de Dios” (en los días de Juan a las iglesias se les decía “templos”, cuando se hablaba de iglesia se refería a la congregación, por lo tanto, el término “templo” no se refiere de ninguna manera a ningún templo judío). Todo líder religioso dice que su “casa” es la “casa de Dios”. ¿Ha aparecido algún “hombre” así hasta el momento en la tierra? 

Ciertamente. Este hombre/bestia ha estado en ejercicio por más de mil cuatrocientos años. Este hombre/bestia se ha otorgado la autoridad de cambiar “los tiempos y la ley” de Dios, a manera de “decreto oficial”. De hecho, millones de personas se rigen hoy bajo sus tiempos y su ley.

Pero cuando llegue el momento, esa autoridad civil hará “la imagen de la bestia” o aprobará una ley que esté en concordancia con “su” versión de “los tiempos y la Ley” de Dios. Entonces, quienes acepten esta versión corrompida, tanto por sus acciones solamente, o por sus acciones y sus creencias, recibirán la marca de la bestia. Es en ese momento en que pensamos que las tablas de piedra escritas por Dios saldrán a la luz para que el mundo pueda verlas. La humanidad se dará cuenta de que Dios NO ha cambiado sus leyes. ¿Para qué él qué habría permitido a Cristo atravesar esa agonía si cambiar su ley era una opción?

Durante cientos de años, esta falsa versión de la Ley de Dios ha sido impuesta sobre los hombres. Muchos han perdido sus vidas por ella, escapando de la persecución. Muchos escaparon hacia la tierra que Apocalipsis describe como un cordero con dos cuernos. No obstante, este “poder” que en el pasado protegió la libertad religiosa de los hombres, se dice que habla “como dragón” y forma la “imagen de la bestia” que hace estos cambios en la ley de Dios. Finalmente, es esta bestia con apariencia de cordero la que le da poder a la imagen. La “marca de la bestia” es pronto pronunciada a nivel global y quienes no la acepten no podrán “comprar ni vender”.

Esto ya ha ocurrido a nivel local en algunas partes del mundo. Esto ya ha ocurrido localmente en el pasado en algunas partes del mundo, y quienes no se acoplaran a la bestia, eran perseguidos. Quienes los entregaban a las autoridades, podían quedarse con sus casas y sus propiedades. De hecho, esta fue una de las tácticas que se usaban para localizar a los “ofensores”. Si los ofensores no se retractaban de sus creencias y se conformaban a las de la bestia, eran condenados a muerte. Sí, esto ya ha ocurrido en el pasado, y está registrado en los libros de historia.

¿Sucederá de nuevo? Apocalipsis dice que aquellos que se nieguen a recibir “la marca de la bestia” no se les permitirá comprar o vender. Sí, esto sucederá. ¿Sufrirán ellos también la muerte? Quizá haya unos cuantos mártires, pero Apocalipsis habla de aquellos redimidos que están VIVOS en la tierra para cuando el Señor regrese, así que SIN DUDA muchos escaparán de la muerte.

El pueblo de Dios también recibe una marca

Ezequiel escribió de este mismo acontecimiento, aunque solo menciona a los que reciben la marca de Dios:

“Y le dijo: ‘Recorre la ciudad de Jerusalén, Y COLOCA UNA SEÑAL EN LA FRENTE DE QUIENES GIMAN Y HAGAN LAMENTACIÓN POR TODOS LOS ACTOS DETESTABLES QUE SE COMETEN EN LA CIUDAD’. Pero oí que a los otros les dijo: ‘Síganlo. Recorran la ciudad y maten sin piedad ni compasión. MATEN A VIEJOS Y A JÓVENES, a muchachas, niños y mujeres; comiencen en el templo, y no dejen a nadie con vida. PERO NO TOQUEN A LOS QUE TENGAN LA SEÑAL’. Y aquellos hombres comenzaron por matar a los viejos que estaban frente al templo” (Eze. 9: 4-6)

Esta visión se dio en simbolismos. Se trata de algo que aún no ha ocurrido, y solo se puede estar refiriendo al tiempo en que Cristo regrese por sus santos. Los impíos reciben la “marca de la bestia”, mientras que los justos, rechazando esta marca, reciben “la marca de Dios” o sello. Y cuando la destrucción comienza, no reciben ningún daño.

La “marca de Dios”, para nosotros, es el mismo sello de los 144 mil. 

“Después de esto vi a cuatro ángeles en los cuatro ángulos de la tierra. Estaban allí de pie, deteniendo los cuatro vientos para que éstos no se desataran sobre la tierra, el mar y los árboles. Vi también a otro ángel que venía del oriente con el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles a quienes se les había permitido hacer daño a la tierra y al mar: ‘¡No hagan daño ni a la tierra, ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente de los siervos de nuestro Dios!’” (Apoc. 7: 1-3).

El “sellamiento” del pueblo de Dios ocurre cuando se le pide a los ángeles que retenga la destrucción final hasta que el pueblo de Dios esté sellado “en sus frentes”. Nadie recibe la marca de Dios “en sus manos”.

Por lo tanto, este pueblo de Dios NO sufre martirio alguno pues están vivos cuando son redimidos:

“Luego miré, y apareció el Cordero. Estaba de pie sobre el monte Sión, en compañía de ciento cuarenta y cuatro mil personas que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre. Oí un sonido que venía del cielo, como el estruendo de una catarata y el retumbar de un gran trueno. El sonido se parecía al de músicos que tañen sus arpas. Y cantaban un himno nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender aquel himno, aparte de los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra. Éstos se mantuvieron puros, sin contaminarse con ritos sexuales. Son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Fueron rescatados como los primeros frutos de la humanidad para Dios y el Cordero. No se encontró mentira alguna en su boca, pues son intachables” (Apoc. 14: 1-5).

¿Son judíos literales los 144 mil?

El libro de Apocalipsis está escrito en lenguaje profético; algunas cosas están escritas literalmente mientras que otras están representadas con simbolismos. Dios sabía lo que estaba haciendo al revelar al ser humano estas cosas de esa manera. Se nos ha dicho que las Escrituras SOLO son entendidas con la ayuda del Espíritu Santo:

“El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente” (1 Cor. 2: 14).

Los hombres deben estar bien firmes en las Escrituras, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, pues ambos integran UN SOLO LIBRO. Los tipos y sombras del Antiguo Testamento narran la historia del Redentor y de cómo quitaría el pecado del mundo. El Nuevo Testamento es la revelación de Cristo. Aquellas cosas que estaban escondidas en tipos y sombras quedan reveladas claramente.

Entonces, ¿quiénes son los 144 mil que se dice que son de las doce tribus? Primero, debemos ver los nombres que se dan en Apocalipsis: Judá, Rubén, Gad, Aser, Neftalí, Manasés, Simeón, Leví, Isacar, Zabulón, José y Benjamín (ver Apoc. 7: 5-8).

¿Se dieron cuenta que Dan no está ni tampoco Efraín? ¿Se dieron cuenta de que José está incluido, así como Manasés, quien era uno de sus hijos? ¿No sería lógico que la inclusión de José cubriera a todos los descendientes de sus hijos? ¿Por qué fue incluido Manasés, pero Efraín no? 

Esta lista no se basa en la lista original de las tribus. Si hemos de aceptar la premisa de que los 144 mil son judíos literales descendientes de las tribus nombradas, entonces NINGUNO de los descendientes de las tribus de Dan o Efraín deberían de estar incluidos. Esto es algo que debemos decidir personalmente. Es un punto que no consideramos realmente importante, por lo tanto, no presentaremos nuestro punto de vista. Lo que sí es importante acá y que concierne a nuestra salvación, ya ha quedado claro.

El último mensaje de Dios a la iglesia

En los mensajes “a las siete iglesias” de Apocalipsis, que representan las siete condiciones de la iglesia desde sus comienzos con los apóstoles hasta el momento en que Cristo regresa, el último mensaje es dado al pueblo de Dios. Este mensaje es muy serio:

“Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, ESTOY POR VOMITARTE DE MI BOCA. Dices: ‘Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada’ ; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista. Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. Al que salga vencedor le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como también yo vencí y me senté con mi Padre en su trono” (Apoc. 3: 15-21)

Este mensaje NO se les da a los no creyentes, ¡sino a LA IGLESIA! Está dirigido a aquellos que afirman ser el pueblo de Dios. ¿Dice acaso él, “te veré pronto, cuando llegue”? Al contrario, nos dice que somos ,“infelices, miserables, pobres, ciegos y desnudos”. ¿Realmente somos así? ¿Está hablando de nosotros? Yo creo que lo mejor que podemos hacer es tomar en serio este pasaje, porque si lo que dice de nosotros es así, estamos en grave peligro. El pueblo de Dios debe mostrar la misma fe que se les dio a Cristo y los apóstoles. ¿Ha cambiado esa fe?

En los primeros días de la iglesia cristiana, después del tiempo de los apóstoles, las prácticas paganas fueron introducidas en la iglesia en un esfuerzo por hacer más popular el cristianismo entre un buen número de paganos. A través del tiempo estas prácticas continuaron, arraigándose profundamente en las mentes de los fieles. Por ejemplo, la palabra “easter” que se utiliza en el idioma inglés para identificar la Pascua o Semana Santa, nunca se menciona en el texto original griego de la Biblia. Esta palabra proviene del nombre de la diosa Ishtar o Astarté (llamada Astarot en la Biblia). En el libro “The Two Babylons” [las dos babilonias] por Alexander Hislop, podemos leer acerca de las prácticas corruptas que se introdujeron en la iglesia con el paso de los años.

¿Pero son realmente importantes estas cosas? ¿realmente le importa a Dios cómo lo adoramos? Recordemos la descripción de quienes reciben la marca de Dios en Ezequiel:

“Y le dijo: ‘Recorre la ciudad de Jerusalén, y coloca una señal en la frente DE QUIENES GIMAN Y HAGAN LAMENTACIÓN POR TODOS LOS ACTOS DETESTABLES QUE SE COMETEN en la ciudad’ (Eze. 9: 4).

Cuando comenzamos este boletín, le pedimos a Richard Reeves que escribiera un artículo. Para nuestra sorpresa, acababa de terminar uno acerca del mismo asunto. A continuación, publicamos un resumen de su largo y profundo artículo, que a nuestro entender, se ajusta perfectamente para terminar este tema.

Otro Jesús
Por Richard Rives

En 2 Corintios, el apóstol Pablo expresa su preocupación de que algunos maestros prediquen “un Jesús diferente”

“Pero me temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, los pensamientos de ustedes sean desviados de un compromiso puro y sincero con Cristo. Si alguien llega a ustedes predicando a un Jesús diferente del que les hemos predicado nosotros, o si reciben un espíritu o un evangelio diferentes de los que ya recibieron, a ése lo aguantan con facilidad” (2 Cor. 11: 3-4).

Se nos ha instruido que cuando seamos abordados por un falso maestro, “lo aguantemos con facilidad”. En el manuscrito griego la palabra que se usa para “aguantar” es “anechomi”, que significa “resguardarse de algo”. Debemos permanecer firmes contra estas falsas enseñanzas.

¿Qué puede considerarse “un Jesús diferente”?

La palabra griega usada en este versículo es “allos”, que significa otra cosa. Así que, ¿qué es un Jesús diferente? No el Jesús de la Biblia, no es el unigénito de Dios el Padre, sino “otro Jesús”, un impostor.

No olvidemos que el paganismo que se remonta a los días de la “torre de Babel”, incluía la veneración del hijo del dios pagano. Muchas veces el hijo fue considerado un salvador, un mediador entre dios y el hombre. Fue un miembro de la trinidad pagana, el padre, el hijo y la madre. A lo largo de la historia, dioses y diosas paganas, con diferentes nombres, han sido nombrados dioses del sol. Hayan sido Nimrod, Semiramis, y el hijo Tammuz de los misterios caldeos, u Osiris, Isis, y el hijo Horus de Egipto, todos representan lo mismo. Todos se oponen al Creador bíblico y a su Hijo unigénito, el Jesús de la Biblia.

¿Cómo puede uno diferenciar entre el Jesús de la Biblia y “un Jesús diferente”? Cuando son comparados los atributos puramente bíblicos del verdadero con los atributos extra-bíblicos del otro Jesús, revelan al impostor. No existe otra manera de discernir este asunto. Actualmente hay filósofos eruditos “extraviados en sus inútiles razonamientos” (Rom. 1: 21) que enseñan doctrinas que se oponen a los caminos de Dios, es decir, enseñan “un Jesús diferente”.

Muchas prácticas paganas que no tienen ninguna base bíblica están siendo enseñadas como la adoración del Dios verdadero y de Cristo. Estas prácticas no solo han sido aceptadas, sino que se han hecho comunes en muchas iglesias organizadas. Quienes rechazan participar en ellas son considerados personas extrañas y de mente cerrada. Estas prácticas, introducidas gradualmente por falsos maestros, han sido aceptadas por tradición y no tienen ningún tipo de base en las Escrituras. No hay ninguna excusa para que estemos ignorantes en este asunto. Hemos sido advertidos claramente.

“Y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas […]” (2 Pedro 2:1).

Debemos escudriñar las Escrituras en busca de la verdad. La verdad que el Señor han prescrito para su pueblo no ha cambiado, ni cambiará jamás. La verdad de que lo único que ha cambiado es que como creyentes ya no estamos bajo la penalidad de la ley por desobediencia si acudimos al Padre en el nombre del Hijo y de su sangre.

Las actividades que eran inaceptables para Dios hace seis mil años, e inaceptables para su Hijo hace dos mil años, siguen siendo inaceptables en el presente. Cristo dijo:

“En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas” (Mateo 15: 9).

Las profecías bíblicas se han cumplido. Ha llegado el momento en que la sana doctrina ya no es escuchada. La gente recibe maestros que les dicen lo que quieren escuchar. Las cosas malas son justificadas, haciendo caso omiso a la advertencia:

“¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Isaías 5: 20).

La verdad es sustituida por fabulas y tradiciones de hombre. Se nos ha dicho:

“Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos” (2 Tim. 4: 4).

¡EN VANO!
Cristo dijo

“En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas” (Mateo 15: 9).

La palabra griega traducida aquí como “en vano” es maten que significa “sin ningún fin, sin fruto, un intento inútil”.

Las actividades paganas “cristianizadas”, invenciones tradicionales de hombres, no son en honor del Jesús bíblico. Él no las acepta como adoración. ¿Son estas prácticas en honor a “un Jesús diferente”? ¿Qué “Jesús” prefiere los mandamientos de hombres injustos sobre aquellos del Padre? ¡No el Jesús de la Biblia! Él dijo:

“No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos” (Mateo 5: 17-19).

Los cielos y la tierra aún existen. Jesús no ha cambiado, no importa lo que las tradiciones humanas enseñen. Aunque los creyentes ya no están bajo la pena de muerte que resulta de la trasgresión de la ley, existen penalidades por rechazarla y bendiciones por adherirse a ella.

“Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo” (Col 2: 8).

A fin de adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4: 24), las tradiciones de los hombres y de los denominados paganos “cristianizados” que no tienen autoridad bíblica deben ser rechazadas. Los creyentes deben recordar lo que la Biblia enseña sobre el mezclar prácticas paganas con la verdadera adoración a Dios.

“Tal instigación no puede venir de Dios, que es quien los ha llamado. Un poco de levadura fermenta toda la masa” (Gál. 5: 9)

Los creyentes deben anunciar la Palabra (Fil. 1: 14):

“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia” (2 Tim. 3: 16).

EL COMPROMISO ES NO AMAR

La intolerancia hacia el compromiso se considera actualmente una falta de amor hacia otra persona. Lo cierto es que es completamente al revés. Si a uno realmente le importa alguien, le debe decir la verdad, así esta haga a la persona popular o no.

“Más vale ser reprendido con franqueza que ser amado en secreto. Más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa” (Prov. 27: 6).

Cuando recibimos reproches no solemos aceptarlos como una conversación agradable. Surge la pregunta: ¿Deberíamos hablar francamente, incluso si esto le ocasiona un mal momento a la persona; o deberíamos callarnos las verdades porque estas son impopulares? La Biblia nos da la respuesta:

“El que corrige al burlón se gana que lo insulten; el que reprende al malvado se gana su desprecio. No reprendas al insolente, no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio, y te amará. Instruye al sabio, y se hará más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber. ‘El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es tener discernimiento’” (Prov. 9: 10).

Es difícil proclamar el error de forma placentera para aquellos que, mediante las tradiciones de hombres, participan en actividades que nunca han sido prescritas ni autorizadas por el Padre, su Hijo el Mesías, o los creyentes que caminaron con Cristo. La mayoría de las personas no está al tanto del engaño que están creyendo. Sin embargo, muchos maestros que han estudiado la Biblia y la historia secular, están conscientes del origen de las prácticas paganas “cristianizadas”, y aun así las proclaman aceptadas por el Jesús bíblico. El apóstol Pablo dice que:  

“A ésos hay que taparles la boca, ya que están arruinando familias enteras al enseñar lo que no se debe; y lo hacen para obtener ganancias mal habidas” (Tito 1: 11).

A quienes encubren la verdad a fin de guardar tradiciones de hombres debería decírseles, y no precisamente de manera placentera, que las tradiciones paganas nunca fueron autorizadas por el Jesús de la Biblia, y que están predicando “un Jesús diferente”. Algunos maestros que no saben, pero que honestamente aman la verdad, no recibirán reproches como un ataque personal, sino que recibirán “el mensaje con toda avidez” (Hech. 17: 11) y examinarán las Escrituras para ver si es verdad lo que se les anuncia.

¿Amamos realmente la verdad?
Aquellos que no estarán satisfechos de permanecer como los que “intencionalmente olvidan” (2 Pedro 3: 5) estudiarán a fin de encontrar la verdad y responder a esta. La verdad debe ser proclamada:

“Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Efe. 4: 15).

El Jesús bíblico

Esta clase de actividad siempre se ha dado a través de la historia. En los días de Salomón, tuvo que proclamar sabiamente:

“Tan solo he hallado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al género humano, pero éste se ha buscado demasiadas complicaciones” (Ecl. 7: 29).

Actividades que Dios proclamó como abominaciones se realizan ahora en el nombre de Jesús, ¿Quién autorizó estas cosas?

No fue el Jesús bíblico, ni sus discípulos, o los creyentes del primer siglo. El Jesús de la Biblia afirmó:

“Si no hago las obras de mi Padre, no me crean” (Juan 10: 37).

Solo “un Jesús diferente” podría apoyar tales actividades.

La mezcla de prácticas paganas con la adoración verdadera a Dios nunca fue aceptada. Un buen ejemplo es cuando Aarón construyó el becerro de oro durante el éxodo:

“Construyó un altar enfrente del becerro y anunció: ‘Mañana haremos fiesta en honor del Señor’ […].’Ya me he dado cuenta de que éste es un pueblo terco’, añadió el Señor, dirigiéndose a Moisés. ‘Tú no te metas. Yo voy a descargar mi ira sobre ellos, y los voy a destruir’” (Éxo. 32: 9-10).

La proclamación de esta tradición pagana en honor al SEÑOR, simplemente no era aceptable. Cristo dijo:

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14: 9).

La proclamación de tradiciones paganas en honor a Cristo, quien es uno con el Padre, simplemente no las hace aceptables. Las prácticas paganas, sea cuál sea su nombre, son prácticas paganas. La Biblia es clara en este asunto:

“Yo, el Señor, no cambio” (Mal. 3: 6).

¿Deberían los creyentes participar en actividades que están en contra de las instrucciones de la Biblia? ¡Absolutamente no! La respuesta es inevitable. De esta forma, muchos tratan de justificarse y de dar excusas. Una excusa común: Aunque esta actividad ciertamente tiene un origen pagano, ha sido “cristianizada” y eso es lo que importa.

Si queremos adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4: 24), lo que signifique para nosotros no hace la diferencia. Lo que signifique para nuestro Padre celestial es lo que debería preocuparnos. Él no cambia, y él no acepta tradiciones paganas, provengan de donde provengan. No olvidemos que él afirma que tales actividades son inútiles.

Según las instrucciones bíblicas, debemos aferrarnos a las palabras fieles de la sana doctrina. Un poco de investigación en los libros de historia o en cualquier buena enciclopedia revelará el origen pagano de muchas prácticas no bíblicas. Este tipo de material de consulta está disponible en cualquier biblioteca pública. No hay secretos: la mayoría de los teólogos están conscientes de los orígenes paganos de algunas actividades que ahora se proclaman como cristianas. La pregunta es, ¿por qué estás son tan aceptadas? Un estudio de la Biblia revelará que no hay base bíblica para muchas de estas actividades cristianas modernas.

Nuestro Creador ha dado instrucciones claras sobre lo que a él le agrada y sobre el tipo de adoración que él acepta. Cualquier actividad opuesta a sus instrucciones es pecado. Es nuestra responsabilidad apegarnos a esas instrucciones. El rey Salomón, un hombre de gran sabiduría, dijo:

“Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre” (Ecl.12: 13).

Aunque la salvación es “por gracia […], mediante la fe […]; no por obras, para que nadie se jacte” (Efe. 2: 9).

“El pecado es la trasgresión de la ley” (1 Juan 3: 4).

“¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él” (Rom. 6: 1, 2).

Las prácticas opuestas a los caminos aceptables del Cristo Bíblico solo pueden ser en honor a “un Jesús diferente”